Crónica de una sequía anunciada
Con tres goles en nueve partidos, el Getafe atraviesa uno de los peores momentos ofensivos de su historia reciente.
En el fútbol, la manta suele ser corta: si te tapas la cabeza, te destapas los pies. El Getafe de José Bordalás, históricamente conocido por su solidez defensiva y su capacidad para rentabilizar al máximo cada gol, se ha encontrado esta temporada con que la manta no le llega ni a los tobillos en la faceta ofensiva. El Coliseum asiste con preocupación a una sequía que ha dejado de ser una mala racha para convertirse en un problema estructural: el equipo ha olvidado cómo marcar goles.
Las estadísticas de las últimas nueve jornadas de LaLiga son una losa pesada sobre la espalda del plantel. El balance es paupérrimo: apenas tres goles a favor en casi tres meses de competición. Sin embargo, lo que realmente quita el sueño al cuerpo técnico no es solo el cuánto, sino el cómo. De esa exigua terna de goles (ante Elche, Rayo Vallecano y Real Sociedad), la producción ofensiva se sostiene con alfileres.
800 minutos de oscuridad en el juego dinámico
El dato más demoledor que arroja el análisis del juego azulón es la incapacidad para generar peligro con el balón en movimiento. Los tantos ante la Real Sociedad y el Rayo Vallecano llevaron la firma de Juanmi y Mauro Arambarri, ambos a balón parado. El uruguayo, con su potente golpeo y capacidad de llegada, se ha convertido en el único argumento fiable.
Si descontamos las acciones de estrategia, la realidad es terrorífica: el Getafe ha marcado un solo gol en juego corrido (el de Arambarri ante el Elche) en los últimos 800 minutos de fútbol, sumando los tiempos reglamentarios y los cada vez más extensos descuentos. Estamos hablando de más de trece horas de juego real en las que el equipo ha sido incapaz de trenzar una jugada, un contraataque o una combinación que acabe con el balón en la red. Una esterilidad que convierte cada partido en una misión imposible si el rival logra adelantarse en el marcador.
La añoranza de Mayoral y la crisis de la segunda línea
Para entender este colapso hay que mirar a la enfermería y al banquillo. La lesión de menisco de Borja Mayoral ha dejado al equipo huérfano de su referencia, de ese “9” capaz de fabricarse goles de la nada. Sin él, la responsabilidad recaía en una segunda línea que, hasta el momento, ha desaparecido del mapa.
El caso de Juanmi es paradigmático. Su gol ante la Real Sociedad fue celebrado con rabia, pero también sirvió para recordar una estadística dolorosa: era su primer tanto en un año natural. Un delantero de su experiencia no puede permitirse silencios tan prolongados. Pero Juanmi no está solo en la falta de puntería.
El resto del arsenal ofensivo tiene la pólvora mojada en lo que va de año: Álex Sancris, Coba y Kamara presentan un balance de cero goles en este tramo de la temporada. Su aportación, que debería ser clave para desatascar partidos cerrados por las bandas, es inexistente. Liso, la joven promesa que ilusionó a la grada en el arranque liguero marcando en las jornadas 1 y 2, se ha diluido completamente. Desde aquel fulgurante inicio, su producción se ha frenado en seco, contagiándose de la apatía generalizada del ataque.
“Arambarri-dependencia”: un plan insostenible
Ante este panorama desolador, el Getafe ha reducido su plan de ataque a una carta suicida: esperar a que Mauro Arambarri se invente algo. Ya sea una falta directa, un rechace en la frontal o un cabezazo en un córner, el mediocentro charrúa es el único que parece tener la portería entre ceja y ceja. Sin embargo, fiar la permanencia y los puntos a la inspiración goleadora de un pivote defensivo es, a todas luces, insostenible en una liga tan competitiva como la española.
A la cola de Europa
La frialdad de los números sitúa al Getafe en una posición crítica en el contexto nacional. Actualmente, es el segundo equipo que menos goles marca en toda LaLiga, superando únicamente al Real Oviedo. Esta estadística no solo preocupa por la clasificación actual, sino que proyecta una sombra alargada sobre el futuro inmediato del club.
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Si el Getafe no encuentra soluciones urgentes —ya sea recuperando efectivos, fichando en el mercado o alterando drásticamente su sistema táctico—, la falta de gol amenaza con convertir la temporada en un sufrimiento agónico. Porque en el fútbol se puede sobrevivir defendiendo bien, pero para vivir se necesita marcar, y el Getafe, hoy por hoy, no tiene quien escriba el gol.
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