Ciclismo

Verona y las licencias de Andorra: “Una Federación no está para ganar ni para perder, estoy decepcionado”

Carlos emite una carta abierta acerca de un tema candente en los últimos tiempos entre los más de 100 profesionales que residen en el Principado.

Diario AS
Redactor en la sección Más Deporte y enviado especial de Ciclismo
Nació en Arenas de San Pedro (Ávila) en 1995. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Entró en AS en 2016, en su tercer año de carrera, y desde entonces está en el medio. En la actualidad, el ciclismo es su principal ocupación, siendo el enviado especial de AS al Tour de Francia, Vuelta a España…
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Carlos Verona (33 años) es ya, pese a su edad, uno de los grandes veteranos del pelotón con más de una quincena de temporadas en el profesionalismo, llevando un largo tiempo instalado en Andorra... país en el que es incluso el organizador de una carrera y, además, uno de los grandes valedores e impulsores de su difusión en lo que a ciclismo se refiere. En los últimos tiempos, con el propio Carlos implicado, hay una discusión sobre las licencias de los ciclistas por lo que el del Lidl-Trek emitió una carta abierta sobre esta temática.

Carta abierta de Carlos Verona

A la opinión pública,

A los ciclistas profesionales residentes en Andorra,

Y a la Federación Andorrana de Ciclismo,

Lo primero que quiero dejar claro es que nunca tuve intención de hacer públicos estos hechos. Por respeto a las personas que trabajan en la Federación y que nada tienen que ver con la gestión de la actual Junta Directiva; por respeto a la Secretaría d’Esports, que siempre ha estado abierta al diálogo; y, en particular, a la ministra Mònica Bonell, quien ha mostrado una especial empatía hacia los ciclistas profesionales que vivimos en Andorra.

El motivo de esta carta es exclusivamente aclarar los hechos, ya que desde la Federación se ha hecho alusión directa a mi persona en medios de comunicación y a través de mensajes privados a compañeros de profesión, afirmando que he sido yo quien ha denunciado la situación ante la Union Cycliste Internationale (UCI), y que soy uno de los pocos corredores que ha solicitado tramitar la licencia en su país de origen en lugar del de residencia.

Quiero ser muy claro: Carlos Verona no ha denunciado a la Federación Andorrana de Ciclismo ante la UCI en ningún momento.

Sí he tratado esta cuestión con Adam Hansen, nuestro representante en la CPA, con quien hablo habitualmente sobre distintos temas relacionados con la mejora del ciclismo profesional. Como es lógico, no fui el único corredor que trasladó esta preocupación, y fue precisamente por la inquietud generalizada que la UCI decidió intervenir y establecer como medida cautelar la posibilidad de que los corredores residentes en Andorra pudieran tramitar su licencia en su país de origen hasta que se aclarase la situación.

De hecho, según fuentes próximas a la propia Federación, hasta inicios de esta semana menos de la mitad de los corredores que sacamos licencia en 2025 lo hemos hecho ya en 2026. Por tanto, no he actuado en solitario ni en contra de nadie; he intentado, como muchos otros, frenar una decisión que considero desmesurada y, sobre todo, mal gestionada desde el principio hasta el final.

Cómo empezó todo

Antes de las elecciones federativas a finales de 2024, la actual presidenta se puso en contacto conmigo para pedirme apoyo a su candidatura y para acercar la Federación a los ciclistas profesionales. Le tendí la mano de forma absolutamente desinteresada, por el bien del ciclismo del país.

En Andorra residimos más de 100 ciclistas profesionales, y siempre he creído que merecemos sentirnos parte de la Federación y no simples “entes” que contribuyen económicamente a su sostenimiento. Propuse perfiles técnicos, colaboré en el proyecto de un velódromo nacional y pedí mayor comunicación, pedagogía y transparencia presupuestaria, para que se entendiera mejor el destino de las licencias y el trabajo en favor del ciclismo base.

Incluso inicié los trámites para adherir nuestra escuela, Andorra Cycling School, a la Federación, con el objetivo de fomentar licencias entre los más pequeños y aportar nuestro granito de arena al desarrollo del ciclismo en el país. Empezamos con ilusión. Pero con el tiempo eché en falta la transparencia prometida y mi papel como supuesto “representante de corredores” no tuvo continuidad real.

El cambio del aval al depósito

En julio de 2025, la presidenta me contactó para hablarme por primera vez del problema derivado de posibles casos positivos por dopaje: cuando un corredor afiliado da positivo, la Federación debe asumir un coste mínimo aproximado de 7.500 CHF para hacer frente a los gastos derivados de los procedimientos disciplinarios y administrativos ante los organismos internacionales competentes. Hasta entonces, los corredores debíamos presentar un aval bancario por esa cantidad, aunque según se me trasladó, en algunos casos recientes hubo dificultades para ejecutarlo.

Se me plantearon dos posibles soluciones: duplicar el precio de la licencia o sustituir el aval por un depósito. Manifesté mi desacuerdo con ambas opciones por considerarlas desproporcionadas y sugerí buscar alternativas. No volví a saber nada hasta el 2 de diciembre, cuando a través de redes sociales y medios de comunicación supe que la Federación había decidido sustituir el aval por un depósito de 8.040 € en una cuenta federativa, a devolver tres años después de abandonar el país o retirarse.

Enterarme por la prensa fue, para mí, un acto de profunda deslealtad institucional. Muchos corredores acudieron a mí, ya que yo había apoyado públicamente la candidatura. A menos de un mes del inicio de la temporada, intenté ganar tiempo, abrir diálogo y evitar decisiones precipitadas. No fue posible.

El diálogo institucional

Durante diciembre mantuve reuniones con el Secretario d’Esports, Alain Cabanes, y con la ministra Mònica Bonell. Con ambos pude dialogar con franqueza. Entiendo que para una federación pequeña, con más de 100 profesionales afiliados, varios casos positivos pueden suponer un riesgo financiero importante. Pero también trasladé una realidad: muchos ciclistas llegan a Andorra muy jóvenes, con salarios modestos, y hacen un gran esfuerzo para establecerse en el país. Exigir de forma inmediata 8.000 € supone una carga muy difícil de asumir para muchos. Se habló de fraccionar el pago, de buscar soluciones alternativas y de revisar la ejecución de los avales existentes. Pero en medio del contexto y con el inicio de la temporada, tuve que marchar a concentraciones fuera del país.

Mi decisión personal

Cuando llegó el momento de tramitar mi licencia, supe que la UCI permitía provisionalmente hacerlo en el país de origen al considerar que la Federación Andorrana no estaba cumpliendo determinadas normas. Tras reflexionarlo mucho, decidí tramitar mi licencia en España. Lo hice por coherencia personal y como rechazo a las formas empleadas. En mi caso, tengo la fortuna de poder afrontar el depósito, pero considero que el daño reputacional causado al ciclismo andorrano y a mi propia imagen ha sido grave.

No solo opté por no tramitar la licencia en Andorra en ese momento, sino que también decidí no afiliar nuestro club a la Federación, pese a que desde 2022 promovemos el ciclismo base sin recibir apoyo económico federativo. Este año tendré que tramitar la licencia en Andorra por obligación reglamentaria. Pero de cara a 2027 trabajaré junto a la CPA para que se revisen estas situaciones y los ciclistas profesionales no quedemos expuestos a decisiones unilaterales ni las federaciones pequeñas tengan que asumir riesgos desproporcionados.

Una reflexión final

En una conversación, la presidenta me dijo:

“Si ganáis vosotros, ganamos todos”.

Con todo el respeto, una Federación no está para ganar ni para perder. Está para velar por los intereses de todos sus federados, impulsar el deporte de base y desarrollar nuevos proyectos que promuevan el ciclismo del país con visión, transparencia y sentido de comunidad. Y con esta federación, una parte importante de ellos —el colectivo profesional— se ha sentido ninguneada y maltratada.

A pesar de todo, seguiré trabajando activamente por el ciclismo del país, como llevo haciendo desde hace más de 11 años que resido aquí, a través de Andorra Cycling y de la Andorra Morabanc Clàssica. Andorra es para mí mucho más que un país de residencia. Es mi hogar. Y el ciclismo no es solo mi profesión: es mi vida.

Precisamente por ese compromiso profundo con el país y con este deporte, estos hechos me decepcionan profundamente. Ojalá en el futuro podamos contar con una Federación de Ciclismo que esté a la altura del nivel deportivo y humano que tiene el ciclismo en Andorra.

Atentamente,

Carlos Verona

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