Arambarri y el arte de los penaltis
El centrocampista uruguayo es un seguro de vida desde los once metros con una técnica que enamora al Coliseum.
Hay futbolistas que eligen el lado, otros que esperan al movimiento del portero y luego está Mauro Arambarri. Para el uruguayo, la línea de los once metros no es un lugar de especulación, sino una zona de ejecución. En un fútbol donde abunda el “pase a la red”, Arambarri ha recuperado la vieja escuela del golpeo seco y violento, transformando sus penaltis en auténticos misiles tierra-aire que parecen más despejes con rabia que remates colocados.
Los números no mienten: cinco lanzamientos con la camiseta del Getafe y cinco aciertos. Su técnica es tan rudimentaria como efectiva: pegarle lo más fuerte posible. Para los guardametas rivales, adivinar la trayectoria es apenas la mitad del trabajo; la otra mitad, la de detener un balón que viaja a velocidades imposibles, se ha vuelto una misión suicida.
Decisivo en el momento clave
La importancia de Arambarri en el esquema de José Bordalás ha trascendido su despliegue físico habitual. En las últimas dos jornadas, el “8” azulón ha sido el factor diferencial. Ante el Villarreal (2-1), fue el encargado de abrir la lata para encarrilar una victoria vital en el Coliseum. Días antes, en Mendizorroza ante el Alavés (0-2), no le tembló el pulso para sentenciar el encuentro desde el punto fatídico.
Dos partidos, dos penaltis y seis puntos que llevan la firma de un jugador que vive su etapa más dulce de cara a puerta.
La metamorfosis táctica: El “efecto Milla”
La explosión goleadora de Arambarri no es casualidad, sino el resultado de una evolución táctica. En las últimas dos temporadas, el uruguayo ha anotado 14 goles, el doble de lo que consiguió en sus siete campañas anteriores (donde sumó 7 tantos).
La clave de este cambio reside en la sala de máquinas. Tras la salida de Nemanja Maksimovic, el equilibrio del equipo ha mutado. Luis Milla se ha asentado como el ancla indiscutible, quedándose un paso por detrás en la base de la jugada. Esta seguridad defensiva ha “soltado” a Arambarri, permitiéndole pisar área con más frecuencia, aprovechar su llegada desde segunda línea y, sobre todo, explotar su privilegiado golpeo.
Caza de récords en el Coliseum
Con su reciente racha, Mauro Arambarri ya ha hecho historia en el club del sur de Madrid. Con 21 goles, el charrúa ha igualado a una leyenda como Javier Casquero en la tabla de máximos goleadores históricos del Getafe en la posición de centrocampista.
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Ahora, el uruguayo tiene un nuevo objetivo en el horizonte: los 24 goles de Pedro León. A este ritmo, y con su infalibilidad desde los once metros, parece solo cuestión de tiempo que Arambarri se corone como el centrocampista más goleador de la historia azulona. De momento, cada vez que el árbitro señala el punto de penalti, el Coliseum respira tranquilo: el cañón uruguayo está listo para disparar.
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