Superviviente Míchel Sánchez
El técnico, que acaba contrato a final de temporada, volvió al escaparate mundial tras ganarle al Barça. Ha revitalizado al equipo a base de confianza y corrección de errores. No ganó hasta la jornada 8 y ahora tiene un margen de cinco puntos respecto del descenso.
En el Girona ha vuelto a salir el sol. Y es que la victoria contra el Barça (2-1) ha revitalizado tanto al vestuario como a la afición. Se han rememorado tiempos pasados que fueron gloriosos y, tras muchos meses de sufrimiento, es un dulce que toca saborear. Eso sí, sin dejarse ir porque aún queda mucha Liga y los gerundenses aún tienen lastre en su mochila. Porque el inicio de curso fue tan malo como peligroso. No ganaron hasta la jornada 8 de Liga y se debe continuar la remontada.
Lo positivo es que ahora el rumbo parece enderezado. Desde que arrancó 2026 el vaso se observa medio lleno y uno de los grandes culpables es, sin duda, Míchel Sánchez. El técnico de 50 años es un auténtico superviviente. Porque sí que es el mejor entrenador de la historia del Girona, pero en el fútbol se sabe que los resultados mandan. A otro entrenador, con lo vivido el pasado curso y el aranque del actual, se le habría destituido. Pero a Míchel no. Es un superviviente y es que su figura es intocable. Eso sí, a final de la presente campaña acaba contrato.
Él es feliz en el Girona y a final de curso, una vez vista la posición del equipo, se sentarán con el club a hablar de futuro. Si se ve con fuerza seguirá porque él tendrá la palabra. Si fuese por Quique Cárcel y el club se le haría un contrato vitalicio. Y es que, tal y como se comenta en la dirección deportiva, “es el entrenador perfecto para nosotros”. Este año se ha sabido mantener la calma. No era fácil porque no ganar hasta la jornada 8 provocó muchas dudas y acumuló miedos. Porque en los últimos 15 años, solo Getafe (2022), Almería (2014) y Zaragoza (2011) consiguieron salvarse tras no haber ganado ningún encuentro en las primeras siete jornadas de Liga.
El Girona no solo sacó hace semanas la cabeza del descenso, también cuenta ya con cinco puntos de margen. Toca ampliarlo para no pasar los mismos apuros del pasado curso, aunque las sensaciones son muy diferentes. Ahora mismo son muy buenas. Míchel ha aprendido de los errores y ha dotado a su equipo de herramientas para, manteniendo su estilo de juego, volver a ser ganador. Y todo esto sin Ounahi, uno de sus jugadores más determinantes (se lesionó en la Copa África y aún no ha reaparecido).
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Ha ‘recuperado’ a futbolistas como Bryan Gil Tsygankov y Lemar; está haciendo explotar a Vítor Reis y Vanat y fichado en invierno a jugadores de rendimiento inmediato como Fran Beltrán y Echeverri. El Girona sigue siendo ese equipo dominador con el balón, pero capaz de ser vertical. Le está costando controlar las áreas, pero actualmente tiene más pegada que fragilidad defensiva. La gestión del vestuario también ha sido vital. Se trata de un entrenador cercano y los jugadores lo valoran, lo agradecen y hace que, tal y como él explica, “viajen juntos”. Cada vez hay menos errores individuales y menos egos. Este Girona carbura al son de un Míchel que sin tocar en exceso sus piezas ha demostrado que la adaptación de los jugadores nuevos necesita su tiempo. Ahora ya todo parece en orden y de ahí que lleguen los resultados.
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