Pacheta resucita a Arnáiz
El talaverano ha pasado de un papel secundario a ser el líder del ataque del Granada y un hombre fundamental para el técnico.
Esta es una historia de redención en el Nuevo Los Cármenes. José Arnáiz, el talento que un día asombró en Pucela y acabó en el Camp Nou, se perdió en el laberinto de las lesiones de pubis y los inviernos en el banquillo, ha encontrado en Granada su refugio particular bajo la batuta de un Pacheta que sabe leerle el alma.
El talaverano vive su segunda juventud en Granada, transformado en el factor diferencial de un equipo en el que el talento innato escasea. Tras años de sombras y una irregularidad marcada por los problemas físicos, Arnáiz se ha convertido en el ojito derecho de Pacheta, quien ha sabido rescatar al jugador indomable que siempre fue. En Granada, José ya no solo corre; ahora decide.
Para entender el momento de José Arnáiz hay que asomarse a la libreta de Pacheta. El técnico burgalés no se anda con rodeos cuando habla de su 11, a quien define como una pieza de valor incalculable para su esquema: “José Arnaiz nos está dando mucho. Nos puede jugar en banda izquierda, de nueve o de diez. Es una alternativa estupenda que tenemos. Cada vez está más fino y tiene muchas cualidades que nos ofrecen una opción muy buena”.
Sin embargo, la exigencia de Pacheta es proporcional a su fe en el jugador, llegándole a pedir públicamente ese paso extra que le falta para ser imparable: “Me da características distintas. Tiene que pegarle desde fuera del área y no lo hace, y eso se lo tengo que decir”.
Ese nivel de confianza es el que Arnáiz echó de menos durante sus peores años. Todavía resuenan aquellas palabras del propio jugador en sus momentos más bajos en Leganés, cuando la falta de minutos y el COVID mermaron su confianza: “Ahora mismo me pongo un dos sobre diez. Estoy mal, pero me veo con fuerzas. Tengo que volver a mi mejor versión porque aún no la he dado”. Aquella autocrítica feroz fue el primer paso para un regreso que hoy es una realidad estadística.
Y es que los números de Arnáiz en Granada cuentan la historia de un salto al vacío con red. En lo que va de campaña 2025-2026, José ha recuperado el olfato y la frescura que parecieron evaporarse en sus últimas temporadas en Pamplona. Si en sus dos últimos años en Osasuna su papel fue secundario, sumando apenas un par de dianas por curso y viendo cómo su participación caía hasta los minutos de la basura, en el Granada ha recuperado su estatus de titularísimo.
Acumula ya cuatro goles y se ha convertido en uno de los máximos generadores del equipo con 22 oportunidades creadas, superando con creces su impacto de las dos pasadas campañas donde la irregularidad fue su mayor enemiga.
Pero donde realmente brilla el de Talavera es en su capacidad para agitar el árbol. Con un 77 por ciento de acierto en el pase y una hiperactividad defensiva que le ha llevado a firmar 46 recuperaciones de balón. Titularidad del cántabro suele ser sinónimo de peligro constante. Sus compañeros en el vestuario nazarí destacan esa chispa que contagia, ven en él a ese jugador que, tras superar un calvario de lesiones fibrilares e intervenciones de pubis, vuelve a disfrutar como aquel chico que debutó marcando en Copa con el Barça.
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José Arnáiz ha entendido que el fútbol no espera, pero él ha sabido correr más que el tiempo. De aquel “2 sobre 10″ que se autoproclamaba en Leganés hemos pasado a una versión que roza el notable en Los Cármenes. El Granada sonríe porque su extremo ha vuelto a “pegarle desde fuera”, a burlar defensas y a celebrar. Arnáiz ya no está en el túnel; es la luz que guía el ataque de Pacheta.
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