Atlético

Los pecados de Simeone

El técnico, muy señalado tras la derrota del Atlético ante el Bodo. Sus cambios, precipitados, llevaron al caos. El de Le Normand por Barrios no se entendió.

JAVIER SORIANO
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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El túnel engulló rápido al Cholo cuando el árbitro pitó el final del partido. Se iba el entrenador taciturno, contrariado y rodeado otra vez por ese sonido. Pitos, pitos muy altos. Pitos al equipo. Pitos de decepción. Pitos hacia él, al propio Simeone por su gestión del partido, sus cambios y su incapacidad para cambiar el rumbo del equipo en los dos últimos partidos de la fase liga de Champions, esos en los que solo valía ganar (ante Galatasaray y Bodo) y de los que solo arañó un punto... Para quedarse fuera del Top-8.

Fue en el 77 cuando esos pitos llegaron al pico de decibelios. La paciencia derramada como última gota en un vaso cuando el marcador ya era el 1-2 para los noruegos con el que se finalizaría. La decisión de Simeone en ese momento fue introducir en su último cambio, el quinto, a un central (Le Normand) para quitar al futbolista con más clarividencia en el centro del campo (Barrios), el único que estaba generando situaciones de peligro.

De hecho, el cambio llegó justo después de una ocasión clarísima generada por el canterano que Almada casi finaliza en gol. Había lanzado el entrenador un mensaje al palco desde antes del inicio del partido con una foto. Bastaba mirar su banquillo para verla: nueve suplentes cuando se permiten hasta 12, con solo siete jugadores de campo, todos del primer equipo, ningún canterano más allá de Esquivel como tercer portero. La semana anterior, cuando el Atlético viajaba a Estambul para medirse al Galatasaray en la Champions en su avión viajaban 24 jugadores, cinco canteranos (Esquivel, Taufik, Rayane, Julio e Iker Luque). Con el mercado de fichajes aún abierto, este mercado de invierno que en sus primeros días se llevó cuatro futbolistas rojiblancos (dos sin minutos, Galán y Carlos Martín, otro con pocos, Raspadori, y un cuarto que sí, Gallagher) sin que, cuando se está en los últimos, se haya repuesto ninguno, el entrenador pareció lanzar un órdago: “Esto es lo que hay, esto es lo que tengo”. Aunque quizá no era el día. Primero ganar, después las facturas. A pesar de las piezas que le faltan, a una plantilla, la rojiblanca, con un valor de mercado nueve veces superior (526 millones) que la de su rival (57 millones) debería haberle dado para ganarle. Y con anchura. Un rival, por cierto, cuyo último partido oficial más allá del de la Champions ante el City, que también ganó (3-1), había sido el 30 de noviembre.

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La derrota manifestó las carencias del equipo y los pecados del Cholo. Cambios precipitados y sin acierto (Almada y Ruggeri por Baena y Giménez en el 56’, Nahuel y Cardoso por Nico y Koke en el 63’ y ese último de Le Normand por Barrios en el 77’), que empeoraron. Modificaciones de esquema constantes que empujaron al caos. Falta crónica de contundencia a pesar de los remates (27 ante el Bodo): en enero solo en un partido de los 7 que ha jugado marcó más de un gol (3-0 al Mallorca). En el resto, solo 1. Con jugadores como Julián apagados desde tiempo sin que el Cholo sea capaz de volver a encenderle la luz...

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