La fórmula de Arbeloa
El sistema más eficiente es con un trivote de músculo y un enganche liberado. Un dibujo muy parecido al rombo de Ancelotti. Además... orden defensivo y presión moderada
Orden defensivo, un trivote de músculo y un enganche con libertad. En realidad, algo muy parecido al rombo que Ancelotti se sacó de la chistera en el primer año postBenzema. Es la fórmula actual. El Madrid cambió de entrenador para inaugurar una era... y terminar acercándose a lo que ya había. Pero es lo más sensato, a estas alturas. Practicidad. Menos vanguardismo y más sota, caballo y rey. Ese, es el sistema más eficiente con esta plantilla. Para la próxima temporada, si llega un creador, un central o un nueve... quién sabe. Pero para este momento, esta es la tecla.
Su Madrid se dibuja en un trivote con músculo: Tchouameni de ancla y a los costados, Valverde y Camavinga. Aunque esto es una disposición base, nada más; pues el fútbol hoy en día es antónimo de los sistemas rígidos. Aquello de los esquemas es un producto en fecha de caducidad. Pero orienta, de cara al debate. Valverde tiende a abrirse hacia la derecha y Camavinga, a la izquierda, para dar amplitud al equipo y ayudar a los laterales. Su movilidad permite generar superficies en diferentes zonas. Vale un potosí.
Güler, indetectable
Y es aquí donde entra, probablemente, la pieza clave del dibujo: un enganche con libertad. En estos momentos, Güler. Al que tan pronto se ve cayendo a banda, como ejerciendo de doble pivote junto a Tchouameni −cuando los volantes se abren hacia los costados−. Es la reina del ajedrez. La pieza sin cadenas. La indetectable. Surge el dilema, claro, de cómo encajará Bellingham en ese rol cuando regrese -se empieza a vislumbrar más para finales de marzo, que para principios; se lesionó el 1 de febrero-, pero en el carpe diem, Güler está brillando ante el reflejo de esa lámpara. Ayudando en la salida y filtrando balones en tres cuartos.
Ellos, están siendo los cuatro jinetes tras el apocalipsis. El terremoto que sacudió Chamartín a principios de año: adiós a Xabi Alonso, adiós en Copa y adiós al Top-8. Aquella atmósfera llegó a ser muy delicada. Pero ahora, es muy diferente. El tiempo dirá si este sistema, aplicado a esta plantilla, dará para ser un monstruo ante los monstruos (Arsenal, Bayern, PSG...), pero es el camino más viable. El que está dando resultados. Mejores sensaciones.
Alzar una muralla
A él, se le suman varias pinceladas. Por un lado, el orden defensivo. Las casas se construyen por los cimientos y los equipos, por las zagas. Menos riesgos en salida, si la presión rival atemoriza y más intensidad en los duelos. Así como más ayudas de los medios. Ser, en definitiva, más “compactos”, que diría Carletto. El Madrid ha dejado la portería a cero en cuatro de los ocho partidos, tras Albacete. Y sólo en Da Luz encajó más de un gol. Bingo.
Colmillo... con cabeza
Y arriba, presión moderada. Arbeloa quiere morder, pero sin fundir a los delanteros. Así lo explicaba en rueda de prensa: “No te voy a engañar, queremos que estén frescos para atacar. No queremos a dos delanteros que bajen a perseguir a los laterales o a los medios. Quiero que hagan un buen trabajo, ver un equipo que corra junto, pero que tanto Vini, como Mbappé, puedan luego estar frescos para marcar las diferencias”. Resumen: es un mandamiento deseado, pero renunciable en muchos contextos. Con todo esto, que en el fondo son básicos, el Madrid está funcionando. Arbeloa ha dado con la tecla. Es su eureka.
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