Rahm suma su cuarta victoria en el LIV
El vizcaíno logra su segundo triunfo del año mientras la superliga saudí se resquebraja. Puig y Ballester completan un podio 100% español.
Mientras un iceberg informativo reventaba el casco del LIV, Jon Rahm tocó música. El vizcaíno consumó este domingo su 24º triunfo profesional, segundo del año, el cuarto de su carrera en la superliga saudí, que podría quedar despojada de ese apellido geográfico en unos meses si se cumple lo que vienen apuntando en los últimos días medios como el Financial Times, el Wall Street Journal o el New York Times: que los años de vino y rosas, de un flujo de caja ilimitado procedente del Fondo Público de Inversión árabe (PIF), se han terminado. En el peor de los casos, el de la desaparición, sería una de las últimas victorias, sino la última, de Rahm en el circuito que a finales de 2023 le sacó del ecosistema tradicional con un contrato cifrado en los 500 millones a cinco años, entre los mayores que se han dado nunca a un deportista profesional. La consiguió con una autoridad tremenda, 64 golpes en la última vuelta (la mejor de la jornada), por debajo de los 70 los cuatro días, -7 para -21 en el acumulado. Fue la orquesta en el Titanic.
El miércoles la semana se había convertido en la más oscura en el corto lapso de existencia del LIV. Cinco años en los que el PIF, Yasir Al-Rumayyan al frente, han tratado de convertir el golf de alta competición en 54 hoyos sin corte con salida a tiro, música en directo y bermudas; de cambiar Pebble, Sawgrass, Riviera o Royal County Down por resorts de costa y ciudades casino. También, por qué no decirlo, de llevar golf a lugares donde el golf importa, pongamos ahí Australia o Sudáfrica. Y de introducir un concepto, el de los equipos, del que el establishment podría tomar nota (y ya lo ha hecho, para muestra la TGL). Han invertido más de 5.000 millones de dólares en ello. Han convencido a algunos de los mejores jugadores del mundo. Pero no han conseguido, al menos de forma masiva, que la gente vea su producto ni en directo ni en televisión. Y, sobre todo, no han conseguido que el negocio dé dinero, lo más importante porque esto al fin y al cabo, se llame sportswashing, diplomacia encubierta o apertura al mundo, es business as usual. En época de vacas gordas se ordeñan, pero ahora que las cosas vienen mal dadas por Oriente la monarquía wahabi ha decidido que su dinero está mejor en la defensa y en reconstruir las instalaciones petrolíferas dañadas por los bombardeos iraníes que en financiar un proyecto que en sus primeros tres ejercicios de vida, entre 2022 y 2024, le reportó según Forbes pérdidas por valor de 1.000 millones. Si caen bombas los turistas no van a ir igualmente.
La noticia cogió a todos con el pie cambiado en Ciudad de México. Scott O’Neil, el CEO, daba una entrevista en directo durante la segunda vuelta en la que decía que tendrían que buscar nuevas vías de financiación contrarreloj. La señal televisiva se interrumpía y los cortes eran borrados después de las redes sociales oficiales. Algunas informaciones llegaban a afirmar que ya se habían retrasado algunos pagos a proveedores. Sergio García aseguraba que los jugadores estaban “a la espera” de acontecimientos. Quizá viendo que se le escapa una renovación con la que aspiraba como mínimo a igualar a Rahm en la escala salarial, Bryson DeChambeau, que no salió a la última vuelta citando un problema en la muñeca, pataleaba por el estado del campo, Chapultepec, antaño parada de los difuntos Campeonatos del Mundo.
Tiempos en los que Rahm era de forma recurrente lo que fue en la capital azteca. Un torrente golfístico, que embocó 24 birdies a lo largo de las cuatro mangas, los cinco últimos más un eagle en un último ejercicio impecable, libre de bogeys. Solo pudieron seguirle el ritmo, y a duras penas, dos ‘cachorros’ de una generación que ya creció con el León de Barrika en la tele, David Puig y Josele Ballester, 24 y 22 años, también alumnos de Arizona State, que se disputaron la segunda plaza todo el día. El duelo fratricida terminaría cayendo del lado de Puig con un 66, -5 para -15. Ballester tiró un 67, -4 para -15, y remató el podio español. Luis Masaveu, de la misma quinta, rozó el top-10 con un 71, par para -9, en su mejor actuación hasta ahora en la gira. Sergio García arrastró la mala inercia del Masters hasta el desenlace, en el que encontró sensaciones positivas con un -4 para +2 y la 39ª plaza.
Lo de Rahmbo sitúa su pobre desempeño en Augusta como anomalía en una temporada que tenía buena pinta hasta hace una semana. Chapultepec ofrece oportunidades con sus pares cuatro cortos y el vasco cogió casi todas por los nueve primeros. Bombazo directo al green del 2, birdie; otro apoteósico al del 3, a un metro del hoyo, eagle. Para los nueve últimos ya manejaba un buen colchón que amplió en los pares 5.
“He rendido mal en este campo otras veces estando para ganar y creo que el de hoy ha sido un gran domingo. Hay que luchar. El tripateo del 7, los putts del 8 y el 9... Podría haberse complicado. Esta semana he metido muchos up and downs, he tenido toque en los greenes y eso ha tenido mucha culpa en el triunfo”, dijo tras coronar una doble victoria, la individual y por equipos, apartado en el que su Legion XIII totalizó un -45 por el -36 de los Fireballs. Volverá al top-25 del ranking mundial y las perspectivas a menos de un mes para el PGA Championship, el único grande que falta en la colección del golf español, son buenas. Será una nueva prueba para el estudio de su relación con el Grand Slam desde que milita en el LIV. Un debate que puede tener fecha de caducidad temprana.
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