Atlético de Madrid

El aviso de Marcos Llorente

Retirarse antes de que el fútbol acabe contigo.

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Dentro del fútbol moderno, donde cada vez es más habitual ver carreras que se alargan hasta los 38 o incluso los 40 años, Marcos Llorente parece ir en dirección contraria. El jugador del Atlético de Madrid, con 31 años, ya ha dejado claro que su retirada llegará antes de que su cuerpo le obligue.

Más que una cuestión de edad, el centrocampista habla de coherencia con su forma de entender la vida y con lo que considera la realidad del deporte de élite.

“Yo estoy seguro de que no seré uno de los que se retire porque el físico ya no le da. Antes, todo lo que engloba el fútbol dejará de compensarme”, explicó recientemente.

El propio Llorente ha reflexionado en varias ocasiones sobre el impacto que tiene el fútbol profesional en el cuerpo y la mente de los jugadores, desmontando la idea romántica de que el deporte de élite es sinónimo de salud.

El fútbol no es salud, es rendimiento, y eso no es lo mismo que salud. Estrés físico extremo, viajes constantes, presión mediática, microlesiones continuas, ritmos circadianos alterados o una activación casi permanente del sistema nervioso. Ni que hablar de los analgésicos que muchos necesitan para poder jugar. Esto no está diseñado para optimizar la longevidad, sino para ganar”, escribió en sus redes sociales.

Cada vez vemos más casos en el fútbol profesional, el precio físico y mental que deja el deporte de élite. Rodillas destrozadas, caderas castigadas, secuelas de golpes en la cabeza, lesiones crónicas o incluso problemas psicológicos que aparecen cuando se apagan los focos.

El propio Llorente también ha sido crítico con el calendario y con las exigencias del fútbol actual.

“Lo que cambiaría del fútbol son los horarios y la cantidad de partidos”, señaló recientemente. “Llegará un momento, más pronto que tarde, en el que el fútbol dejará de compensarme”.

Pone sobre la mesa una realidad que muchos futbolistas conocen bien, el éxito deportivo a veces deja cicatrices que duran toda la vida.

Desgaste físico

Las lesiones son la cara más visible de ese desgaste. Rodillas, tobillos que nunca vuelven a ser los mismos o caderas que arrastran dolor durante años... forman parte del día a día de muchos futbolistas.

Marco van Basten, uno de los grandes delanteros de la historia, tuvo que dejar el fútbol con apenas 29 años, tras varias operaciones en el tobillo, que nunca lograron solucionar del todo sus problemas físicos.

También es paradigmático el caso de Ronaldo Nazário. El brasileño sufrió dos gravísimas lesiones de rodilla cuando jugaba en el Inter de Milán que marcaron el resto de su carrera. Aunque logró reinventarse y volver a ser decisivo, el desgaste acumulado terminó precipitando su retirada en 2009.

Otros jugadores tampoco pudieron escapar a ese desgaste. Carles Puyol acumuló numerosas lesiones a lo largo de su carrera, especialmente en las rodillas, además de problemas en el tendón de Aquiles que acabaron obligándole a retirarse antes de lo previsto.

En algunos casos, las secuelas aparecen incluso después de colgar las botas. El argentino Gabriel Batistuta llegó a reconocer años después de su retirada que el dolor constante en los tobillos llegó a ser tan intenso que incluso le pidió a un médico que le amputara las piernas.

Aquí nos damos cuenta hasta qué punto puede deteriorarse el cuerpo de un futbolista.

Presión psicológica

Pero el desgaste del fútbol no siempre es visible. Más allá de las lesiones físicas, muchos jugadores han tenido que enfrentarse a problemas psicológicos derivados de la presión, la exposición mediática o el miedo a fallar.

Uno de los testimonios más impactantes es el de Zuhaitz Gurrutxaga, exjugador de la Real Sociedad y miembro de aquel equipo que fue subcampeón de Liga en 2003. El propio Gurrutxaga ha contado años después que durante su carrera sufrió un trastorno obsesivo compulsivo severo que condicionaba incluso su manera de jugar.

Debutó en Primera División con apenas 19 años y, tras una expulsión en un partido contra el Atlético de Madrid, pasó de ser un jugador desconocido a convertirse en el centro de atención mediática. Aquella exposición marcó el inicio de un proceso complicado.

El miedo a fallar o a decepcionar a su entorno llegó a ser tan intenso que, según ha explicado, en ocasiones prefería quedarse en el banquillo antes que salir al campo.

Años después de retirarse, Gurrutxaga ha convertido su experiencia en un monólogo titulado Fútbol TOC, donde relata la batalla psicológica que vivió durante su etapa como futbolista.

Otro caso significativo es el de Jesús Navas. El jugador del Sevilla sufrió en sus primeros años de carrera un fuerte trastorno de ansiedad y episodios de pánico escénico que incluso pusieron en peligro su continuidad en el fútbol profesional.

Entre 2005 y 2008, la presión del fútbol y la dificultad para separarse de su entorno familiar le provocaban ataques de ansiedad que le impedían permanecer lejos de casa durante largos periodos. En varias ocasiones tuvo que abandonar concentraciones e incluso llegó a perderse torneos internacionales.

Carreras frenadas demasiado pronto

En otros casos, las lesiones o los problemas médicos no solo dejan secuelas: directamente ponen fin a carreras prometedoras.

El alemán Sebastian Deisler, considerado una de las grandes promesas del fútbol europeo, se retiró con solo 27 años tras cinco operaciones de rodilla y una profunda depresión.

En España, el caso de Rubén de la Red que tenía 23 años marcó al fútbol nacional. El centrocampista del Real Madrid tuvo que abandonar el fútbol profesional tras sufrir un desvanecimiento en pleno partido debido a un problema cardíaco.

Algo similar ocurrió con Álvaro Benito, una de las grandes promesas de la cantera madridista que tuvo que retirarse con 26 años tras una grave lesión de rodilla que nunca logró superar del todo.

Retirarse antes de que el fútbol te retire

En contraste con esas retiradas forzadas, algunos futbolistas han optado por marcharse antes de que el desgaste físico o mental termine pasando factura.

Es el caso de Toni Kroos. El centrocampista alemán decidió retirarse tras la Eurocopa de 2024 en uno de los mejores momentos de su carrera. Su objetivo era claro: dejar el fútbol en lo más alto y bajo sus propios términos.

Kroos explicó que siempre quiso retirarse cuando aún se sintiera competitivo y siendo recordado por su mejor versión, evitando así el desgaste que muchas veces acompaña a los últimos años de carrera de los grandes futbolistas.

Una decisión similar tomó Raphael Varane. El central francés, campeón del mundo en 2018, ya había renunciado antes a la selección francesa al considerar que la exigencia del calendario y el ritmo del fútbol moderno estaban teniendo un coste demasiado alto.

“El jugador se estaba comiendo al hombre” y subrayó la necesidad de priorizar la salud mental y la vida personal en un deporte cada vez más exigente.

El precio invisible del fútbol

Las palabras de Marcos Llorente conectan con todas esas historias que el fútbol suele esconder. Porque, aunque el éxito deportivo y la fama formen parte del imaginario del fútbol, el precio que pagan muchos jugadores no siempre se ve desde la grada. Lesiones crónicas o problemas psicológicos forman parte de una realidad que muchos futbolistas conocen demasiado bien.

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Por eso, cuando Llorente asegura que dejará el fútbol antes de que su cuerpo le obligue, su reflexión va más allá de una decisión personal. Es también un recordatorio de que, detrás del espectáculo, el deporte de élite tiene un coste que a veces dura toda la vida.

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