Si tu nombre es LeBron James, cree
Los Lakers logran una victoria increíble, en un partido que tenían perdido en Houston, y colocan un 3-0 prácticamente definitivo contra unos Rockets hundidos.
Es curioso como muchas veces convertimos el baloncesto en un asunto científico, y no sin razón: los números cuentan la historia, casi siempre. Casi: a veces solo son las baldosas sobre las que se recorren caminos que dependen del corazón, de la suerte, del destino. ¿El destino? Hay muchas formas de poner nombre a lo irracional del deporte; lo impensable, lo imposible. Que cada uno elija la vía que quiera para explicar a LeBron James. Para explicar lo inexplicable. Porque el primer jugador que va a completar 23 temporadas en la NBA es también, con más de 41 años, el mejor de una eliminatoria de playoffs contra un equipo que en octubre apuntaba al top 5 de la NBA; y sin los dos jugadores que deberían tirar de él, del abuelo: Luka Doncic y Austin Reaves. Hace más de tres semanas que se lesionaron, a la vez, en OKC. Y que dimos, más o menos todos, la temporada de los Lakers por ventilada. Justo cuando mejor iban las cosas, cuando todavía no había cuentas fiables pero sí sueños alcanzables estirando el brazo, el suelo desapareció debajo de los pies. Sucede. Pero, en pleno lamento, nadie se acordó de avisar a LeBron. A Marcus Smart. A JJ Redick. A los Lakers.
En Houston, un 108-112 absolutamente imposible de cartografiar colocó un 3-0 absolutamente imposible de prever hace una semana. Es el corazón, el destino, lo que sea. Es un equipo fortificado en torno a sus desgracias, convencido hasta el fanatismo y duro como una maldita roca. Decidido a ganar tiempo para que jueguen otra vez, antes de que sea demasiado tarde, Doncic y Reaves. Y entonces sí, que el baloncesto los juzgue: pero que lo haga como ha de hacerse. Con el gesto orgulloso y los dientes apretados. Con furia contra las calamidades. Porque para llegar a un 3-0 que parecía imposible, los Lakers tuvieron que ganar un partido que ya habían perdido: 101-95 para unos Rockets con posesión a 30 segundos del final.
Un cierre contra el sentido común
¿Cómo se puede perder un partido así si el baloncesto tiene que ser a la fuerza cuestión de números? En los últimos 29 años y en playoffs, el equipo que ha manejado al menos seis puntos de ventaja en los últimos 30 segundos había ganado 1.713 veces de 1.714. Solo habían caído en esa emboscada de improbabilidad los Knicks hace dos años, en las eliminatorias de 2024. Ahora es, ya, 1.713-2 porque a veces se trata de algo más, ponle el nombre que quieras: un pase fofo y mal medido de Jabari Smith Jr, que había jugado una segunda parte estupenda, enviado a los dominios de Smart, un jugador fuera de sus cabales que robó la bola, forzó una falta en la línea de tres (de un Jae’Sean Tate descentrado) y anotó los tres tiros libres. Con 101-98 y 25 segundos por delante, los Rockets seguían teniendo el partido en el bolsillo, pero ya asomaba el fleco del que tiraron los Lakers, todavía cuesta creer cómo. Reed Sheppard convirtió una posesión de máxima seguridad en una tómbola, LeBron le robó la cartera y entre trompicones acabó empatando con un triple a falta de 13 segundos. Después, Alperen Sengun falló y el propio LeBron tampoco aprovechó un último tiro, sobre la bocina. Pero la historia estaba escrita (corazón, suerte, destino): los Lakers no iban a perder si no lo habían hecho ya. Así que ganaron en la prórroga.
Si se rebobina, después de agrupar todo ese final sencillamente desquiciado, la historia del partido comienza por la ausencia de Kevin Durant, fuera de juego en el día D. Después de una temporada con (camino de los 38 años) muy buena salud, KD se perdió el primer partido por problemas de rodilla y este tercero por un esguince de tobillo. Ni siquiera estuvo en el banquillo, en teoría, y aunque no todos han comprado esa versión en Houston, porque estaba recibiendo tratamiento en ese tobillo de pronto maltrecho. El jaque se convirtió en mate: 53-62 al descanso de un partido en el que los Lakers había tenido 15 puntos de ventaja y habían llevado a Houston el baloncesto ganador, por estilo y convicción (plan y fuerza) con el que habían puesto el 2-0 en L.A. Con una sinfonía de pases y un castigo permanente a la inexistente defensa del minúsculo Reed Sheppard, Rui Hachimura ponía la seda y LeBron la percusión, incluido un alley oop a su hijo Bronny, que jugó minutos importantes y cumplió. Son las cosas que le pasan a LeBron y a nadie más, días memorables en la mejor carrera de la historia del baloncesto. Después de meses de debates sobre cuándo y cómo se retirará, cuánto ha perdido el paso y cómo de duro está siendo con él el padre tiempo, al que tiene frito, LeBron ha vuelto a ganar. Ha llegado a los playoffs y, desde la tumba que entre todos habíamos cavado, está firmando un ejercicio de competitividad emocionante. Inalcanzable para cualquier otro, sea quien sea. LeBron también son los números, con una catarata de récords que parecen intocables. Pero LeBron es sobre todo esto: partidos así, noches que solo existen en su torno, que solo él puede moldear con tan poco en su trinchera. Desde el pasado hacia el futuro, el jugador de todas las épocas.
Los Rockets, lo único bueno que se puede decir de ellos en una eliminatoria que está reduciendo a cenizas un proyecto que parecía fenomenal, estruendoso, en verano, respondieron. Apretaron en defensa, chispazos del equipo que fueron la temporada pasada, cuando estaban en camino y todavía no habían llegado. Ahora, mientras se dan cuenta de que ese camino en realidad no conducía a ninguna parte, al menos se rebelaron. Jabari Smith Jr metió tiros, Amen Thompson se puso en formato demonio de Tasmania, un torbellino por toda la pista, y Alperen Sengun emergió del pozo en el que vive metido, entre sus limitaciones, sus desencuentros con Ime Udoka, un entrenador que está quedando en evidencia, y las incongruencias de un equipo que absorbe los espacios en los que un jugador como él debería operar. El turco apareció para culminar la remontada, anotó 10 puntos en los últimos seis minutos y desembocó en ese 101-95 que debería haber abrochado el 2-1. Un toc toc en la puerta de la eliminatoria, el regreso. Pero, y sirve como metáfora de toda la temporada para un equipo miserable y una estrella en despegue abortado, la puerta se les cerró en las narices. Por sus errores, por su miedo, por la mala cabeza de un equipo superado por los focos y el vértigo. De tanto mirar al abismo, ya se sabe, el abismo le está devolviendo la mirada. Y el abismo es LeBron James.
Los Lakers forzaron la prórroga y sintieron que nada podría tumbarlos ya. Hachimura y Smart acabaron de hacer las maletas de unos Rockets petrificados, que ya tenían cara de derrotados y que vieron pasar el tiempo extra (el octavo que pierden de nueve en la temporada, por cierto) con cara de por qué a mí. Cómo ha podido pasar. Ahora tienen un pie en las vacaciones en el mismo punto del año pasado, la (entonces bienvenida, ahora escasísima) primera ronda. Contra un rival que parecía destruido por las lesiones, deshecho. En un año de all in, en el que sumaron a Kevin Durant pero en el que fueron perdiendo por lesión a piezas esenciales, instrumentales: primero Fred VanVleet, la brújula, y después Steven Adams, el hormigón. Todos los pecados han aparecido ahora, tozudos, porque así son los playoffs. La prueba del algodón: por qué no se buscó en el mercado un base de emergencia, por qué la defensa es peor que hace doce meses y por qué el ataque es un sinsentido que boquea a base de rebotes en el aro rival sin apenas capacidad para meter canastas. Y en baloncesto hay que meter canasta, lo pone en la primera página del manual de instrucciones.
Udoka, cuya desconexión con el vestuario parece evidente desde hace meses, repartió culpas después: “No sé si ha sido un problema de juventud o de tener miedo al momento de la verdad”. Pero entre Sengun (33 puntos, 16 rebotes, 6 asistencias), Thompson (26+11+4) y Jabari (24+6) firmaron un ejercicio de fe que casi destempla la eliminatoria. Fue una muy buena segunda parte… toda menos 30 segundos, esos a los que los Rockets llegaron, según la calculadora de ESPN, con un 97% de posibilidades de ganar. El fleco. 18 rebotes de ataque dieron una ventaja abrumadora que valió 19 tiros totales más con ayuda de las 21 pérdidas de los Lakers. Los Rockets anotaron más en transición y en la zona… pero se olvidaron de echar la llave. Y siguen tirando horriblemente mal. A estas alturas, es obvio que tienen tanto miedo al final de trayecto que, por eso mismo, están acelerando hacia él. Que están atrapados por unos demonios que danzan en sus cabezas al ritmo que marca, batuta en mano, esa sonrisa casi sardónica de LeBron James.
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Los Lakers, por primera vez en lo que va de eliminatoria, se vieron superados, pero volvieron a ganar. Un golpe de los que parecen definitivos: por los números (del 2-1 casi cocinado al 3-0 que llegó al plato) y por las sensaciones. Sobre las dudas mortales de su rival están construyendo un muro impenetrable. Defensa inteligente, un plan perfecto de Reddick, jugadores con roles definidos y ganas de sobresalir en ellos. Un Marcus Smart (21 puntos, 10 asistencias, 5 robos, un decisivo 9/11 en tiros libres) trascendental, sin el que nada de todo lo que está pasando tendría explicación. Esta vez más Hachimura que Kennard, más Hayes que Ayton, algo de Bronny y casi nada de LaRavia… y LeBron comprando tiempo para Doncic y Reaves, para sus Lakers. El último (¿penúltimo?) regalo de un jugador único. Como todo lo demás es imposible de explicar, al menos que hablen esas baldosas a base de números sobre las que quedan las pisadas de su grandeza, insólita: 29 puntos, 13 rebotes, 6 asistencias y 3 robos en más de 45 minutos en pista. ¿Imposible? Solo improbable. A veces, y para él, con eso basta. Y por eso los Lakers están, pese a que parecieron heridos de muerte por las lesiones, en el umbral de las semifinales del Oeste. ¿Números, suerte, destino? Corazón. Sobre todo, corazón.
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17
Tari Eason
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45 | 5 | 4 | 2 | 2 | 2 | 1 | 4 | 0 | 1/1 | 2/5 | 0/4 | 0 | 3 | |
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10
Jabari Smith Jr.
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43 | 24 | 6 | 1 | 5 | 1 | 2 | 1 | 0 | 2/2 | 2/6 | 6/10 | 0 | 4 | |
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28
Alperen Sengün
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46 | 33 | 16 | 5 | 11 | 6 | 3 | 3 | 1 | 2/3 | 14/22 | 1/5 | 0 | 2 | |
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15
Reed Sheppard
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45 | 17 | 4 | 1 | 3 | 7 | 5 | 3 | 2 | 1/2 | 2/8 | 4/13 | 0 | 5 | |
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1
Amen Thompson
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48 | 26 | 11 | 5 | 6 | 4 | 1 | 3 | 3 | 10/13 | 8/13 | 0/1 | 0 | 2 | |
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30
Clint Capela
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3 | 2 | 2 | 2 | 0 | 1 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 1/2 | 0/0 | 0 | 1 | |
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4
JD Davison
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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2
Dorian Finney-Smith
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11 | 0 | 4 | 1 | 3 | 0 | 0 | 1 | 0 | 0/0 | 0/1 | 0/4 | 0 | 1 | |
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32
Jeff Green
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7 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 1 | 0 | 0 | 0/0 | 0/1 | 0/1 | 0 | 1 | |
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0
Aaron Holiday
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5 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 1 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/1 | 0 | 0 | |
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20
Josh Okogie
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3 | 0 | 1 | 1 | 0 | 0 | 1 | 0 | 0 | 0/0 | 0/1 | 0/0 | 0 | 0 | |
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8
Jae'Sean Tate
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3 | 1 | 1 | 0 | 1 | 0 | 0 | 0 | 0 | 1/2 | 0/0 | 0/0 | 0 | 1 | |
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Rui Hachimura
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LeBron James
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Dalton Knecht
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Jake LaRavia
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3
Nick Smith Jr.
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1
Adou Thiero
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2
Jarred Vanderbilt
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| Min | Pts | RT | RO | RD | Ast | Per | Rec | Tap | T1 | T2 | T3 | FR | FC | ||
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28
Rui Hachimura
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43 | 22 | 4 | 1 | 3 | 2 | 1 | 1 | 0 | 2/4 | 4/7 | 4/7 | 0 | 5 | |
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23
LeBron James
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45 | 29 | 13 | 0 | 13 | 6 | 8 | 3 | 1 | 5/6 | 6/13 | 4/9 | 0 | 1 | |
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5
Deandre Ayton
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32 | 2 | 6 | 2 | 4 | 2 | 3 | 1 | 1 | 0/0 | 1/3 | 0/0 | 0 | 3 | |
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10
Luke Kennard
|
45 | 14 | 6 | 0 | 6 | 6 | 3 | 0 | 0 | 5/6 | 3/6 | 1/6 | 0 | 3 | |
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36
Marcus Smart
|
39 | 21 | 4 | 1 | 3 | 10 | 3 | 5 | 2 | 9/11 | 3/5 | 2/4 | 0 | 2 | |
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11
Jaxson Hayes
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19 | 12 | 4 | 2 | 2 | 0 | 1 | 1 | 2 | 2/3 | 5/8 | 0/0 | 0 | 2 | |
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9
Bronny James Jr.
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9 | 5 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 1/1 | 1/1 | 0 | 1 | |
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14
Maxi Kleber
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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4
Dalton Knecht
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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12
Jake LaRavia
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14 | 2 | 2 | 2 | 0 | 1 | 1 | 1 | 0 | 0/0 | 1/4 | 0/0 | 0 | 3 | |
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3
Nick Smith Jr.
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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1
Adou Thiero
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0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 | 0/0 | 0/0 | 0/0 | 0 | 0 | |
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2
Jarred Vanderbilt
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14 | 5 | 6 | 1 | 5 | 1 | 0 | 0 | 0 | 1/2 | 2/3 | 0/2 | 0 | 3 | |