Iago Aspas, crece la leyenda
El moañés sigue fascinando a los 38 años. Su mentor, Eusebio Sacristán, y su familia analizan para AS el idílico momento que atraviesa el capitán celeste.
El 5 de junio de 1999 Iago Aspas aparecía por primera vez ante las cámaras para mostrar su desparpajo. Fue en los micrófonos de la TVG y sus primeras declaraciones las concedió tumbado en el césped de Balaídos, vestido con la segunda equipación de color rojo de aquel año: “Sueño con jugar en el Celta de los mayores y marcar un gol bonito”. En esas fechas, el primer equipo vigués viajaba tercero en Liga, a solo un punto del Real Madrid, segundo, a falta de dos jornadas.
En Europa, habían eliminado a Aston Villa y Liverpool, pero todavía escocía la derrota contra el Olympique de Marsella en cuartos de final, con esa doble oportunidad de Sánchez y Gudelj en el último segundo que no se va de la cabeza un cuarto de siglo después. Era un Celta totalmente distinto al de ahora, repleto de internacionales, donde los canteranos veían al primer equipo muy lejos. Michel Salgado era el único jugador formado en A Madroa de aquel vestuario.
Aquel EuroCelta era como los Rolling Stones o los Beatles, las carpetas de los niños de las Rías Baixas iban forradas con las caras de sus jugadores. Aspas creció adorando a Mostovoi, soñando cada noche heredar el 10 del ruso. Casualidades del destino, el moañés debutó en Balaídos el 6 de junio de 2009, diez años y un día después de aquellas palabras cuando tenía 11 años. Eusebio le hizo entrar al campo con el equipo jugándose el descenso a Segunda B, incluso se hablaba de una posible desaparición del club en caso de bajar. Iago entró, marcó dos goles y pasó de niño a leyenda en media hora.
Más de tres lustros después, Eusebio Sacristán todavía recuerda perfectamente qué le llamó la atención de Iago Aspas para apostar por él en un día tan señalado: “Nos jugábamos la vida contra el Alavés. El que ganaba se mantenía y el que perdía, bajaba a Segunda B. Iago subió del filial a entrenar con nosotros y me impresionó de tal manera que me recordó a Messi. Yo venía de estar en el Barça como ayudante de Rijkaard y Messi debutó con nosotros. En los juegos de posición le vi la capacidad y la técnica que tenía Messi. Yo tenía jugadores más veteranos en aquella posición, pero ese día tenía alguna baja y pensé en él a falta de media hora, cuando íbamos 0-0. Fue un día importante en su carrera y en la mía″.
La tarde mágica frente al Alavés solo fue la primera de muchas. Después de salvarlo del descenso a Segunda B, llevó al Celta a Primera y consiguió mantenerlo antes de hacer las maletas. Se fue a Liverpool, hizo escala en Sevilla y regresó a casa. La tarde de su presentación fue otra para el recuerdo. Aspas volvió por la puerta grande, consiguiendo el billete para Europa diez años después. Entre las grandes noches de aquella temporada está el 4-1 al Barça de Messi, Neymar y Suárez en la quinta jornada, con doblete y exhibición del moañés.
Nervios en casa
La travesía por Europa fue idílica. Aunque todavía se pone un nudo en la garganta al recordar las lágrimas de Aspas en Old Trafford, una eliminación muy cruel a las puertas de la final. Después vinieron años duros, con el moañés obrando milagro tras milagro en forma de salvación. Hasta que llegó Giráldez y le devolvió la sonrisa. Está en la fase final de su carrera, es obvio, pero sigue siendo decisivo. Sin ir más lejos, su exhibición en el Estadio Tumba, donde no había ganado nadie en el último año y nunca había vencido un equipo español. “Lleva un gol y una asistencia, papá ya no puede hacer más para que gane el Celta”, espetó la hija mediana, Mía, mientras veía el partido desde Moaña.
La mujer de Aspas, Jennifer Rueda, reconoce que los partidos se ven en casa ahora de manera diferente: “Estamos viviéndolo al máximo porque no sabemos lo que decidirá. Los niños están súper emocionados con los goles del padre, aunque ahora marque menos. Yo ahora me pongo más nerviosa que nunca. Inconscientemente, me viene a la cabeza que el final está más cerca y me da muchísima pena, pero sé que tiene que llegar algún día”. El partido de esta noche contra el PAOK (sigue el partido en directo en AS.com) será fundamental para que la familia Aspas Rueda realice un viaje pendiente: “Tengo la espinita de no haber viajado este año. Confío en que pasemos esta ronda. Si voy yo, los niños también quieren ir y los destinos que nos tocaron eran un poco complicados. Esperamos viajar en octavos”.
Por su parte, el hermano y representante del moañés, Jonathan Aspas, analiza así el cambio de rol del capitán céltico: “En los últimos años, sin competición europea, tenía más días para entrenar o para descansar y llegaba al fin de semana más preparado. Con esta acumulación de partidos y de viajes, esta temporada hay que ir dosificando un poco más. Es mejor tenerlo en momentos importantes que cargarlo de partidos y no sacar su mejor versión. Ahora ya no es ese jugador tan rápido, de velocidad punta en los espacios, es más un pasador. Usa mucho el pase con los carriles, participa más que en otras etapas. Antes era el que culminaba y ahora está más en fase de construcción”.
La gran decisión
Iago Aspas sigue deshojando la margarita de su futuro, una incertidumbre que también existe en casa: “No lo sabe ni él”, asegura su mujer, Jenni Rueda. En el Celta todos le animan a que renueve y su familia también le insiste en la misma dirección: “Estoy sobornando a mis sobrinos para que le convenzan”, bromea su hermano. La pregunta sobre su futuro es cada vez más frecuente, pero el genio de Moaña no responde ni en la intimidad: “Lo hemos hablado en comidas, en cafés, en mensajes... El otro día tuvimos comida en casa de nuestra madre y él evita el tema porque creo que ni él lo sabe. Siempre ha dicho que no quiere sentirse un estorbo, no podría aguantar una temporada en el banquillo o lesionado en la grada, sin sentirse importante. Será una decisión suya”, revela Jonathan Aspas.
Su hermano y representante no oculta el deseo de que Iago continúe un año más: ”Me gustaría que siguiese, por él y por el celtismo. Que siga batiendo récords. Pero es a él a quien le tiene que apetecer. Si no disfrutas ya o se te hace el día muy pesado o ves que físicamente no te da... Ese día a día lo vive solo Iago, yo no puedo saberlo. El año pasado ya lo tenía decidido porque se encontraba bien y se tenía apalabrado anunciarlo en Navidad. Quiso ver cómo iba porque justo el año anterior había tenido problemas de espalda. Yo este año no he escuchado nada de la espalda. Sí que escuchas que está cansado por tanto viaje y tanto partido, no descansas igual con 38 que con 20″.
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Su mujer, Jennifer Rueda, va más allá y sueña con un final de película: ”Si se encuentra bien, seguirá. Para estar quieto o parado no seguirá. Aún quedan meses por delante y dependerá de cómo acabe la temporada. Si levanta la Europa League en Estambul, le obligamos todos a continuar. Siempre le digo que es lo que le falta, ganar un título con el Celta y jugar la Champions. Ojalá se cumplan las dos".
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