SEVILLA

Diego Maradona y su año de la pelotita de plata en el Sevilla

El astro argentino jugó en Nervión durante la 92-93. La euforia de aquel gran fichaje se quedó en detalles y malabarismos y en una enorme decepción final.

Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Carlos Salvador Bilardo creía que su binomio con Diego Armando Maradona podría crear en LaLiga un milagro todavía mayor al que ambos protagonizaron para Argentina con México-86. Por eso, El Narigón insistió en 1992 en el fichaje de su compatriota, justo después de que éste cayera a los infiernos de Nápoles cuando el doping le cazó inevitablemente por consumo de cocaína y sufrió una dura sanción por ello. Pasada la treintena, aquel futbolista que fue imparable intentaría resucitar su mejor versión de regreso a LaLiga, donde ya había militado con el Barcelona temporadas antes de convertirse en el ídolo de San Paolo.

Un fichaje, más que un parto. Hasta el entonces secretario general de la FIFA, Joseph Blatter, intervino para que Maradona acabara en Nervión después de muchas negociaciones, al principio fallidas, que protagonizó el presidente sevillista Luis Cuervas. Diego llegó y Bilardo soñó con que El Pelusa sería "el hombre que llevaría al Sevilla a la gloria" en un equipo que contaba con dos cracks de la talla de Diego Simeone y Davor Suker, que acabarían posteriormente en Atlético y Real Madrid; con internacionales como Diego Rodríguez, Manolo Jiménez o Rafa Paz y hasta con Monchi, el actual director deportivo sevillista, como uno de sus porteros.

La aventura maradoniana no pudo comenzar mejor, con El Pelusa hecho una sílfide, cuentan las crónicas de la época que llegó a perder hasta 10 kilos. Diego, de penalti, marcó el gol con el que el equipo blanquirrojo derrotó en Nervión al Zaragoza a principios de octubre. El partido sin embargo, será recordado por un momento que define mejor que ningún otro la estancia del astro de Villa Fiorito en la capital del Guadalquivir. Antes de un córner, alguien de la grada lanzó una pelota de papel de plata. El argentino tomó la bolita y empezó a hacer malabarismos con ella, ajeno durante segundos al devenir del partido. Nervión alucinaba.

Hubo euforia en los inicios, buen fútbol y puestos europeos durante algunos meses y decepción mayúscula al final de temporada, después de varios encontronazos entre el club y el divo, que en febrero fue convocado por Argentina tras cumplir su sanción para unos amistosos ante Brasil y Dinamarca. El Sevilla no quería dejarle marchar al encuentro ante los nórdicos pero Maradona hizo caso omiso y se escapó, arrastrando en su huida por cierto a su compatriota un joven Simeone. El club expedientó a ambos y la relación nunca fue ya la misma. Diego engordó, aparecía cada vez menos por los entrenamientos. El Sevilla le llegó a poner hasta un investigador privado para que destapara, la cabra tira al monte, no pocas andanzas del 10 en la noche hispalense. Muchas de ellas permanecen aún bajo la llave de secreto.

Un empate ante el Burgos (1-1) fue su último encuentro en el Sánchez Pizjuán. Maradona se machó a comienzos de la segunda mitad mientras maldecía a Bilardo. Había metido cinco goles. El club de Nervión terminó séptimo, sin Europa y por supuesto sin ese título en el que había confiado tanto Bilardo. Pero el Sevilla, Monchi lo reconoce muchas veces, puede presumir de haber tenido en sus filas al "genio del fútbol mundial".

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