Locura y tablas en El Pozuelo
Un gol de Isaac en el 98’ dio un punto al Torremolinos ante un Hércules que se adelantó dos veces y no supo frenar el caos en el descuento.
El fútbol se volvió salvaje en El Pozuelo cuando el reloj ya pedía la hora. Penalti al palo, rebote imposible, doce minutos de añadido y un derechazo en el 98’ para prender fuego a la tarde. Juventud de Torremolinos y Hércules empataron (2-2) en un final de auténtica locura, de esos que dejan al ganador sin premio y al derrotado sin derrota. Si alguien se fue con la sensación de haber perdido algo fue el Hércules. Se adelantó dos veces en un campo incómodo, de dimensiones reducidas y partido espeso, y dos veces vio cómo el Torremolinos le respondía con carácter. Un punto que no saca de pobre a ninguno: los malagueños siguen en descenso; los alicantinos, tranquilos en la tabla, a tres de la promoción, pero con el runrún de lo que pudo ser.
La tarde, calurosa tras semanas de temporal en la provincia de Málaga, empezó áspera. Mucho choque, poco espacio y el guion habitual del Torremolinos en casa: partidos cerrados, de fricción y paciencia. En ese barro, el Hércules encontró oro. Fran Sol sacó petróleo en un balón de espaldas en el lateral para forzar una falta que sacó Andy Escudero, medida con la zurda y Ropero, dibujó un cabezazo perfecto en el primer palo, con parábola y violencia estética, directo a la escuadra de Fran Martínez. Un golazo para hacer lo más difícil: abrir la lata en un encuentro sin grietas. Antes del descanso, Blazic ya había sostenido a los suyos con una gran intervención a Ribeiro. El Hércules no dominaba, pero era eficaz. Y eso, en partidos así, suele ser media vida.
Pito, el pulso y la reacción
El empate no tardó. Sergio Díaz la colgó desde la izquierda, el balón quedó muerto en el área y Pito Camacho lo cazó con la derecha. Rozó Blazic, casi lo sacó Rentero bajo palos, pero terminó dentro. 1-1 y partido nuevo. El Torremolinos olió sangre. Pito se convirtió en el epicentro de todo, el equipo de Antonio Calderón subió líneas y el encuentro ganó temperatura. Hubo protestas, revisión por una acción sobre Monsalve y tensión en cada duelo. Para colmo visitante, Ropero cayó lesionado, añadiendo incertidumbre a un Hércules que empezaba a perder pie.
Y, sin embargo, cuando peor estaba, el Hércules volvió a golpear. A veinte del final, Samu Vázquez probó desde la esquina del área y Dani desvió el balón a su propia portería. 1-2. Gol feo, pero oro puro. El Torremolinos, otra vez herido, respondió con orgullo. Volcó el campo, acumuló centros y generó un asedio constante sobre Blazic, el mejor de los suyos. El premio pareció llegar en un penalti en pleno barullo y donde Beto pidió chequearlo. Pito asumió la responsabilidad… y el guion dio otro giro: disparo al palo, rebote en Blazic y ocasión al limbo. Increíble.
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El Hércules tenía el partido en la mano. Pero le faltó mala intención para cerrarlo. En el 98’, otro balón colgado, una cadena de rechaces y, finalmente, Isaac González fusilando a quemarropa. El Pozuelo estalló. Aún hubo un amago de tercero local en un añadido interminable de doce minutos. Pero el marcador ya no se movió. Un empate que sabe a poco. El Torremolinos se aferra a su carácter, a esa capacidad para levantarse dos veces y pelear hasta el último suspiro. El Hércules, en cambio, se marcha con la sensación de haber hecho lo más difícil… y no haber sabido rematarlo. Empate de barro y fuego. De Primera RFEF en estado puro.
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