Ngonge, el socio de Evenepoel cuyo escorpión picó al mundo
Canterano del Anderlecht, donde jugó junto al ciclista, y del Brujas, donde le costó adaptarse, explotó en el Groningen, brilló en el Hellas Verona y el Nápoles desembolsó 20 millones por él.
Ha acabado siendo el único fichaje del Espanyol en el mercado invernal un Cyril Ngonge que, sin saberlo, mantiene una relación simbólica con el club perico desde su nacimiento. Porque vino a este mundo el 26 de mayo de 2000, en la víspera de la final de Copa del Rey de Mestalla, ante el Atlético de Madrid (2-1), el primer título blanquiazul tras 60 años de sequía.
Hijo de futbolista, Felix Michel Ngonge, internacional congoleño (él tiene la doble nacionalidad) que llegó a jugar como delantero en la Premier League con el Watford, amén de en Bélgica, Escocia o Turquía, no tuvo que marcharse Cyril demasiado lejos de su Uccle natal, en la región metropolitana de Bruselas, para ingresar en la cantera del Anderlecht.
Allí jugó hasta que era Sub-14, con un compañero de equipo ilustre, aunque curiosamente no en el balompié sino por el ciclismo: el campeón olímpico, mundial y de la Vuelta a España Remco Evenepoel. También coincidió, aun siendo un año mayores, con el ex de Arsenal y Sevilla Albert Sambi Lokonga y con el milanista Alexis Saelemaekers. Hasta que dio el salto al Brujas, donde su adaptación no fue la más fluida.
“Mi comportamiento no era el apropiado”
“Dejé a mi familia y amigos, tuve que adaptarme a un entorno escolar diferente, pasaba la semana en un internado… El idioma era el principal obstáculo. Estaba en secundaria, y de la noche a la mañana tuve que tomar clases de matemáticas y biología en neerlandés”, explicaba hace unos años al semanario belga Le Vif. “No entendía nada e interrumpía las clases. Me comporté con rudeza. Mi comportamiento no era el apropiado, ni en el colegio ni en el Brujas. No fui yo mismo”, reconocía.
Aun así, se mantuvo en la ciudad flamenca hasta debutar en la elite, en 2018, antes de iniciar su periplo holandés, primero cedido en el PSV Eindhoven y después, traspasado consecutivamente a RKC Waalwijk y Groningen, el club donde más partidos ha disputado: 46 en dos temporadas, con 11 goles y cinco asistencias. Y en el que dejó para el recuerdo el premiado como mejor gol de la Eredivisie de la temporada 2021-22, un remate de escorpión ante el AZ Alkmaar… y eso que su animal favorito es otro, la pantera negra.
Todo ello le valió en enero de 2023 que el Hellas Verona desembolsara por él medio millón de euros. Y la jugada le salió redonda: tras anotar 11 goles y repartir tres asistencias en los siguientes 12 meses, en el mercado de invierno de 2024 apareció la fortísima apuesta del Nápoles, que pagó 20 millones por su traspaso. Y lo firmó hasta 2028, contrato que sigue vigente salvo que el Espanyol ejerza su elevadísima opción de compra de unos 16 millones.
Un Scudetto, internacional absoluto...
Hasta su cesión de esta pasada primera vuelta en el Torino, donde anotó un gol y dio una asistencia en 20 jornadas (11 de ellas, como titular), su presencia en el conjunto partenopeo había sido poco más que testimonial, lo que le valió sin embargo para debutar con la absoluta de Bélgica en octubre de 2024, precisamente contra Italia y en el Olímpico de Roma (2-2), y para proclamarse el pasado mayo campeón del Scudetto, el cual luce en su cuerpo junto a muchos otros tatuajes, como el ya célebre de Martin Luther King jr.
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Llega al Espanyol para ocupar previsiblemente el extremo diestro del terreno de juego, donde juega con frecuencia, a pierna cambiada, cuando no por la izquierda o como segundo punta. Y no será la primera vez que se enfrente a rivales de LaLiga: ha disputado en su carrera dos partidos de Champions, uno con el Brujas ante el Atlético de Madrid y otro con la camiseta del Nápoles frente al Barcelona.
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