Fútbol sin excusas: “De octubre a marzo los campos estaban embarrados”
Gorriz, Urtubi, Satrústegui, Abadía y Ceballos, históricos y campeones de los 70 y 80, opinan en el debate del estado de los terrenos de juego.
“Los jugadores de ahora no creo que sean mejores que los de antes. Lo que tienen es un escenario en el que pueden jugar más rápido. Antes necesitábamos ser mejores”. Regresa LaLiga y, como en las dos últimas jornadas semana se han sucedido quejas y aplazado partidos por el estado del terreno de juego, AS ha consultado a jugadores históricos, verdaderos mitos del fútbol español que en los años 70 y 80 jugaban sobre campos embarrados o con un césped que parecía una piscina. Son Alberto Gorriz, el jugador que más partidos ha disputado con la Real Sociedad (599) y doble campeón de Liga (80-81 y 81-82); Urtubi, el 10 de aquel Athletic campeón de Liga en la 82-83 y 83-84; Ceballos, histórico portero y jugador que más ha vestido la camiseta del Racing de Santander (460); Satrústegui, el 9 de aquella Real doble campeona de Liga y el txuri-urdin que más goles ha marcado en la historia (162) y el Tato Abadía, una leyenda del Logroñés, el hombre que regateaba y hacía bicicletas sobre los charcos del antiguo Las Gaunas.
Comparando unos tiempos y otros, los futbolistas de ahora se quejan de vicio. Todos opinan que no hay comparación posible. Gorriz abre el melón: “Entrenábamos y jugábamos en condiciones muy precarias comparado con las de ahora”. Ceballos incide en la idea: “Las semanas que llovía mucho se formaba mucho barro. Era otro fútbol, no como ahora. Los campos de ahora están perfectos, son moquetas de hierba natural”.
Urtubi es tan directo como lo eran sus lanzamientos: “Cuando el otro día dijeron que suspendían el partido por el césped… ¡buah! Recuerdo aquellos partidos en Las Gaunas, en el norte… eran partidos superentretenidos, de pelea, de fuerza… Ahora, si el césped no está como una alfombra de casa no vale para nada. A la mínima que caen cuatro gotas de más, pues hay que suspender un partido”. Abadía no comparte la creencia general de que el césped de los peores campos eran los del norte. “No te creas, no te engañes. Un campo que siempre estaba boterudo, que es un poco de lo que se quejan ahora, era el Calderón, que creaba siempre una inseguridad tremenda porque el balón no rodaba bien”. Satrústegui recuerda con nostalgia: “El césped era como una esponja, el terreno te chupaba y para saltar era difícil. No tiene nada que ver con los campos de ahora. Ahora se ha mejorado en todo, en material, las botas, que entonces pesaban un quintal.
En el reciente Atlético-Barça de Copa se sucedieron escenas en la que los futbolistas resbalaban solos y caían sobre quien patina sobre hielo: Urtubi lo tiene claro: “El jugador que es responsable, para no resbalar, se pone tacos de aluminio, pero como ahora la moda son las botas de goma, que no pesan nada y así no me haga daño en el tobillo, pues hay una gran cantidad de resbalones exagerada. Ponen la excusa de los campos, del agua, nooo…”. Satrústegui tiene la comparación en casa: “El otro día cogí las de mi hijo, que jugaba en el Promesas. Sus botas son como una pluma y le dije: si saco las que tengo por ahí guardadas… Nada que ver”. Abadía, en cambio, no comulga con la idoneidad de los tacos: “No me gustaba ponerme tacos largos, siempre tuve la creencia de que la gente se rompía la rodilla por utilizar tacos muy largos. Si ponía tacos de aluminio eran pequeños. Cuando había mucha agua las botas no pesaban más, sí cuando había barro. De octubre a marzo los campos estaban embarrados”.
Bixio Gorriz sí es defensor a ultranza del taco largo, por creencia propia y por intimidación del entonces capitán: “Taco largo, siempre, incluso cuando jugaba en los campos del sur. Arconada, que era nuestro portero y capitán, no nos lo exigía, pero él ponía taco largo siempre. Más te valía que no te resbalases en una jugada por llevar taco corto que ya te las habías cargado. Ahora utilizan el multitaco, pero en aquella época no podría haberse jugado con ese tipo de botas”.
¿Verdad o mentira? ¿Mito o leyenda? ¿En aquella época se regaban los campos previamente y de manera deliberada? Satrústegui lo cuenta con gracia: “Tengo una anécdota con unos amigos del Betis: Biosca, Alabanda y otros jugadores de aquella época. El Betis venía a Atocha. Ese día, en Donosti hacía un sol magnífico, calor incluso. “Qué bien se está aquí hoy, eh”, me dijeron en el calentamiento, pero cuando saltamos al campo para jugar el césped estaba empapado: “Pero ¡qué habéis hecho, pero que es esto!”. De broma, les decíamos, “pero si lleva así toda la semana, lloviendo a cántaros”.
Abadía se suma a la causa: “Sí, sí, había entrenadores que regaban antes de los partidos. Pero no para formar barro, se buscaba que el fútbol fuese más lento, así es más fácil corregir”. Gorriz confirma: “Es verdad, es verdad. Cuando nosotros íbamos al sur o a la zona de Levante, como el Hércules, el Murcia, Cádiz, nos encontrábamos lo campos muy secos, con la hierba bastante alta para que el balón corriera poco, lento. A nosotros, en cambio nos gustaba más el fútbol más británico. No se regaba hasta dejarlo embarrado, pero nos gustaba el fútbol rápido. El campo mojado siempre”. El fútbol británico, ese sí que lo tiene Urtubi calado hasta el tuétano: “Cuando veo en Inglaterra que los equipos son fuertes, físicos, que comienza a llover y venga a llover, a mí me da envidia. No volver a tener eso...”.
Ese tipo de fútbol sobre agua o barro requería de ciertas habilidades, claro, y para ello había que disponer de características concretas tanto físicas como técnicas. Existían los especialistas. Lo recuerda bien Ceballos: “Existía el jugador especialista en sacar el balón en largo de portería. Entonces no sacaban de portería los porteros. Hablamos de los años 80”. Gorriz era uno de esos especialistas: “El que sacaba de puerta era yo, no Arconada. Arconada no sacaba el balón del suelo con el pie. Se buscaba sacar en largo y que luego hubiese una segunda jugada. Normalmente, todos teníamos un delantero que iba bien de cabeza, paraba el balón, aguantaba, y buscaba a un compañero. Eso de sacar el balón jugado desde el inicio…, en mi época era al revés. Había una ventaja, y es que se podía pasar el balón para atrás al portero y este podía cogerlo dentro del área con las manos. Si en Atocha había charcos, entonces sí teníamos prohibido el pase atrás. Si no podías sacar el balón hacia adelante, era mejor tirarlo fuera y sacarlo del campo”. Satrústegui nos trae esa especialidad vista desde el punto de vista de un delantero: “Era un sistema de juego que ahora no se da. Cuando el campo te agarraba tanto, la táctica era tirar en largo. Los defensas ponían el balón en el área y yo tocaba buscando la segunda jugada para Zamora o Roberto (López Ufarte)”.
Eran tiempos de centrales rudos en los que los jugadores del equipo visitante no tardaban en recibir la tarjeta de bienvenida por parte de Goicoechea (Athletic), Gajate (Real Sociedad), Sañudo (Racing), Arteche (Atlético), Benito (Real Madrid), Migueli (Barcelona)… y así, al menos uno por equipo.
Existe un testimonio visual en el que se le ve a Abadía haciendo una bicicleta sobre un inmenso charco, llegar a la línea de fondo, recortar sobre una laguna y centrar. Fue un Logroñés-Valladolid en el antiguo campo de Las Gaunas: “Yo era flaco, pesaba poco y siempre que había agua se me daba bien. Que los equipos abusasen del balón en largo no era solo por el campo, era cuestión de táctica y metodología. ¿Los jugadores de ahora son más técnicos que los de antes? No. No creo que ahora sean mejores, lo que tienen es un escenario en el que pueden jugar más rápido, que pueden jugar de primeras. Lo digo con muchas reservas, porque esta afirmación… pero entiendo que antes necesitábamos ser mejores. Los campos estaban muy mal y necesitábamos hacer el control rápido y bien, y si un lateral rápido venía a apretarte pues te las veías y te las deseabas. Conducir con el balón pegado al pie, nada de nada. Claro que, había algunos con mucha habilidad, como Onésimo”.
De la habilidad al golpeo, porque había que tener maña para golpear bien un balón pesado que se va hundiendo en el lodazal. Al Tato Abadía no le trae buenos recuerdos: “Mi problema era que yo no podía con los balones. Yo tengo un cuádriceps que es una mierda, no tengo mucha fuerza, y para golpear al balón me las veía y me las deseaba. Para desplazar el balón me costaba muchísimo”. Caso totalmente era el de Urtubi, que era técnico, ponía pases fabulosos, lanzaba las faltas de maravilla y en los penaltis descosía el balón: “Siempre fue fuerte y no me perjudicaba el terreno pesado. “Los balones no pesaban más, a excepción de unos Mikasa que sacaron. Para centrar, era importante el pie de apoyo, la técnica es la misma: requiere intensidad, otra cosa es que metieras el pie en un hoyo. Ahora es mucho más fácil pero, en mi opinión, se centra muy mal en Primera. De cada diez centros desde la banda ves uno bueno”.
DI STÉFANO, KUBALA, LUIS SUIÁREZ, COLLAR Y COMPAÑÍA BAILANDO SOBRE EL BARRO DE PARÍS
Paco Grande, en uno de sus valiosos programas de Conexión Vintage, elaboró un reportaje del partido amistoso Francia-España en el que se aprecia como Di Stéfano, Kubala, Collar, Luis Suárez, Santisteban y compañía hacían juego combinativo sobre un terreno pesado, tiraban caños a los rivales por mucho barro que hubiese, se pasaban el balón de tacón, regateaban haciendo una finta de bicicleta. La calidad todo lo puede. Jugadores superclase bailando sobre el barro de París. Practicando un fútbol de precisión.
Esa joya del archivo del archivo de TVE es el vídeo de la retransmisión del partido amistoso entre la selección española y la francesa en el Parque de los Príncipes de París.
MARADONA REGATEANDO CHARCOS Y RIVALES A LA VEZ
Histórico fue el partido que Maradona organizó en Nápoles en un campo totalmente encharcado. El encuentro era benéfico para pagar la operación a un niño enfermo. Como el Nápoles no permitió a Maradona utilizar el estadio de San Paolo, el Diego decidió jugar en un campo embarrado en uno de los barrios marginales de la ciudad italiana. Los demás apenas acertaban a avanzar con el balón, pero eso no impidió que Maradona robase un balón en su área, regatease a seis rivales siempre con el balón pegado al pie, se plantase delante del portero, le regatease y marcara gol. Moraleja: el barro nunca debe ser una excusa para jugar al fútbol. También es cierto que no todo el mundo puede ser Maradona.
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