Huijsen, a examen
El penalti a Yangel afea la noche del central, pero el Bernabéu le apoyó en el peor momento. En Lisboa, sin un Asencio sancionado, tendrá los focos encima.
Su cara reflejó su alma. Mirando al frente, contrariado. Buscándose a sí mismo. A esa versión donde el indiscutible era él, y no el penalti que acababa de cometer. Porque su derribo a Yangel Herrera no dejó lugar a la discusión. Huijsen se fue al suelo, precipitado, y Hérnandez Maeso no dudó. Tampoco Oyarzabal desde los 11 metros, cuando empató. Después hubo pitos, pocos, pues el Bernabéu prefirió aplaudir. Y las flautas opacaron los silbidos y el silbato. Para sanar, para impulsar, para apoyar a un futbolista que lo necesita. Como después hizo Arbeloa, extensión del club. Con una misión cristalina: recuperar al soldado Dean.
Y el contexto, además, dispara la importancia. Capital a futuro, crucial en presente. Porque en el horizonte aparece Mourinho. Ese estadio, donde tan feliz fue el Madrid hace 12 años y tan a oscuras se quedó hace dos semanas. Contra un Benfica que dominó, ganó y desesperó. Tanto que Asencio acabó expulsado y ello dibuja una ida de playoff sin el canterano. Con Rüdiger, tratando de quitarse los algodones (volvió a jugar tras su lesión ante la Real), y Huijsen, que tanto sufrió en ese 4-2. Ellos serán la pareja. Lisboa será más que un partido, un examen. Para el Madrid y para Dean, que vive bajo los focos. Que buscará el interruptor en Da Luz.
Una tarea “muy difícil”
Lo hará tras encontrar apoyo donde otras tardes (véase el triunfo ante el Rayo) había soniquete. Tras un partido de insuficiente, pero donde, en lugar de sonido de viento, escuchó cómo el estadio le tendía la mano. Y cómo Arbeloa amplificaba el mensaje: “Hay que recordar que es un chico que solo tiene 20 años, es su primera temporada en el Real Madrid y es muy difícil ser defensa aquí”. Ese fue el guante, enorme, que le lanzó el técnico desde las entrañas del Bernabéu. E insistió: “En el penalti el jugador de la Real lo ha hecho muy bien. Es el oficio de ser defensa, que puedes estar 90 minutos muy bien y en una acción echar abajo un partido, pero no ha sido su caso”. Refuerzo positivo para enterrar lo negativo.
Una frase que es un buen resumen de la noche del internacional español. En los duelos no estuvo brillante (ganó dos de cuatro), no acertó en las dos entradas que intentó y tuvo un lunar, uno enorme. Es la realidad. Como también lo es que tras él llegó una mejor versión en lugar de dejarse llevar por la vorágine. De los nervios de otros momentos a mostrarse con balón más reconocible.
Lanzador
De largo, el futbolista con más intervenciones (82) y más pases exitosos (70) del Madrid. El siguiente en ambos aspectos, Carreras, con 67 y 52, respectivamente. Lejos de un Dean que lejos de huir al balón, lo quiso. Y con una precisión sobresaliente: solo falló cuatro envíos (95% de acierto). Además de completar cuatro de los cinco de larga distancia que intentó. Una virtud capital en un Madrid que, por momentos, construye desde la verticalidad más extrema sin pasar por la sala de máquinas. Esa fue la parte llena del vaso, a la que se aferra para salir del túnel.
Con Dean enchufado es más factible ejecutar el plan. Y Arbeloa es consciente. Como lo es el futbolista respecto a su rendimiento. A pesar de haber convivido con unas molestias en el sóleo que le han torturado, sabe que necesita dar varios pasos más. La confianza por parte del club es plena, también de Arbeloa. Y el Bernabéu, a pesar del runrún tras el penalti, le trasladó su perdón. Un voto de confianza que Huijsen quiere exprimir. Empezando por Lisboa.
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