Si te disculpas por asuntos que no son tu culpa, la psicología dice que tienes estas características
Estos rasgos psicológicos son el resultado de una infancia marcada por situaciones de tensión o invalidación, además de otros posibles factores.
Los profesionales clínicos que estudian dinámicas familiares tóxicas relacionan un entorno familiar hostil con ciertas conductas. Pedir perdón por cosas que se salen de las posibilidades de uno mismo puede parecer una muestra de empatía o amabilidad, pero la realidad es que esconde una infancia marcada por una dura relación familiar. Los niños que experimentan este tipo de situaciones se convierten en adultos capaces de entender los cambios de humor de una estancia en cuestión de segundos. No es un don, es el resultado de malas experiencias.
Un portazo en la puerta, un silencio incómodo en la cena, el miedo y la intimidación son dos factores clave para entender el por qué un adulto puede pedir tantas veces perdón por motivos que se salen de su control. Estos niños entienden que si sus padres o madres están molestos, la causa suele ser por ellos. De este modo, a pesar de que el factor detonante nada tenga que ver con ellos mismos, son quienes agachan la cabeza y se disculpan. No entienden la diferencia entre algo que está mal y su propio fracaso.
Cuando un adulto pide varias veces perdón por casas ajenas a él, la gente de su alrededor puede confundir estos actos con cortesía, pero en realidad es hipervigilancia. El cuerpo recuerda cada uno de los traumas, en especial los infantiles, por ello, aquellos niños que crecen en entornos impredecibles desarrollan sistemas nerviosos que se mantienen en alerta máxima tiempo después de que la amenaza original haya desaparecido.
Consecuencias y rasgos psicológicos
Un desarrollo evolutivo y personal en un entorno hostil e impredecible se muestra en un adulto que pide constantemente perdón. Sin embargo, existen más rasgos psicológicos que determinan cuando una persona se ha criado en un entorno de estas características. Una baja autoestima y un alto nivel de ansiedad son dos factores clave que muestran una infancia marcada por el miedo y la intimidación.
Las disculpas por motivos ajenos a uno mismo también pueden relacionarse con personas con apego ansioso. Este tipo de personas se adaptan perfectamente a los cambios de humor, tono y lenguaje corporal y su disculpa es un intento de calmar cualquier situación tensa y relajar a la otra persona. Los psicólogos, ya sea por apego ansioso o por traumas en la infancia o adolescencia, recomienda detenerse un segundo y pensar sobre el origen del problema.
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Alguna de las preguntas que pueden ayudar a entender qué está pasando y si de verdad es necesario pedir perdón pueden ser: “¿Causé algún daño?”. Un artículo publicado por Global English Editing advierte sobre el poder que puede tener esta pregunta en el momento antes de pedir perdón a una persona. Si la respuesta es negativa, no habría ninguna necesidad de disculparse. Aún así, otras frases que también pueden ayudar a aclarar una situación con uno mismo son: “¿Me estoy disculpando para resolver algo o para aliviar mi ansiedad?” o “¿Qué pasaría si simplemente no dijera nada?”.
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