La metamorfosis de la Champions

El nuevo formato asegura más emoción hasta el final y mucha más igualdad durante la fase de grupos.

AITOR MARTIN
Redacción de AS
Actualizado a

El fútbol femenino europeo ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una realidad estadística aplastante. Lo que antes eran intuiciones sobre el crecimiento del nivel competitivo en el continente, hoy son cifras que respaldan una apuesta valiente de la UEFA. El nuevo formato de la Women’s Champions League no solo ha traído más partidos, sino una calidad que se palpa en cada control y en un tablero de resultados donde la brecha entre los clubes se está estrechando de forma irreversible.

Ya no es solo la sensación de que los partidos son más disputados; es la certeza que arrojan los números tras este cambio de ciclo. La competitividad se ha disparado de tal manera que el margen medio de victoria se ha desplomado, pasando de los 2,88 goles de cursos anteriores a un mucho más ajustado 1,98. Esta reducción de casi un gol de diferencia por encuentro es el síntoma más claro de que la élite europea se ha compactado, eliminando esas goleadas de antaño que restaban emoción al producto y obligando a los trasatlánticos del continente a sudar cada triunfo.

Esa igualdad no ha mermado, sin embargo, el instinto depredador de las delanteras, pues la eficacia goleadora se mantiene firme con un promedio de 3,46 goles por partido, una cifra que garantiza el espectáculo y que se traduce en un total acumulado de 166 dianas en lo que va de fase de liga. Lo más revelador es la procedencia de este peligro: casi una cuarta parte de esos goles, concretamente un 23 por ciento, han llegado a través de jugadas a balón parado, lo que habla de un nivel de preparación táctica y de detalle que ya no envidia nada a la categoría masculina.

Pero donde realmente se siente el pulso de esta nueva era es en la incertidumbre del marcador. El equilibrio es tal que un 42 por ciento de los enfrentamientos se han decidido por un solo gol de diferencia o han terminado en tablas, una estadística que mantiene el corazón del aficionado en vilo hasta el pitido final. Además, los equipos locales ya no tienen el camino tan despejado, como demuestra ese 35 por ciento de victorias visitantes que subraya la personalidad con la que los clubes viajan ahora por Europa.

La Champions femenina ha encontrado su equilibrio perfecto entre el brillo individual y la solidez estructural. Con un porcentaje de acierto en el pase que ya roza el 81 por ciento de media global, el juego es más fluido, más técnico y, sobre todo, más profesional. El camino hacia la final de Oslo no es solo una ruta deportiva, es la confirmación de que, cuando se apuesta por un formato de nivel superior, el fútbol responde con una competitividad feroz que los datos, por fin, se encargan de elevar a los altares.

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