Sociedad

Si te cuesta contestar mensajes de WhatsApp, la psicología dice que posees estos rasgos comunes

El llamado ‘efecto Zeigarnik’  podría explicar por qué tardamos tanto en contestar los mensajes que se nos han quedado acumulados.

ZUMA vía Europa Press
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Responder mensajes en WhatsApp puede parecer una tarea sencilla, pero para muchas personas supone un auténtico desgaste mental. Andrea (@andrea.snowy), creadora de contenido en redes sociales, ha explicado en un vídeo publicado en TikTok que esta dificultad no suele tener que ver con desinterés, sino con varios mecanismos psicológicos que actúan de forma combinada.

Uno de los principales factores es la sobrecarga cognitiva. El cerebro tiene un límite de procesamiento y cada mensaje implica más trabajo del que parece: entender lo que nos dicen, decidir qué responder, ajustar el tono y prever cómo reaccionará la otra persona. Si el día ya está lleno de exigencias, cualquier interacción adicional puede percibirse como “demasiado”.

A esto se suma la fatiga decisional. Después de tomar numerosas decisiones a lo largo de la jornada, tanto laborales como cotidianas, la energía mental disminuye. Posponer una respuesta se convierte entonces en una forma automática de ahorrar recursos.

Ansiedad digital

Otro elemento que influye es lo que algunos expertos describen como microansiedad social digital. Incluso los intercambios virtuales activan el sistema de evaluación social: miedo a decir algo inadecuado, a generar conflicto o a que la conversación se alargue más de lo deseado. Ante esa anticipación, el sistema nervioso opta por evitar.

También entra en juego el llamado efecto Zeigarnik, que explica por qué las tareas incompletas generan una tensión persistente. Ver un mensaje pendiente deja “algo abierto” en la mente. Paradójicamente, esa activación puede aumentar la evitación y hacer que contestar resulte todavía más difícil cuanto más tiempo pasa.

Por último, la creadora de contenido menciona la “disponibilidad constante”, propia de la era digital. Elimina las fronteras entre descanso e interacción. La sensación de tener que estar siempre accesible puede generar una percepción de invasión y pérdida de control.

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En conjunto, tardar en responder suele ser una forma de “autorregulación de los propios recursos mentales” —según explica Andrea— no una señal de apatía hacia los demás. De hecho, muchas personas reconocen que cuanto más retrasan la respuesta, mayor es la dificultad para retomarla.

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