La puntilla para Camavinga
El francés, que parecía destinado a ser titular en Múnich, se quedó sin sitió en el once y en una acción tan ingenua como severamente castigada.
Discutido durante la temporada, el destino parecía tenerle reservada a Camavinga una gran noche… que no fue. Ni le tenía guardada esa oportunidad ni se convirtió en un punto de inflexión para la irregular campaña del internacional francés. Tchouameni estaba sancionado para Múnich por la amarilla que vio en la ida y con la que cumplía ciclo. Todo hacía pensar que su vacante estaba destinada a su compatriota, pero las dudas que dejaron la actuación de Camavinga ante el Girona y su tan rigurosa como ingenua expulsión, por la que pidió perdón en la noche del jueves, en el Allianz convirtieron la que debía ser la noche de su reivindicación en otra noche para olvidar.
El de Cabinda, de 24 años, apura su quinta temporada en el Madrid sin terminar de salir del cascarón. Un inicio de etapa fulgurante (gol al Celta en su debut, asistencia contra el Inter en su segundo partido) que no ha terminado de fraguar. Incapaz de asentarse en la titularidad pese a su disposición a jugar allá donde le pusieran sus entrenadores: como pivote, solo o acompañado; de interior, más acostado en la banda… Eso en el centro del campo. Porque Ancelotti lo llegó a ‘inventar’ como lateral izquierdo de emergencia ante la plaga de lesiones. Una posición en la que incluso se asentó con cierto éxito. Xabi Alonso y Arbeloa también han recurrido a él para ocupar esa posición este curso.
Los pecados de juventud de los que ya adolecía en sus primeros pasos con la camiseta madridista, entonces más que justificables, le siguen persiguiendo. Camavinga salió señalado de los dos últimos partidos de Liga. Perdió la marca en el primer gol del Mallorca en la derrota en Son Moix y la inseguridad fue la nota predominante de su encuentro ante el Girona. Un ensayo general para Múnich que suspendió a tenor del once que acabó sacando Arbeloa en el Allianz. El técnico optó finalmente por dar el timón del centro del campo al multiusos Valverde junto a tres jugadores de marcado perfil ofensivo como Bellingham, Güler y Brahim.
Con el 2-3 Arbeloa dio a Camavinga la última media hora en lugar de Brahim, pero su concurso se acabó en el 87’ de una manera tan inexplicable como letal para su equipo. De una amarilla de oficio, a otra producto de la ingenuidad propia y el exceso ajeno. Vio la primera al no encontrar otro recurso que el agarrón para impedir el avance de Musiala. Poco que reprochar. La segunda por llevarse el balón para impedir un saque rápido del Bayern. Se encontró con un Vincic severo, que había perdido la perspectiva del partido y, sin tener en cuenta que ya estaba cargado con tarjeta, le sacó la segunda de forma tan severa como ingenuo fue el gesto del francés. Una acción más propia de un jugador inexperto que de alguien que lleva 217 partidos con el Madrid. Y el equipo se desmoronó al verse con diez.
Camavinga tiene contrato hasta 2029, en un vínculo que renovó en noviembre de 2023. Pero desde entonces sus números han ido a menos. Aunque lastrado por las lesiones, sus números han pasado de los 3.551 minutos que jugó en la 2022-23 (su segundo curso), a 2.810’ en la 23-24 y 1.968’ en lo que va de esta. El año pasado, en una temporada maratoniana para el Madrid con el Mundial de Clubes (que Cama no disputó por lesión), se quedó en 2.082’. La no titularidad en Múnich y su desafortunada expulsión dejan a Camavinga en una situación muy delicada.
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