Baloncesto

Una leyenda del arbitraje en Provincial

A Juan Garlos García González, con 872 compromisos ACB a sus espaldas, no se le caen los anillos por bajar a echar una mano en la séptima categoría los fines de semana.

Coordinador Delegación País Vasco
Coordinador en la delegación de País Vasco de Diario AS desde 2017. En 2008 entró en Diario AS como redactor de polideportivo y desde entonces es su casa. Le gusta tocar todos los palos, pero ahora está más centrado en realizar las crónicas del Athletic y el Bilbao Basket. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto.
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¿Qué hace una leyenda del baloncesto dirigiendo a chavalitos de Provincial? Una categoría alejada del boato de la ACB, situada por debajo de las competiciones FEB y de Primera y Segunda Nacional que organizan la Federación Vasca. Es decir, un séptimo peldaño o incluso más abajo. Pues ahí se ha podido ver a Juan Carlos García González, toda una referencia del silbato que dirigió 872 compromisos en la élite durante 28 temporadas. En septiembre del año pasado protagonizó su último baile en un Unicaja-Valencia de Supercopa, junto a Emilio Pérez Pizarro y Rafael Serrano y recibió una placa de la ACB por su envidiada trayectoria en la Liga Endesa, de la que se despidió con 55 años. Otra cosa es en la Euroliga, donde no hay límite de edad y aún se ve con ilusión.

“Mi hija es anotadora y hacemos planes los fines de semana. Sigo teniendo mucha motivación y es muy enriquecedor estar con los chavales”, sostiene el colegiado bilbaíno. ¿Cómo puede ser para un chico junior o cadete ver a semejante autoridad? “Ellos lo notan, muchos me conocen, pero al final el trato entre todos es igual, aunque vengas de un recorrido tan grande en la ACB. Esto es baloncesto, ya sea en una final de Copa como pudo haber el otro día o en estas categorías inferiores. Todos se portan muy bien y el ambiente es sanísimo”, describe. El fin de semana se hizo tres partidos, dos en La Casilla y otro en Galdakao. El salto será tremendo ya que hoy tiene que ponerse al frente del tremendo Panathinaikos-París. “Los chavales se meten cinco o seis partidos en el pecho cada fin de semana, si no sería imposible”, constata Juan Carlos.

García González debutó en ACB un 20 de septiembre de 1997 en un Taugrés-Fórum de Valladolid. Aquel día Eduardo Sancha sufrió problemas físicos, por lo que Juan Carlos tuvo que sacar el partido junto a Juan Luis Redondo. Desde ahí, una carrera fulgurante y en constante crecimiento. Su primera presencia en Copa, su estreno en playoff, su debut internacional... un peldaño tras otro hasta alcanzar la cima con la final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

“Cuando echas la vista atrás y haces repaso, se te pone la piel de gallina y te entra un escalofrío por la nuca de pensar en todo el camino recorrido” aseguró el bilbaíno cuando cumplió 700 encuentros en Liga Endesa. Luego hubo 172 más. “Al final, cuando acaban los partidos compruebas que todo esto es muy gratificante. Cuando concluye la etapa en la ACB no dejas de pensar qué se puede hacer para seguir ayudando al baloncesto. La ilusión no se pierde nunca”, remata. No pierde de vista, a veces con evidente nostalgia, lo que se cuece en la ACB. Estuvo atento a la final de Copa y no pierde contacto con algunos entrenadores.

Una de las tareas de los árbitros de la Euroliga es tratar con “entrenadores míticos, a los que llevas viendo mucho tiempo” y que suelen ejercer mucha presión sobre el arbitraje. El basauritarra empezó con Kiko de la Maza y esta tarde, por ejemplo, le acompañará en Atenas Sergio Manuel, el otro colegiado vizcaíno que es referencia a nivel continental y que dio el salto a la Euroliga desde el ámbito FIBA en 2024.

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Mientras los que hacen de pareja en categorías inferiores se sienten halagados. El pasado fin de semana le tocó el honor a Mikel Cuadrado, un sestaotarra de 17 años, “Me lleva de una manera fantástica, me corrige a la hora de desplegarme y me da consejos muy valiosos”, asiente el joven, quien también ve que el arbitraje tiene puntos de mejora a nivel estructural. “Según la disponibilidad de unos y otros, a veces hacemos ocho partidos por semana”. Lo que más destaca de García González es “la tranquilidad que muestra en el campo, la rapidez en la toma de decisiones, la concentración y su afán perfeccionista, porque todo salga bien”. Es su gran espejo, pero sabe que será casi imposible llegar a semejantes cotas. “Es un referente, ojalá pudiera llegar a ese nivel. El esfuerzo y la dedicación no van a faltar”. Claro, cuando comparece con esta leyenda del silbato, todo resulta más fácil. “No es lo mismo, que ir con cualquier otro, se nota por el respeto con el que la gente le mira, el control que hay de cada situación”. En ocasiones se reúne con algún conocido y ven sus partidos de Euroliga para seguir empapándose de esa sabiduría. Un lujo del que disfrutan mucha gente.

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