Flick, voz y voto
Al gran aval de Laporta, que esta semana celebra su 61 cumpleaños se le escucha. Su futuro está ligado 100% al del presidente que le fichó, pero deportivamente también se la juega estas semanas.
El 20 de diciembre del año pasado, Hansi Flick ya estaba en ‘campaña electoral’. “Estoy muy feliz de trabajar en este club. La relación que tenemos mi staff y yo con Deco y su equipo de trabajo es increíble. Y el presidente es la razón por la que estoy aquí; y estoy muy feliz. Es muy importante tener esta confianza”. La pregunta que le formularon estaba ya hecha en clave preelectoral, aunque por entonces los comicios no estaban convocados para el 15 de marzo. Un mes después, el 24 de enero, también se le entendió todo: “Es importante la estabilidad; veremos qué deciden los socios”.
Hansi Flick es socio del Barça desde que firmó su contrato con el club azulgrana el 29 de mayo de 2024. Ya entonces habló de lo importante que era que Laporta, Deco y él trabajasen en “la misma dirección”. Ha sido respetado porque le han dejado manos libres en su parcela. Nadie ha excedido sus funciones y eso le ha gustado de Deco, al que considera un hombre de fútbol y con el que más allá de las lógicas diferencias en asuntos puntuales, ha establecido una relación correcta. Vive tranquilo en su refugio del distinguido barrio de Sarrià-Sant Gervasi y está bien asentado en la ciudad. Por eso anunció que votará; y es fácil pensar a quién. Pero Flick no es sólo el voto. Su voz cuenta. Ha sido el gran acierto de Laporta en sus cinco años de legislatura. Tocado como venía por el mal final de Xavi y el desconcertante rumbo deportivo de la institución ya antes del adiós de Messi, y luego tras el adiós del argentino, su llegada lo cambió todo. Suma cuatro títulos de cinco posibles. Es una poderosa arma electoral.
El bagaje de Flick, sin embargo, va más allá. Tiene que ver con lo emocional. Ha reconectado al socio con su equipo. Se ha convertido en un entrenador y una persona de confianza para la ‘gent blaugrana’. De ahí su peso en este proceso electoral, al que añadió una muesca el pasado lunes, cuando acudió a la presentación del libro ‘Així hem salvat al Barça’, el libro en el que Laporta explica cómo, en su opinión, han llevado al club a un proceso de recuperación deportiva, social y económica. Para algunos, su presencia en el Ateneu fue un gesto electoralista inadecuado en un proceso del que debería abstenerse. Para otros, algo tan humano y normal como acudir a un acto del presidente que le dio la confianza de coger las riendas de un club desorientado cuando había dejado de entrenar durante un buen tiempo. Una señal de aprecio.
Flick vive, sin embargo, unas semanas cruciales también a nivel personal. Acaba de celebrar su cumpleaños número 61 y, más allá de su apoyo implícito a Laporta, le espera un desafío brutal en marzo: mantener el liderato en LaLiga, recuperado después del inesperado tropiezo del Madrid en Pamplona y la victoria ante el Levante; intentar recuperar el 4-0 del Metropolitano, lo que parece algo parecido a una hazaña. Y, finalmente, superar los octavos de final de Champions, que serán duros por cualquiera de la parte del cuadro que le toque. Es consciente de que su equipo ha dado muestras de fragilidad defensiva, que no está estable; y que, además, necesitará retoques tácticos salvajes si quiere completar una gran gesta en la Copa. Su Barça sigue estando arriba en casi todo, pero no ha exhibido la excelencia de la temporada pasada. Es consciente de que necesita subir un escalón más sobre el césped.
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Todo ello, con un último trabajo. Alejar al equipo del ruido y la guerra sucia de la precampaña, que siempre toca colateralmente a los jugadores de una manera u otra. De Flick no quedan dudas sobre hacia dónde desviará su voto. Pero si además ayuda a Laporta con excelencia deportiva, se multiplicarán.
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