Juegos Invierno | Esquí de fondo

Klaebo remata un pleno y se emparenta con Otto y Scherbo

El noruego se convierte en el tercer deportista que gana seis medallas de oro en una sola edición con su triunfo en los 50 km.

Kai Pfaffenbach
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Johannes Klaebo, el extraterrestre, se puso este sábado a la altura de Kristin Otto y Vitaly Scherbo, hasta ahora los dos únicos deportistas de la historia que tenían seis medallas en unos mismos Juegos Olímpicos y todas ellas de oro. La nadadora alemana ganó las suyas en Seúl 1988 y el gimnasta, en la única edición que ha acogido España, la de Barcelona 1992. Por encima, prácticamente inalcanzables en parte porque su deporte ofrece más variedad que el del noruego, Mark Spitz y Michael Phelps, el primero con siete oros en Múnich 1972 y el segundo, con ocho en Pekín 2008.

La gesta de Klaebo (2:07:07) es tan valiosa en sí misma como de cara al ‘tiburón de Baltimore’, pues pone de nuevo en valor una carrera difícilmente igualable en términos de productividad. Además de esa marca tiene la tercera mejor, sus ocho metales, seis dorados, en Atenas 2004, y la octava, los seis que se colgó con cinco primeros puestos en Río 2016. En términos cuantitativos Klaebo, que ha ampliado en Milán-Cortina su cosecha olímpica total a 13 capturas, dos menos que su compatriota Marit Bjoergen, con 11 oros (récord invernal), ya figura en un selecto grupo de 14 atletas con 13 preseas o más, que incluye a Takashi Ono, Ireen Wüst, Edoardo Mangiarotti, Boris Shakhlin, Arianna Fontana, Emma McKeon, Ole Einar Bjorndalen, Isabell Werth, Katie Ledecky, Nikolai Andrianov, la citada Bjoergen, Larissa Latynina y, como no, de nuevo Phelps, rey de reyes con 28 medallas, 23 de oro.

Lo de este sábado fue casi una carrera de relevos. Los noruegos se hicieron pronto con la cabeza y abrieron una distancia sideral. Por mucho que abrieran el plano las cámaras, no aparecía nadie a su zaga. Es un espectáculo sorprendentemente hipnótico, porque realmente carece de dos ingredientes básicos de una competición deportiva, que son la incertidumbre y la emoción. Nyenget pasó en cabeza el punto cronometrado a mitad de recorrido en 1:00.49, una marca poderosa. En realidad él y Emil Iversen hacían de liebres para Klaebo.

Por detrás los franceses se rendían a la evidencia. Desloges, que llegaba a la prueba con tres platas en estos Juegos, condenado a presenciar desde la retaguardia las gestas de Klaebo, llegaba al ecuador muy distanciado de las posiciones de podio. Su paisano Lovera y el ruso Korostelev, que compite como neutral por el veto del COI, remaban y remaban en la nieve con más fe que posibilidades reales. Que se confirmara el triplete noruego era solo cuestión de tiempo. Klaebo, que no cogió la cabeza del trío, se quedó en los últimos kilómetros solo con su compatriota Martin Nyenget, porque Emil Iversen se había descolgado. Y en la ‘cuesta Klaebo’, el repecho a un kilómetro de meta donde ha gestado sus triunfos el androide noruego, atacó para hacer historia. Del esprint al fondo, Klaebo es inalcanzable.

La metamorfosis del esprinter al esquiador total

El oro en estos 50 km dibuja la consumación de una metamorfosis, que ha llevado a Klaebo de ser un esprinter en los primeros compases de una carrera que arrancó a mediados de la pasada década (su primer triunfo en Copa del Mundo llegó en 2017) a un esquiador total. Su dominio, como el de otros tantos fenómenos, se explica desde el inconformismo. El suyo y el de su abuelo y entrenador, Kare. “A los 83 años es la persona más innovadora que conozco”, reconoce Johannes. “Se pasa el día leyendo libros y repasando material científico para ver cómo podemos mejorar. Siempre tiene algo que decir y eso me da mucha confianza en nuestras posibilidades”.

Eso, y una vida monacal. Al punto de que los hijos de la hermana de su novia, sus sobrinos políticos, llegaron a preguntar si seguía siendo su tío tras pasar un año sin verle. Antes de los Mundiales de 2025 en su Trondheim natal, en los que ganó seis oros, se aisló en su casa, donde solo toleraba visitas de su abuelo, su padre Haakon y algún familiar más. No salía ni para cenar por miedo a enfermar. En estos Juegos, en cambio, ha sido inseparable de su paisano Iversen, quien entró tercero en meta.

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