Outdoor

Lindsey Vonn desmiente varios mitos sobre el esquí

La campeona olímpica aclara en SELF cómo se gana dinero en el esquí alpino, el peso real del material, el miedo, la edad y la presión en competición.

JONATHAN NACKSTRAND
Redactor de As Acción
Proveniente del ámbito de la producción audiovisual, su dilatada experiencia de más de 10 años siguiendo la actualidad de los deportes de acción le ha llevado a convertirse en una de las firmas más reconocidas del panorama nacional en este tipo de disciplinas.
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Antes de romperse en los JJOO, en una entrevista con SELF, la campeona olímpica desmontó varias ideas preconcebidas sobre el esquí alpino, desde el papel del material hasta cómo se financia la carrera de un profesional.

Una de las creencias más extendidas es que el esquí olímpico consiste únicamente en bajar lo más rápido posible. Vonn matiza: “En el descenso sí se trata de velocidad pura, pero las disciplinas técnicas son mucho más complejas”. Recuerda que existen cinco pruebas —descenso, supergigante, gigante, eslalon y combinada— y que cada una exige habilidades y perfiles físicos distintos. “El eslalon es mucho más técnico; el descenso es riesgo y una sola bajada”, explica.

También aborda el eterno debate entre técnica y material. Para la estadounidense, ambos son inseparables. Compara la puesta a punto de los esquís con la de un monoplaza de Fórmula 1: ángulos de botas, fijaciones y alineación influyen directamente en la velocidad. “No puedes tener una cosa sin la otra”, resume.

En el plano económico, confirma otro mito: los esquiadores dependen en gran medida de patrocinios y premios. “Confiamos mucho en nuestros sponsors”, afirma. Y añade un dato revelador: en Estados Unidos no existe un apoyo gubernamental directo para los atletas olímpicos. “Para sostenerte financieramente necesitas estar en el top-10. En el top-20 ves algo de dinero, pero es difícil vivir solo de eso”.

Vonn, que ha disputado sus quintos Juegos Olímpicos, reconoce que la presión ha aumentado con cada victoria. “Cuando ganas, esperan que vuelvas a ganar”. A sus 41 años, combina experiencia y ambición, aunque la fuerte caída en Milán-Cortina le depara un futuro incierto.

Lejos de tópicos, también desmonta ideas sobre la edad y el maquillaje en competición —“está permitido”— y recuerda que el circuito no se limita al invierno: los equipos persiguen la nieve durante todo el año.

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Con franqueza y sin filtros, Vonn reivindica la complejidad de un deporte donde la velocidad es solo la punta del iceberg.

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