Sociedad

Una mujer da un giro a su vida y se muda a Laponia: “Por 27.000 euros tengo una casa y el gobierno paga la atención médica”

Estas son las ventajas e inconvenientes de ser nómada digital cerca del Círculo Polar Ártico en la Laponia sueca.

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Antonette, de 44 años, nunca pudo imaginarse lo diferente que sería su vida cuando se mudó al norte de Europa, en la Laponia sueca. “No estaba en absoluto preparada para ese frío extremo cuando bajé del autobús y caminé hacia mi nueva casa con mi maleta, vestida con zapatillas deportivas y un abrigo de otoño”, confiesa ella a Telegraaf.

La vida de Antonette siempre estuvo marcada por los viajes, sus padres frecuentaban Austria para poder disfrutar sus paisajes montañosos y, tras terminar secundaria, Antonette decidió estudiar administración de turismo para poder seguir viajando por su cuenta. Consiguió trabajo en una oficina y abrió un blog de viajes con su entonces pareja para escribir sobre todas las excursiones que hacían.

Cuando rompió con su novio en 2016 decidió seguir con la página web de viajes por su cuenta. “Al fin y al cabo, todo lo que habríamos hecho junto antes, ¡yo también podía hacerlo sola!” explicó ella. Sus viajes la llevaron a Suecia, donde la tranquilidad de los paisajes y sus habitantes la cautivaron. Por ese motivo, alenterarse tiempo después de que debía dejar su casa de alquiler, tuvo muy claro que su nuevo destino debía ser Suecia.

Allí se instaló como nómada digital en una casa roja de madera retirada de la civilización. “Probablemente nunca lo habría considerado si los precios de las casas no fueran tan bajos allí. Por el equivalente a 27.000 euros tengo una espaciosa casa familiar a las afueras del pueblo con casi mil metros cuadrados de terreno”, afirma Antonette. El pueblo más cercano a su nuevo hogar estaba a tres horas de distancia, sin embargo, el buen rumbo que llevaba su negocio le animó a quedarse en su nueva casa en Suecia.

Los primeros inviernos

Una vez que llegó a la Laponia sueca, el invierno pilló de sorpresa a Antonette. Según explica al medio, las primeras nevadas comenzaron a finales de octubre y no se detuvo hasta meses después, algo poco común en la Laponia sueca, donde la nieve comienza a mediados de noviembre. “Una vez se fue la luz y duró toda la noche, me senté en el sofá con el quemador de gas y una bolsa de agua caliente, esperando a que se me pasara”, confiesa ella recordando los duros inviernos.

He invertido en ropa de abrigo porque una chaqueta de esquí y unas botas de nieve para deportes de invierno no me servirán cuando hace -40 grados”, explica Antonette. La Laponia sueca ofrece paisajes maravillosos, como el lago helado que se dislumbra desde su nuevo hogar, sin embargo, “por muy bonita que sea la naturaleza, no puedes salir a caminar cuando hay un metro y medio de nieve en el suelo”, afirma ella.

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A pesar de los inconvenientes que ofrece el invierno en el norte de Suecia, entre ellos, días con tan solo tres horas de luz, como pasa cada 21 de diciembre, Antonette y su pareja intentan llevar un ritmo de vida normal con viajes a zonas cálidas gracias al trabajo de ella. Así mismo, vivir en Suecia conlleva ventajas como una atención médica cubierta por el gobierno y mucho más completa que en otros países y una vida más emancipadora. Según Antonette, las mujeres ocupan el mismo número como trabajadoras en labores de policía, bomberos y servicios de rescate, por lo que suelen ser bastante independientes en comparación a otros países. “Las mujeres aquí suelen ser muy independientes, así que no esperes un trato especial en un futuro próximo”, explica ella.

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