Getafe

El extraño expediente de Abu Kamara

El futbolista inglés, tras varios meses lejos de Getafe, volvió hace poco al sur de Madrid y ya entrena con el grupo.

JAVIER GANDUL
Redactor de Fútbol
Nació en Madrid en el año 2000. Desde pequeño, pegado al teletexto para estar siempre informado con lo que ocurría en LaLiga y concretamente, en su Getafe. Estudió periodismo en la URJC y pasó por El Chiringuito o Movistar Plus antes de llegar al Diario AS con sólo 23 años. Enamorado del fútbol, de los viajes y de los estadios.
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Los libros de historia del Getafe CF tienen páginas reservadas para grandes leyendas, fichajes memorables y héroes inesperados. Con total seguridad, el nombre de Abu Kamara no figurará en ninguna de ellas. El paso del extremo inglés por el Coliseum se ha convertido en uno de los casos más extraños y desconcertantes de las últimas temporadas en LaLiga; una historia que comenzó como un idilio veraniego y que tiene todas las papeletas para terminar como un error de cálculo.

El origen de esta aventura se remonta a la pasada pretemporada. El Getafe se midió al Hull City en un partido amistoso donde un joven y eléctrico Kamara se erigió como el mejor jugador sobre el césped. José Bordalás, técnico azulón, tomó buena nota. Fue un auténtico “flechazo” futbolístico, hasta el punto de que el alicantino pidió expresamente a la directiva que lo trajeran cedido. Dicho y hecho. El británico aterrizó en Madrid, aunque su periplo ya empezó con tintes de rareza: tuvo que esperar varios días en la sombra, aguardando pacientemente el papeleo para su anuncio oficial e inscripción en LaLiga.

Cuando por fin pudo vestirse de corto, las expectativas se diluyeron rápidamente. Kamara debutó disputando unos minutos ante el Oviedo y posteriormente tuvo participación frente al todopoderoso FC Barcelona. A los pocos días, Bordalás le dio la alternativa definitiva: su primera titularidad ante el Deportivo Alavés. Duró exactamente 46 minutos. El técnico lo sustituyó al descanso, en la que terminaría siendo su primera y última presencia en un once inicial en el campeonato liguero.

A partir de ahí, el papel del inglés quedó reducido a la irrelevancia. Fue sumando minutos residuales en los tramos finales de los encuentros, buscando un destello que justificara su fichaje. Su momento de gloria, y a la vez su condena, llegó ante el Real Madrid. En el minuto 95, el extremo dispuso de una ocasión clarísima que desperdició. Ese fallo pareció sentenciarle mental y deportivamente. Comenzó una caída libre en la rotación, dejando su casillero estadístico en blanco: ni rastro de goles, ni rastro de asistencias.

El punto de inflexión definitivo —o eso parecía— ocurrió el pasado 13 de diciembre. Tras el encuentro frente al RCD Espanyol, se confirmó que Kamara sufría una lesión en uno de los huesos del pie. A partir de ese momento, el jugador literalmente desapareció del mapa azulón.

Lejos de hacer piña en Getafe y recuperarse bajo la supervisión médica del club que le paga la ficha temporalmente, Kamara hizo las maletas. Decidió marcharse a Hull para tratarse con médicos ingleses. Durante estos meses de ausencia, la desconexión con la entidad madrileña ha sido total. Se le ha visto pública y reiteradamente vistiendo la ropa de entrenamiento y de paseo del Hull City, su club en propiedad, enviando un mensaje claro sobre dónde estaba su cabeza. En las oficinas del Coliseum y entre la afición, muchos daban por hecho que el británico no volvería a pisar el sur de Madrid.

Pero el fútbol siempre guarda un último giro de guion. Contra todo pronóstico, y tres meses después de su “fuga” médica, Abu Kamara ha reaparecido esta semana por la Ciudad Deportiva del Getafe. Ya se ha entrenado con el grupo y, dependiendo de su estado de forma, no se descarta que pueda entrar próximamente en alguna convocatoria de Bordalás.

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Sin embargo, la realidad de fondo parece inamovible. Kamara es la viva imagen de la inadaptación: no ha logrado aclimatarse al idioma, a la exigencia táctica del equipo, ni a la vida en España. Su regreso a los entrenamientos parece más un formalismo contractual que el inicio de una redención deportiva. Salvo milagro de última hora, el “expediente Kamara” se cerrará pronto, y el joven extremo no tardará mucho en coger un avión sin billete de vuelta rumbo al Reino Unido

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