Kirian y la conciencia de clase
El 20 de Las Palmas marcó el empate de su equipo ante la Real B y emerge como el referente moral y deportivo que siempre fue en ese vestuario.
Anda Las Palmas de capa caída en este duro comienzo de la segunda vuelta que le está tocando vivir. Resulta que el otrora solvente perseguidor del Racing empieza a descender en la clasificación víctima de sus raquíticos dos puntos conseguidos de los últimos 12 puestos en juego. De rozar el primer puesto, conseguido incluso de manera ocasional, a poder quedarse fuera de los playoff durante el próximo fin de semana, cuando le visita el Burgos.
Necesitado como está el equipo grancanario de sólidos referentes morales y deportivos, en Zubieta emergió como un soplo de brisa fresca, igual que siempre se expresó su fútbol, Kirian Rodríguez, complicada temporada la suya. La empezó intentando sanar, posteriormente con todo el éxito posible, un segundo linfoma de Hodgkin que repercutió sobremanera en su propio cuerpo, más lento para recuperarse de las molestias musculares que le tuvieron apartado del equipo.
Sin embargo, con el año nuevo, coincidiendo con las últimas fechas del mercado de invierno, ni que fuera la incorporación más importante que acometió Las Palmas, se le ha visto a plena disposición de Luis García, que no podía contar con él desde el ya lejano 0-1 de Valladolid, en noviembre. Si ya raspó un cuarto de hora la semana pasada contra el Córdoba, el viernes salió de inicio para jugar 72 minutos y hacer el gol del empate. No le pareció suficiente. “Estoy contento por volver a marcar, hacía tiempo que no tenía esa sensación (desde el 25/02/2024, a Osasuna). Pero fue un poco fría porque el gol de ellos vino de un error mío”, consideraba en UD Radio después del 1-1 ante la Real B.
Sea como fuere, el resurgir de Kirian aviva la llama de la competencia en el centro del campo, donde el doble pivote formado por Amatucci y Loiodice ya no es tan indiscutible. “En la primera parte nos faltó tener más tranquilidad y filtrar más pases por dentro”, analizó, siempre el más consciente de todo cuanto acontece a su alrededor. Autocrítico, reconoce que le costó encontrar su espacio en el campo: “Perdí mucho el sitio, estaba precipitado al lleva mucho tiempo sin jugar. Seguramente no me tocaba parecer tanto por la banda izquierda. Ya en la segunda parte tanto Amatucci como yo supimos tener más el control o aparecer más entre líneas”.
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Futbolista como alma de entrenador, brilla por su conciencia de clase dentro y fuera del campo. “La sanidad pública me salvó la vida dos veces”, dijo a Diario AS el pasado mes de septiembre. Ya en febrero, se presenta como un futbolista capital para que Las Palmas, igual que él en el segundo tiempo de Zubieta, recupere el sitio perdido.
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