Una noche para la vergüenza en la NBA
Jazz y Grizzlies compartieron una pantomima con más de veinte bajas, solo trece jugadores con presencia en pista y las mentes puestas en las opciones de la lotería del draft.
Después de meses hablando del tanking, con un debate inacabable sobre soluciones (algunas en camino, parece) que incorporan el riesgo de no servir para nada (soluciones que no solucionan) o incluso, todavía más peligroso, de empeorar las cosas por sus posibles efectos secundarios, el final de la temporada regular se plantea en formato de cierre grandioso, con dos jornadas en las que entran en acción todos los equipos (viernes-domingo) y un día de descanso entre ambas. Debería ser un momento que recordara a las antiguas, si se permite el símil con un viejo tópico futbolero, tardes de transistores; las de aficionados que se muerden las uñas, cruzan los dedos para que su equipo no falle y miran de reojo, con aprensión, a cómo se mueven otros marcadores. Debería haber posiciones en riesgo, equipos apretando por el factor cancha y cábalas asociadas a ese play in que nació para meter picante a la burbuja de Florida pero que ha perdurado, se supone, para que -entre otras cosas- trances como este cierre de regular season cuenten más.
Pero la traducción de esto, la aplicación en el mundo real, es más maquillaje y discurso que hechos. Nada raro, y no hablo solo de baloncesto, en estos tiempos. El final de camino acaba siendo, como le pasa con tantas cosas a la NBA actual, solo otra muestra de que de una forma u otra los partidos valen para muy poco: las cuentas que importan más son las que tienen que ver con perder, con el tanking y el draft; la lista de ausentes por descanso o problemas físicos podría dar vueltas alrededor de las oficinas de la Liga en Manhattan, las posiciones para el play in y los playoffs están casi totalmente cerradas, las cábalas por un puesto arriba o abajo en ellas no parecen importar demasiado -algunos prefieren mirar (también en esa franja) si conviene o no perder en caso de poder elegir rival-, y la parte de abajo es una burla a la competición de magnitudes dramáticas.
Para los maquiavélicos, o los sencillamente prácticos, es lógico. Comprensible: los que llevan meses metidos en eso, y ya han perdido a estas alturas cualquier atisbo de vergüenza o mala conciencia, no van a tener un ataque de orgullo que les haga quedarse sin unos puntos porcentuales a los que se han ido arrimando, semana a semana, a base de acumular bochornos. Gran parte de sus aficionados lo prefieren así, a estas alturas, las redes se lo pasan pirata creando contenidos y, además, el que haga bingo en su viaje a las cloacas y resurja a lo grande será aplaudido en unos pocos años y señalado como ejemplo de construcción: ingeniería de despachos top. Un así se hacen las cosas al que se llega solo si la lotería te sonríe (cuestión de suerte) y sí (cuestión de muchos factores) acabas ganando partidos. Las victorias son muy perjudiciales para la buena memoria y, por lo tanto, muy beneficiosas para la liberación de endorfinas. Solo hay que repasar cómo han llegado a donde han llegado Thunder, Spurs y Pistons. Los, por clasificación y con un merecidísimo aplauso, tres mejores equipos de la temporada.
La Liga, finalmente, trasmite que está en ello y le da vueltas a ideas sesudas que parecen agarrarse a aquello de que lo más complejo y tecnocrático parece mejor. Al menos, da motivos para que las redes vuelvan a pasárselo pirata, que los contenidos de la NBA no descansen y se apilen viajando en trenes de bits atestados de ideas, valoraciones, reacciones y rankings. ¿Qué QUIÉN ha dicho QUÉ? Los últimos cambios, los que aplanaron e igualaron las opciones de ganar la lotería, acabaron volviéndose en contra de su propio objetivo de la espectacular manera que nos ha llevado a este punto grotesco en el que estamos... según confesión a voces de una propia NBA (¿contumaz?) a la que eso no invita a mirar a lo básico sino a todo lo contrario, a dar más vueltas a la madeja. Veremos si funciona. Y si no, de alguna manga saldrán otras fórmulas más complejas, más complicadas para los aficionados y de consecuencias más imprevisibles. O siempre habrá un nuevo torneo que crear, y más camisetas y pistas que tunear. Que por eso no quede.
El monumento a todo esto, el cierre épico de una gran burla, fue un Jazz-Grizzlies que nadie quería ganar, una realidad que no es desconocida para el aficionado medio de la NBA (no digamos el que va más allá) pero que fue llevada a lo grotesco; el funeral vikingo de lo que hay de verdad, entre lo práctico y lo incomprensible y entre la letra el espíritu de la norma, en un rango de equipos este año (también hay algo de circunstancial en eso) más amplio de lo normal. Porque el draft es muy prometedor y porque las reconstrucciones se apilan en el montón de los documentos sin sellar, de las tareas por hacer. Los equipos no procrastinan porque sí, pero o bien cometen errores, o son peores en los despachos que otros (de eso también hay rankings, valoraciones y reacciones) o no tienen suerte (que hace falta). Además, y desde luego, acaban siendo castigado por unas nuevas fórmulas que se alejan de una obviedad que quizá alguien debería plantear como remedio: que los peores reciban a los mejores jóvenes y aceleren sus procesos para ser buenos, mejores. Es, y parece increíble que haya que recordarlo, el espíritu del draft. Aunque lo sesudo (en no pocos casos, más forma que fondo) ha conseguido que parezca naif decirlo. Muchas veces en lo simple está lo mejor, y lo más bello. Aunque solo sea por pura navaja de Occam.
Dos actores que solo siguen su guion
Que parte de todo lo dicho sirva para descargar de culpa a Grizzlies y Jazz. No diré que hay que señalar al juego y no al jugador porque ese axioma podría hacer recordar ese otro pequeño asunto sucio, el de las apuestas, que quizá sea uno de los factores que están detrás del renovado interés de la NBA en la manipulación de ciertos marcadores y estadísticas aunque las últimas comparecencias de Adam Silver hayan conseguido crear una cierta amnesia sobre ese asunto oscurísimo, y muy lucrativo (lo otro lleva a lo uno), mientras el martillo de la justicia apunta a los que coquetean con la integridad de los partidos. Qué pasmo. Los Jazz, de hecho, ya se llevaron una multa básicamente injusta, que parecía solo superficialmente ejemplificante (efectista) y que ha demostrado serlo ante todo lo que ha seguido pasando, con pocas o ninguna consecuencia, después. La cuestión es que hubo un partido y que acabó 147-101. Ganaron los Jazz, que habían perdido sus diez partidos anteriores, a los Grizzlies, que con esta han enlazado siete derrotas. Todavía no se ha inventado una manera de que pierdan los dos equipos. En la dinámica en la que estamos, tiempo al tiempo.
Ahora es un 22-29 para los de Utah y un 22-56 para los de Tennessee. Los primeros se jugaban perder hasta un 10% de opciones de tener una elección top 4… si ganaban. Lo hicieron, porque el empate tampoco está permitido (todavía), pero ese exotismo, su primera victoria desde el 19 de marzo, no supuso un gran disgusto (y un golpe a la probabilística) porque después los Kings ganaron a los Warriors en un partido que según cualquier lógica, ya que estamos en este punto, deberían haber perdido. Los Kings, que no saben muy bien que hacen y tocan botones del panel de mandos hasta que alguna luz se ponga en verde, al menos ejercen como factor de caos muy humano. Que, metidos en estas arenas movedizas, también se agradece.
Los Grizzlies, también si ganaban (a quién se le ocurriría) podían perder hasta un 7% de opciones de que la pelotita de la lotería los mande al deseado (y de opciones aplanadas por la NBA, recuerdo) top 4 del draft. Ahora se jugarán con los Mavericks, en la última jornada, quién acaba con las sextas mejores opciones de llevarse el pick 1. A ver quién pierde mejor. Los Jazz deberían defender con una derrota contra los Lakers ese bottom 4, uno de los cuatro peores récords y un subidón (subidoncete, pero en este punto hasta los decimales se magnifican) en la probabilística. Están empatados con los Kings, uno de los pocos equipos que nadie sabe qué va hacer en el siguiente minuto, y juegan contra unos Lakers que todavía pueden ser terceros pero que algunos creen que quizá prefieran ser cuartos (con una derrotita más) para jugar contra los Rockets y no los Timberwolves y blablablabla.
Antes del partido, Grizzlies y Jazz (que jugaron básicamente un partido de G League) tenían 24 jugadores en sus informes médicos, ya como bajas o en duda. En los Jazz faltaron nueve por designación y descansaron tres más (Kevin Love, que no está ya para estas cosas, fue uno de ellos); en los Grizzlies había doce ausentes, más de 128 millones de dólares en salarios en una franquicia que invierte esta temporada 157,8. Jugaron trece en total, siete en los Jazz y seis en los Grizzlies. La mayoría, poco o nada conocidos incluso para buenos aficionados. Jugadores de G League, con contratos de diez días, no drafteados… No cito los quintetos para que n parezca un escarnio a los que estuvieron en pista e hicieron lo que pudieron: muchos pelean por su futuro desde una situación incómoda, desde los arcenes de esas autopistas de alta velocidad llenas de incongruencias y sombras en las que se mueve, generando dinero a un ritmo histórico, la NBA. No es culpa de ellos, casi todos con una dignidad que está muy por encima del escenario.
Fue, en una burla a la estadística y los récords, el primer partido de lo historia en el que tres jugadores distintos firmaron un triple-doble. También el primero en el que un equipo (los Jazz) apiló diez jugadores con más de diez puntos, cuatro con más de diez rebotes, cinco con un doble-doble y dos con un triple-doble. Los de Salt Lake City se tiraron sin un triple-doble, algo rarísimo en estos tiempos, desde 2008 (¡Carlos Boozer!) hasta 2024 (Jordan Clarkson). En este partido, cosas, lo firmaron los dos únicos suplentes que pisaron la pista: John Konchar (11 puntos, 11 rebotes, 10 asistencias) y Bez Mbeng (27+11+11). En los Grizzlies, Isaiah Whitehead llevaba 16 puntos, tirando casi en cada ataque, cuando la cosa estaba 34-34. Por si tenía uno de esos días y estropeaba el invento, se fue y no volvió hasta que su equipo perdía por 42 en el último cuarto. La desventaja llegó a 55 puntos para un equipo con cinco jugadores y medio y, por parte de esta versión Z de lo Grizzlies, Jahmai Masack fue el tercero que tuvo su triple-doble, cuádruple-doble si se suman las pérdidas: 13+15+14+10.
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Pero, insisto, sería ridículo, y de mal gusto, señalar a los que jugaron. Que en su rango hacen lo que pueden, trabajar para aferrarse a la NBA y no tienen la culpa de cuándo el entrenador dice su nombre y en qué contexto y con que rotación (o ausencia de ella) tienen que salir a la pista, muchas veces en una marejada caótica que solo exacerba los sus deficiencias. El asunto está en el sistema. Que produce monstruos y acaba en sainetes tragicómicos como este mientras los unos dicen que qué haríamos los demás en su lugar, y seguramente no les falte razón, y la Liga se pone digna pero no y filtra soluciones que, o esa sensación da, por ahora no gustan a casi nadie. Que, en estos tiempos, también es algo que tiene su mérito. Imagino.
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34 | 30 | 2 | 0 | 2 | 2 | 2 | 2 | 0 | 2/2 | 8/10 | 4/9 | 0 | 0 | |
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Cody Williams
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33 | 14 | 3 | 0 | 3 | 5 | 2 | 0 | 0 | 0/2 | 4/10 | 2/6 | 0 | 0 | |
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34
Oscar Tshiebwe
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28 | 16 | 22 | 4 | 18 | 3 | 1 | 1 | 2 | 2/4 | 7/11 | 0/0 | 0 | 2 | |
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19
Ace Bailey
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28 | 23 | 10 | 2 | 8 | 2 | 3 | 3 | 1 | 0/0 | 7/12 | 3/7 | 0 | 0 | |
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1
Kennedy Chandler
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40 | 26 | 5 | 0 | 5 | 10 | 4 | 2 | 0 | 0/4 | 7/13 | 4/7 | 0 | 2 | |
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55
John Konchar
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35 | 11 | 11 | 2 | 9 | 10 | 3 | 5 | 2 | 2/2 | 3/3 | 1/3 | 0 | 4 | |
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Kevin Love
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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Bez Mbeng
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38 | 27 | 11 | 4 | 7 | 11 | 1 | 3 | 0 | 2/3 | 11/16 | 1/3 | 0 | 1 | |
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Svi Mykhailiuk
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72
Adama Bal
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38 | 18 | 2 | 0 | 2 | 4 | 1 | 1 | 1 | 3/3 | 3/4 | 3/8 | 0 | 2 | |
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Toby Okani
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41 | 20 | 2 | 2 | 0 | 2 | 1 | 0 | 0 | 0/0 | 7/14 | 2/8 | 0 | 3 | |
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Jahmai Mashack
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48 | 13 | 15 | 1 | 14 | 14 | 10 | 2 | 0 | 1/2 | 6/11 | 0/2 | 0 | 3 | |
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0
Dariq Whitehead
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23 | 21 | 3 | 1 | 2 | 0 | 3 | 0 | 0 | 2/2 | 5/8 | 3/10 | 0 | 0 | |
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55
Lucas Williamson
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48 | 13 | 13 | 3 | 10 | 3 | 1 | 4 | 0 | 1/1 | 3/6 | 2/13 | 0 | 3 | |
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67
Taj Gibson
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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32
Rayan Rupert
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39 | 16 | 12 | 4 | 8 | 4 | 3 | 3 | 1 | 1/1 | 6/14 | 1/11 | 0 | 4 | |
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10
Javon Small
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