Las seis actitudes que evitan las personas felices, según la psicología
Según ‘Psychology Today’, la diferencia real en la manera de vivir la vida proviene tanto de qué conductas se eligen como las que se evitan intencionadamente.
Ser feliz es una opción. No de manera absurda, ingenua e inconsciente. Sino de manera elegida. Los especialistas de Psychology Today señalan que el verdadero equilibrio emocional no se alcanza únicamente a través de rutinas positivas, sino también mediante el arte de apartarse de aquellas actitudes que sabotean el alma. La felicidad, lejos de ser un capricho del destino, es una trabajo personal: se construye con hábitos conscientes, decisiones diarias y una voluntad firme de cuidar el propio bienestar.
Décadas de investigaciones sobre la salud emocional, recopiladas por Psychology Today, revelan una verdad: la manera en que vivimos no depende tanto de lo que nos ocurre, sino de lo que elegimos cultivar y, sobre todo, de lo que decidimos dejar atrás. Aunque la tristeza es parte inevitable de la experiencia humana, existen caminos concretos para elevar el espíritu y abrazar una vida más plena. Buscar la felicidad de manera consciente, de manera elegida, buscar qué suma y que resta.
Los hábitos de las personas más felices
Obsesionarse con los contratiempos. Las personas más felices reconocen que rumiar pensamientos negativos inhibe la capacidad de ver oportunidades. Cuando estos pensamientos se repiten, “crean surcos en el cerebro” que facilitan que lo negativo se convierta en la vía principal. Por eso, tras una dificultad, buscan soltar el pasado y abrir espacio para nuevas perspectivas. Si ya pasó lo malo, no vale la pena regodearse. Hay que seguir, buscar lo positivo de esa experiencia, porque siempre hay algo a lo que agarrarse. Y, si no, se crea. Y, si no es posible, se trabaja en buscar algo mejor. Pero no estar repensando por qué algo salió no como uno quería, o mal, porque nunca sabes si lo que sucede de una manera es bueno o malo después.
No dejar que el estrés guíe sus pasos. Claro que habrá situaciones complejas, claro que habrá decisiones difíciles. Claro que habrá momentos donde el estrés invada todo. Pero se puede parar unos segundos al menos, unos minutos, y decidir con calma cuál es la siguiente acción. El estrés y la ansiedad constantes tienden a bloquear la claridad y la creatividad, dificultando la solución de problemas y enfocarse en lo que sí suma y es importante. Si en alguna situación no se puede hacer nada, eso se hace, nada. No darle vueltas y vueltas. No.
Compararse con los demás, con envidia, con resentimiento. Es uno de los hábitos que más energía consumen, que más destruyen por dentro. Sin olvidarnos que la vida de cada uno tiene muchos matices y aristas y no somos capaces de ver todo de una persona. Compararse en lo bueno es perjudicial, como hacerlo en lo malo. “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Hay que ser conscientes de que cada uno vive una situación, una vida, tiene unas creencias, valores, opciones que ha ido eligiendo... Compararse sólo resta si se hace desde un punto de vista egoísta, sin ser justos, sin valorar lo que cada tiene cada uno de manera real y objetiva.
La negatividad como bandera. De cada situación, sea la que sea, sacan una conclusión negativa. Siempre. Las personas felices se alejan de esta situación. No juzgan cada acción desde el peor punto de vista. Eliminan de la ecuación la negatividad. ¿Qué ha pasado? Se afronta, se observa, se trabaja en resolverlo, no se da vueltas en la pena, la tristeza, lo malo o lo peor. Se avanza con soluciones y pasos a mejorar. No se regodean en lo malo, en la pena, en la tristeza. Si hay que poner solución, se busca. Si hay que salir de un momento determinado, se hace. Si el trabajo ha salido mal, se busca mejorar. Pero sin dramas, sin lamentos, sino con una actitud resolutiva.
Las personas infelices magnifican cada problema hasta hacer una bola de negatividad. Las personas que trabajan la felicidad se alejan de los términos absolutos de qué mal todo, qué drama ésto, qué injusto aquello. No. En la vida pasan cosas, a todo el mundo, de cualquier índole. Afrontar cada situación en su justa medida es la clave. Por eso hay que poner en perspectiva cada acción. Magnificar y convertir en drama lo que simplemente es un contratiempo sólo te roba energía y te envuelve en el enfado.
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No se puede controlar todo, ni siquiera los pequeños detalles. Porque la vida sorprende, cambia, modifica, y debes volver a empezar. Y adaptarte es una respuesta de resiliencia maravillosa. Aceptar que no todo se puede controlar ni puede ser como uno quiere, genera una sensación de alivio, de descanso, de soltar presión. ¿Puedes controlar lo que está pasando? ¿Depende de ti? Si la respuesta es no, ni te agobies, ni te machaques, ni te enfades, ni te martirices, ni de preocupes.
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