El Lobo contra el Joker
En medio de una primera ronda de playoffs que debería ser en su mayoría tranquila, las ollas ya comienzan a hervir en Denver y Minnesota, donde tendrá lugar una esperada revancha.
Después de seis largos meses, por fin ha llegado el momento, la parte más interesante de la temporada, donde todos los equipos compiten por un mismo objetivo. Se acbaron las defensas pasivas, el descanso de las estrellas y la falta de intesidad en el juego; comienzan los playoffs de la NBA, que siempre ocultan anécdotas e historias que hacen todo mucho más entretenido; este año no es diferente. La primera ronda de la postemporada debería ser un mero trámite para los primeros clasificados de cada conferencia. Independientemente de los equipos que salgan vivos del play in, Pistons, Celtics, Knicks, Thunder, Spurs, y ahora Rockets, por las bajas de Luka Doncic y Austin Reaves, tienen prácticamente la obligación de saltar directos a las semifinales de Conferencia sin sudar demasiado. En el este, queda descolgado un Cavaliers-Raptors, que será, a priori, la serie más igualada y entretendia de la conferencia. Pero es en el Oeste donde se avecina una gran tormenta; una batalla entre viejos conocidos. El Lobo contra el Joker; Anthony Edwards contra Nikola Jokic.
Además de ser dos equipos que siempre apetece ver jugar, este enfrentamiento tiene una historia detrás que remueve todo lo que envuelve esta serie, y la eleva a algo digno de toda atención. Los Timberwolves, sextos de la Conferencia Oeste (49-33), no tienen una gran historia en la fase más desarrollada de la postemporada. De hecho, es uno de los cinco equipos de toda la NBA que nunca han llegado a unas Finales; cero en 35 años. Pero en 2020 todo cambió, llegó el salvador de la franquicia directo desde el primer pick del draft. La consolidación de Anthony Edwards en 2021 provocó que los de Chris Finch hayan jugado cuatro postemporadas seguidas, en las que han llegado a las finales de Conferencia en las dos últimas; un vuelco total para una franquicia que disputó una sola vez los playoffs en los anteriores 18 años. Lo interesante de todo esto es que no se entiende el ascenso de Edwards y sus Wolves sin la presencia de los Nuggets de Jokic.
La primera vez que ambos equipos cruzaron su camino en esta era fue en la temporada 2022-23, campaña puente entre los tres MVPs del serbio; ese año Joel Embiid fue el premiado. A pesar del titánico esfuerzo de Edwards, el joven lobo, que promedió 31,6 puntos en esa serie, la manada no le acompañó, y unos Nuggets que ya sabían de que iba esto rebasaron a su rival sin dificultad (4-1). Aquel equipo de Mike Malone era tan superior que se coronó campeón con tan solo cuatro derrotas en toda la postemporada; Jokic jugó al nivel de Jokic, y convirtió al mejor equipo de su Conferencia en temporada regular (53-29) en una máquina perfectamente engrasada e imparable. Al año siguiente, eran claramente el rival a batir, no solo porque venían de ganar un anillo, sino porque el mejor jugador del mundo se había superado a sí mismo; tercer MVP y primer puesto en el Oeste de nuevo, con las mismas victorias que los Thunder (57-25). Los de Jokic pasaron por encima de los Lakers en primera ronda (4-0), pero en semifinales de Conferencia fue otro cantar. Tuvo lugar una serie épica, contra una manada que se había tornado en jauría, con un alfa a la altura de las circunstancias.
Los primeros dos partidos fueron una sorpresa mayúsucla; los Wolves asaltaron por completo el fortín de Denver; 2-0 de inicio. Pero el campeón no iba a caer con tanta facilidad. No solo les devolvieron el golpe, sino que ganaron también el quinto; una vuelta a la tortilla total (2-3) gracias a dos obras maestras del artista serbio (35+7+7 y 40+13+7). Este revés parecía sentenciar a los Timbwerloves, la conclusión lógica de un cuento demasiado perfecto para ser real. Sin embargo, aún quedaba tinta para escribir los libros de historia, y el cuento tuvo un final épico: un paseo militar (70-115) en el sexto llevaba la serie de vuelta a Denver para un séptimo partido, ganar o rise a casa.
Un encuentro crudo, de los de antes, en el que ningún equipo llegó a los 100 puntos, con porcentajes muy bajos pero con un desenlace incierto. Edwards firmó un ridículo 6-24 en tiros de campo, y Jokic solo anotó dos de los diez triples que intentó, aunque acabó con 34 puntos, 19 rebotes y 7 asistencias, y por si fuera poco, Murray anotó 35. Parece imposible que con 16 puntos del líder de los Wolves los locales no se llevaran el gato al agua, pero a veces la realidad supera a la imaginación. El hacer colectivo prevaleció sobre el individual: seis jugadores de los Wolves sumaron 10 o más puntos, mientras que nadie en los Nuggets anotó más de siete puntos salvo su dúo estelar. Al final, 98-90 y sorpresón con baile incluido de Edwards, que no sentó nada bien al MVP serbio.
Las claves del duelo
Y así, se equilibró la balanza, que inevitablemente se desequilibrará en las próximas semanas. El año pasado, en cuadros diferentes del Oeste, ambos cayeron víctimas de unos Thunder imparables, que se han convertido en el rival a batir. Pero de momento, cuentas pendientes y un cara a cara por delante con mucha historia por resolver. Ambos equipos llegan en un buen momento, renovados, con piezas nuevas que encajan de maravilla. Los Nuggets cambiaron a Michael Porter Jr. por Cam Johnson, y Bruce Brown, campeón en 2023, volvió a las filas del equipo para disputar todos y cada uno de los 82 partidos de temporada regular. También incorporaron a un Tim Hardaway Jr. que atraviesa su segunda juventud después de un gran año en los Pistons; ha jugado 80 partidos esta temporada (13,5 puntos por noche y un 40% en triples). Además, Peyton Watson ha dado un grandísimo salto de calidad en su juego: 14,6 puntos por partido frente a los 8,1 de la temporada pasada.
Pero la mejor noticia para los Nuggets es que sus dos estrellas atraviesan un momento excelente. Murray viene de hacer su mejor temporada en la NBA: 25,4 puntos, 4,4 rebotes y 7,1 asistencias con un 43,5% en triples y un 48,3% en tiros de campo; los mejores números de su carrera en todas y cada una de las anteriores categorías. Además, la piedra angular que sostiene todo, Jokic, está de dulce, aunque lleva seis años en este estado. Esta temporada, 28 puntos, 13 rebotes y 10,7 asistencias de media son su carta de presentación. Es el segundo año consecutivo en el que promedia un triple doble, y es la única vez en la historia que un jugador ha liderado en promedio las categorías de rebotes y asistencias. El serbio no se cansa de hacer superarse a sí mismo, es un auténtico escándalo. Aun así, los dos temporadones del dúo de los Nuggets adquieren una nueva categoría especial cuando se enfrentan a los Timberwolves. Esta temporada, los cuatro partidos que han jugado contra los de Minnesota, Murray promedia 31,5 puntos, y Jokic un absurdo 35,8 + 15 + 11,3; Rudy Gobert siempre ha sido una de sus víctimas favoritas, mientras que el francés nunca ha encontrado una solución para el joker.
No todo es tan negativo como podría parecer para los Timberwolves. El año pasado, el traspaso de Julius Randle por Karl-Anthony Towns salió mejor de lo esperado. La adquisición del ala-pívot aumentó un escalón la dureza del equipo, que destrozó a los Lakers de Doncic y LeBron (4-1), y se paseó ante unos Warriors mermados por la lesión de Stephen Curry (4-1). Los Thunder fueron demasiado rival (1-4), pero los de Chris Finch demostraron que habían llegado para quedarse. La mentalidad de su estrella es una de las mejores de toda la liga, y su constante ética de trabajo y afán de mejorar se han materializado en su mejor temporada, una que le permite compararse con los mejores: 28,8 puntos por partido con sus mejores porcentajes; 49% en tiros de campo y 40% en triples; una bestialidad. Contra los Nuggets llega a los 30 puntos de media en tres partidos; el líder de la manada está preparado para todo.
Aun así, no existe un lobo que funcione a la perfección sin su jauría, y los Wolves se han convertido en una manada hambrienta: siete jugadores promedian al menos 10 puntos por encuentro; todos aportan su granito de arena con el objetivo de cazar su presa. El propio Randle ha incrementado su producción ofensiva en más de dos puntos, hasta los 21 por partido. Jaden McDaniels, el favorito de las calles, sigue mejorando su producción (15 puntos y un tapón y un robo por noche), y Ayo Dosunmu se ha consagrado como el fichaje de la temporada, el creador que necesitaban. Llegó en el último día del mercado en febrero, y se ha convertido en el tercer máximo anotador del equipo: 14,4 puntos con un 41,5% en triples. Naz Reid sigue siendo una de las mejores armas desde el banquillo de la NBA, y Donte DiVicenzo es el factor X que puede suponer la diferencia entre pasar o no pasar una eliminatoria.
Las cartas están puestas sobre la mesa. No es casualidad que la estructura de su creación se parezca en ambos equipos; el arquitecto es el mismo, Tim Conelly. Llegó a Denver en 2013, y diseñó un equipo que, una década después, se convirtió en campeón. Fue el responsable de la selección de Murray y Jokic, y apostó por el fichaje de Aaron Gordon en 2021, la extensión de los ojos de Jokic, clave en ataque y el corazón del equipo en el apartado defensivo. Pero en 2022, un año antes de que se consumara su obra, fichó por los Timberwolves, con los que intercambió cuatro jugadores y cinco rondas por Gobert, que al igual que Gordon, es una de las claves defensiva de un equipo aspirante al título. Una historia llena de casualidades, y un enfrentamiento que va más allá de lo que ocurre en la pista. Una rivalidad forjada a fuego lento, y un tercer asalto que espera a la vuelta de la esquina. Solo puede quedar uno.
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