La duda se instala con Arbeloa
Su efecto ha pasado a mejor vida. La perspectiva actual es la de un recorrido que puede ser muy duro a todos los niveles. Su salvavidas se llama Champions League.
El efecto Arbeloa ha pasado a mejor vida. Lo que parecía ser la solución al dudoso caminar del Real Madrid en la presente temporada ha perdido toda su capacidad de poder lograr un cambio de dinámica y resultados. La duda se ha instalado en el Bernabéu y también en Valdebebas. Antes del partido ante el Getafe ya existía aquello del lamento por la pérdida del liderato, pero tras la derrota ante el equipo de Bordalás hay pocos argumentos para defender lo hecho por el técnico madridista en las últimas semanas. Eso sí, su salvavidas se llama Champions League.
La lectura que se hace ahora mismo es que, con tres meses por delante de campaña, la perspectiva actual es la de un recorrido que puede ser muy duro a todos los niveles. Se buscó un cambio de imagen, en cuanto al juego y rendimiento físico, y en Valdebebas se creyó que el nuevo dueño del banquillo podría activar al equipo, pero está claro que el técnico no lo ha logrado, que el equipo se ha caído.
Amenaza inminente
Sin contar lo de Albacete y la Copa, primero fueron las posiciones de jugadores fuera de su sitio natural y ahora la falta de resultados lo que ha llevado a dudar otra vez de todo. Ver al Barcelona a cuatro puntos duele y en el club se buscan motivos más allá de las lesiones, con el Manchester City amenazando con su llegada. Los jugadores no escapan a la duda sobre el rendimiento que ofrecen, pero el técnico se lleva la peor parte.
Osasuna y Getafe han puesto LaLiga en bandeja otra vez al Barcelona cuando peor lo estaba pasando, y lo peor es que en el Real Madrid se piensa que no se han hecho las cosas como deberían hacerse para evitarlo. La mejor noticia para Arbeloa es que en una semana y un día aparece la Champions y el City de Guardiola por el Bernabéu. Tiene ocho días para lograr convencer de nuevo a sus jugadores, esos que parece han desconectado de nuevo.
La gestión de los últimos 20 minutos del partido ante el Getafe dice muy poco de técnico y jugadores del Real Madrid. Ni fútbol, ni picardía y sí patadas, amarillas y hasta una roja, protestas sin sentido y faltas absurdas. Para que luego critiquen a Bordalás, que vivió el final de partido más plácido de su historia. “Al Getafe no le hizo perder el tiempo, lo perdían los de blanco”, comentaban a la salida del palco.
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