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Baloncesto en las mil y una colinas

La Fundación Kyriku inauguró en Ngozi, al norte de Burundi, una cancha. La jugadora Begoña de Santiago, presente en el acto, cuenta a AS la experiencia.

Twitter Begoña de Santiago
Redactor de baloncesto
Licenciado en Periodismo por la Complutense, comenzó en AS en maquetación en 2010. Tras su paso por fútbol, se unió en 2014 a baloncesto. Ha cubierto en directo la Supercopa de 2020, las Copas de 2020 y 2021 y partidos de España de las Ventanas. También el Eurobasket femenino de 2023. Escribió sobre la pandemia de la COVID en el confinamiento.
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Una cancha de baloncesto respira cientos de historias. De victorias y de derrotas. De lágrimas de felicidad, pero también de tristeza. Y algunas, las más especiales, guardan en sus entrañas un corazón repleto de solidaridad como en Ngozi, una villa al norte de Burundi, gracias a la Fundación Kyriku.

La organización, nacida en 2023, encontró la manera de que el baloncesto se abriera camino en esta región africana junto a sus importantes campañas de dermatología, traumatología y oftalmología, fundamentales en uno de los diez países más empobrecidos del mundo. Burundi ocupa la posición 187 de 193 países, según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Begoña de Santiago, arriba en el centro, junto a los niños durante la inauguración de la cancha.Twitter Begoña de San

“Recibe muy pocas ayudas porque la mayoría del voluntariado se centra en otros lugares como Kenia, Tanzania…”, explica Begoña de Santiago a AS. La gallega, de 24 años, viajó este verano al país de las mil y una colinas dentro del proyecto de dermatología, pero también tentada por ese aroma a pelota naranja: “Conocí la Fundación por el padre de una niña que entrenaba en el Estudiantes y que era médico. Me fui una semana. La idea era tratar de demostrar que había úlcera de Buruli, una enfermedad tropical. No hay ningún caso probado, pero, si lo demuestras, la OMS (Organización Mundial de la Salud) se mete a tope a ayudar. Y eso era importante para ellos”.

“Paralelamente, estaba el proyecto de la cancha, que era uno de los motivos por los que querían que fuera. ‘Quiero que estés ahí y vivas esa experiencia’, me dijeron. Y como iba a estar ligado al baloncesto, me parecía una experiencia muy bonita”, continúa la canterana del Movistar Estudiantes.

De Santiago narra esta historia en plena recuperación de la rotura del ligamento cruzado de la rodilla. Una lesión que sufrió después del viaje a Burundi en el Mundial 3x3 Sub-23 y que le ha hecho perderse toda la temporada con el Baxi Ferrol. “Va bastante bien. Se mejora un montón día a día, aunque a nivel mental es duro”, cuenta la escolta, que firmó con el conjunto gallego este verano tras permanecer todo el curso pasado parada por sus estudios de medicina.

El marcador de la cancha.Twitter Begoña de Santiago

Pero volvamos a Burundi y la cancha de Ngozi. “La experiencia fue una pasada. Me quedaba maravillada con todo”, relata la jugadora, que detalla cómo fue la inauguración del espacio deportivo: “Trajeron al cura, que echó agua bendita por todo el campo para que, a través de la religión, todo lo que pase allí fuera bueno, bonito… También vinieron presidentes de las federaciones. Todo el pueblo estuvo presente en unos partidos muy chulos contra los chicos de la universidad de Ngozi, que era prácticamente de nuestra edad. Nos lo tomamos todos en serio”.

“Luego estuvimos un rato con los niños, enseñándoles a jugar al baloncesto y un poco de todo. Cada vez que hacíamos una actividad priorizábamos a los niños escolarizados porque Burundi tiene una tasa muy baja y es fundamental para que el país progrese”, asegura.

Muchos de los chicos que participaron lucían camisetas del Movistar Estudiantes, el equipo donde creció y se formó De Santiago: “Allí siempre hay mucha ropa que sobra de otros años y también en unos campus a los que voy. Contacté con los dos y les pedí ropa y no hubo ningún tipo de problema”.

Actuación durante la inauguración de la cancha de baloncesto.Twitter Begoña de Santiago

Y si especial era la cancha, aún más el marcador: dos círculos (uno grande para las decenas y otro pequeño para las unidades) a cada lado unidos por una lámina con un par de agujeros para ver el marcador del partido. Fabricación casera. “Es increíble. Lo organizó Ricardo Ruiz (dermatólogo oncológico y estético) a través de unos arquitectos que conocía. Quisieron encontrar una forma para que si se rompía lo pudieran arreglar. Tienes que hacer cosas que sirvan allí, que trasciendan. Lo hizo el herrero del pueblo. Le encantó a uno presidente de federación y ya han hecho un par o tres más en el país”, prosigue.

Con el paso de los meses, la cancha sobrepasó su exclusiva dimensión deportiva y se convirtió en un lugar de reunión, de encuentro entre aldeanos. Un sitio para estar bien y para disfrutar. “Se había convertido en el centro de la aldea. Es una de las cosas más bonitas”, dice la internacional española, que lo tiene claro: “Me gustaría repetir en el futuro. Me gustaría volver a ver a la gente que conocimos y ver cómo progresa el país. Si las cosas que has hecho han tenido impacto”.

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