La pareja de moda del Getafe
Luis Vázquez y Satriano forman una dupla que promete muchas alegrías en el Coliseum.
El fútbol tiene una memoria selectiva, pero en el Coliseum, los recuerdos de la época dorada de José Bordalás están grabados a fuego. Durante años, la parroquia azulona suspiró por volver a ver una delantera que personificara el espíritu del técnico alicantino: brega, inteligencia y, sobre todo, una complementariedad absoluta. Tras un mercado invernal frenético, parece que el deseo se ha cumplido. La llegada de Martín Satriano y Luis Vázquez no solo ha taponado las fugas del equipo, sino que ha encendido un fuego que amenaza con quemar las redes de toda LaLiga.
Los números son incontestables y hablan de un impacto inmediato. Desde que el uruguayo y el argentino unieron sus caminos en el once titular, el Getafe ha experimentado una metamorfosis competitiva: cuatro partidos, tres goles de la dupla, y un balance de dos victorias y dos empates. Ocho puntos de doce posibles que han alejado cualquier fantasma del descenso y han puesto al equipo a mirar de reojo los puestos europeos.
Dos destinos cruzados en busca de redención
Lo que hace más especial esta irrupción es el contexto de ambos futbolistas. Ninguno llegaba en su mejor momento, lo que convierte su explosión en Getafe en una historia de redención futbolística.
Martín Satriano aterrizó en el sur de Madrid con la necesidad de reencontrarse consigo mismo. Tras una etapa gris en el Olympique de Lyon, marcada por la sombra de una grave lesión de ligamento cruzado que frenó su progresión cuando media Europa suspiraba por él, el charrúa necesitaba un ecosistema que confiara en su talento asociativo. Por su parte, Luis Vázquez, el “38” que maravilló en Boca Juniors, venía de un ostracismo inesperado en el Anderlecht belga, donde sus minutos se contaban a cuentagotas. Bordalás, un maestro en recuperar soldados para la causa, vio en ellos las piezas que faltaban en su rompecabezas.
El análisis táctico: La “Torre” y el “Talento”
La sintonía entre ambos es un tratado de geometría futbolística. Luis Vázquez se ha erigido como el ‘9’ de referencia, el faro del equipo. Su envergadura le permite dominar el juego aéreo, fijar a los centrales rivales y servir de boya para las segundas jugadas. Es el primer defensa y el último rematador.
Por el contrario, Satriano aporta la finura y el movimiento. No es un delantero estático; le gusta caer a bandas, bajar a recibir entre líneas y descargar balones imposibles que Vázquez se encarga de pelear. Tiene “pie”, tiene visión y, sobre todo, tiene la capacidad de salir de su zona de confort para desordenar las defensas rivales.
Esta simbiosis alcanzó su punto álgido en la reciente victoria por 2-0 ante el Villarreal. Fue un partido que sirvió como escaparate de sus virtudes: Luis Vázquez, en una exhibición de potencia, provocó el penalti que abrió la lata tras volver loca a la zaga ‘groguet’, mientras que Satriano sentenció con un testarazo soberbio, demostrando que pese a su movilidad no ha perdido el instinto de área.
El eco de Molina y Mata
Es inevitable que el aficionado más veterano del Getafe sienta un ‘déjà vu’. La estructura de esta dupla evoca irremediablemente a la que formaron Jorge Molina y Jaime Mata. En aquel esquema, Molina ponía la pausa, el talento y el último pase (rol que hoy asume Satriano), mientras que Mata era la entrega, el desmarque de ruptura y el martillo pilón (papel que encaja como un guante en Luis Vázquez).
Bordalás ha recuperado su “doble nueve” predilecto, aquel que le permite jugar directo cuando el rival presiona y asociarse cuando el partido requiere de mayor elaboración en campo contrario.
Un futuro brillante con el regreso de Mayoral
Si el presente es ilusionante, el futuro a corto plazo es para frotarse las manos. Mientras Satriano y Vázquez se asientan como la pareja de moda, en la enfermería ya se divisa la luz al final del túnel. Borja Mayoral, el gran referente ofensivo del equipo antes de su lesión, está en la fase final de su recuperación.
Lejos de suponer un problema de sobrepoblación, la vuelta del “Zarra” promete elevar el nivel del ataque a otra dimensión. La versatilidad de Mayoral le permitirá encajar con cualquiera de los dos, o incluso formar un tridente de ensueño si Bordalás decide ajustar el dibujo. Con el trabajo sucio que realizan el uruguayo y el argentino, Mayoral encontrará pasillos y espacios que antes no existían.
El Getafe ha vuelto a ser ese equipo incómodo, rocoso y letal que nadie quiere visitar. Y gran parte de culpa la tiene esta nueva conexión rioplatense que, entre mates y goles, ha devuelto la sonrisa al Coliseum. La pareja de moda no es un espejismo; es una realidad que apunta muy alto.
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