Así diseñó Mourinho el ‘milagro de Da Luz’
AS radiografía las horas previas al triunfo del Benfica ante el Madrid. La preparación de un duelo que para Mou fue una especie de rebelión ante las críticas.
No fue un triunfo más. Fue, en sus palabras, “una victoria de un prestigio increíble para el Benfica”. Porque no era un partido más para José Mourinho. Por su pasado, pero también por su presente y su futuro. Porque ganar al Madrid era, es, un grito de rebeldía. Contra sus críticos, contra todos. Mayor si cabe por el cómo. Por los tintes épicos. Por esa remontada, por ese gol de Trubin que ni Trubin sabía que necesitaban. Ese 4-2 que convirtió una quimera, el top-24, en realidad. Pero ‘el milagro de Da Luz’ comenzó mucho antes del silbatazo. Y AS mete el bisturí a esas horas previas.
Para Mourinho, el alfa de su preparación fue liberar a sus jugadores. Quitarles presión, en la medida de lo posible. Quitarle los grilletes a su fútbol y hacerles comprender que había mucho más que ganar que perder. Y, sobre todo, que era posible. Así lo trasladan a este periódico fuentes próximas al banquillo encarnado. El objetivo primordial, antes de trazar lo táctico, fue lo mental. Inyectar en la sangre de sus jugadores que era posible hablar de imposibles.
Fueron horas previas de mucha charla, de mucha cercanía, de mucha anécdota. De mucho recuerdo. Para que en las entrañas de Da Luz tuvieran presente que él ya había estado ahí, que sabía qué teclas tocar. Y que la victoria no dependía de deméritos de la tropa de Arbeloa, sino de aciertos propios. Además de tocar la fibra de la reivindicación, después de una temporada complicada donde la Champions podía ser, primero, clavo ardiendo. Y después, trampolín. Una preparación made un Mou.
Las claves
Y en lo táctico, todo estaba controlado al milímetro. Cada jugada, cada detalle. El de Setúbal estudió los mecanismos blancos, como es natural, pero trató de dejar claro dos conceptos. El primero, el peligro del Madrid para armarse rápido y, en dos o tres toques, montar un incendio. Como le ocurrió Mónaco. Consciente de que enfrente tenía a un equipo más de acción que de maduración.
El segundo, la debilidad que había identificado en los de Chamartín a la hora de reaccionar ante la pérdida. Algo que entrelaza con una virtud propia de Las Águilas, el cuarto mejor recuperador en campo contrario de la competición. Si no a través de la recuperación en sí, sí a la hora de forzar el error madridista. Y, cuando se dieran esas situaciones, les dejó claro los conceptos: verticalidad, pragmatismo y valentía. De nuevo, made in Mou. Conceptos sencillos, pero concisos. Sin querer descubrir la receta de la Coca Cola. Esos fueron sus preceptos, mentales y tácticos. El resultado: los cuatro tantos, los 12 tiros entre palos (peor dato de de la temporada blanca) y los 10 kilómetros de más que corrió su Benfica.
La explosión
Desde el primer minuto se observó. De ahí la desesperación de Mourinho en el banquillo, cuando la falta de tino de Pavlidis, de Araújo, de Barreiro, de Schjelderup a pesar del doblete, dejaban el plan sin guinda. Más aún cuando apareció la cabeza de Mbappé tras un servicio sensacional de Asencio. Pero ahí donde salió a la superficie el trabajo mental, el que hizo que el castillo no fuese de naipes, sino de ladrillo. Y de ahí esa explosión de euforia en la celebración del 4-2. Tan grande que se abrazó a Arbeloa. “Álvaro es hombre de fútbol y entendió que en ese momento te olvidas de todo”. Y Mou lo hizo.
“Hambre por ganar”
Una liberación. Una demostración, deslizan quienes mejor le conocen, “de su hambre por ganar”. Intacta, a sus 63 años. “Pasa horas en el Benfica Campus y se asegura de ver los entrenamientos de los distintos equipos formativos. Duerme allí, come allí. Está feliz y muy implicado. Le dedica mucho tiempo al club y su gente”, sale de su círculo. Allí, en las entrañas del club, nació el plan antiMadrid. Y, a pesar de la situación, con el equipo lejos del primer puesto en Portugal (a 10 puntos del Oporto), no quiere pensar en el futuro, que también (tiene contrato hasta 2027), sino en el presente. Así se lo trasladó a sus jugadores ante el Madrid, así lo traslada día a día.
Contexto
Aterrizó en el Benfica en una etapa de turbulencias internas y en plena campaña. “Fue contratado por Rui Costa un poco como un arma electoral para las elecciones a la presidencia del Benfica, que estaban muy, muy difíciles. Y Mourinho funcionó a la perfección en este sentido porque fue vital para su victoria”, radiografió en AS Bernardo Ribeiro, director de Record. Pero su plan era, es, ser mucho más que un arma electoral. Y para ello necesita tiempo. Lo pidió tras el milagro de Da Luz: “Lo único que me gustaría que esta victoria trajera es un poco de respeto. Hago un llamamiento a mucha de esta gente para que no se suicide ni se tire de balcones, que se tranquilicen. El Benfica perderá y nos volverán a matar. Lo único que me gustaría es un poco de respeto para el Benfica y para los jugadores”.
Heredó, de Bruno Lage, un plantel en dinámica complicada, con muchas salidas de jugadores importantes y mucha llegada, con pretemporada marcada por el Mundial de Clubes. El Oporto camina lejos, de momento, pero Mou pretende que este triunfo sea el clic necesario. Aunque las cifras no son malas: es el segundo mejor ataque de Portugal, tercero en posesión (58%), segundo en tiros a puerta y en toques en el área, primero en recuperaciones en el último tercio...
Además de no haber perdido todavía en liga tras 19 partidos, algo que no ocurría desde la 2012-13. A estas alturas tiene más puntos que el curso pasado (45 a 41) y el balance goleador es similar. Pero el técnico es consciente de que deben dar más. Que hay otro escalón a subir. El reto de alcanzar la cima es complicado, pero todo pasa por empezar a recortar. Paso a paso. Y quiere que el Madrid, sea su kilómetro cero.
“Estaría igual de feliz si ganamos como lo hicimos al Madrid y no nos hubiéramos clasificado”
Mourinho, tras el partido
Por la victoria, pero, sobre todo, por todo lo demás: “Estaría igualmente orgulloso si no nos clasificamos. Era el reto que había mandado a los jugadores: si no nos clasificamos, al menos tenemos que ganar. Era el orgullo que había detrás de esa actitud. Estaría igual de feliz si ganamos como lo hicimos al Madrid y no nos hubiéramos clasificado”.
Mourinho salió orgulloso de Da Luz. Después de charlar con Arbeloa, maestro y alumno. Saludó a varios periodistas locales, con una sonrisa imborrable. Consciente de que había mandado un mensaje con el partido. Sobre todo, a sus jugadores. Querer es poder. Y como quisieron, pudieron.
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