Julio César, genio militar: “Los hombres creen fácilmente aquello que desean”
El militar Romano es considerado como uno de los grandes estrategas de la historia. Al margen de ello, fue también un reconocido orador y escritor.
Cuando uno piensa en el Imperio Romano, irremediablemente se viene a la cabeza un único nombre: Cayo Julio César (Gaius Iulius Caesar, en latín), más conocido como Julio César. Nacido un 12 de julio del año 100 antes de Cristo, es una de las principales figuras de la Antigüedad clásica. Su labor como político y militar romano fue clave para la caída dela República romana y la creación del destacado imperio.
La historia le recuerda como uno de los grandes estrategas del mundo, al nivel de otros destacados como Alejandro Magno o Napoleón. Muchas de las batallas que libró fueron narradas por el propio Julio César en uno de los libros más odiados por los estudiantes de latín: Comentarios de la Guerra de las Galias (Commentarii de Bello Gallico).
Nació en una familia patricia de baja fortuna, aunque poco a poco fue abriéndose paso. Hasta llegar a ostentar diferentes cargos, como los de dictador perpetuo o imperator vitalicio. Pero su gran error fue crear la percepción de que quería ser rey, algo que le acabó costando la muerte, a manos de un grupo de senadores que conspiraron contra él. Entre ellos, Casio y Marco Junio Bruto, su hijastro y protegido. De ahí la frase que atribuye entre sus últimas palabras: “Tú también, Bruto, hijo mío”.
Un estratega consumado
Pero además de destacado estratega militar, carrera que le reportó importantes victorias, como la de Bibracte, su primera gran campaña en la Galia, contra los helvecios, la batalla del río Sabis, contra el pueblo galo de los nervios, o la que tuvo lugar en Alejandría, con la que aseguró su alianza con Cleopatra, reina de Egipto, con la que tuvo una relación.
Precisamente en su libro sobre todas estas batallas, Julio César dejó muchas de sus frases por las que es recordado hoy en día. “Los hombres creen fácilmente aquello que desean”, es una de ellas. Una frase (pronunciada en el año 48 a. C. aproximadamente) que pone de manifiesto la tendencia humana a creer lo que uno desea, aunque resulte no ser veraz.
En el contexto de la época, el emperador la utilizó para explicar cómo sus enemigos, los Veneti, subestimaron los riesgos de atacar a los romanos por sus fuertes deseos de alzarse con la victoria. Lo que viene a decir esta frase es que, a veces, los deseos y aspiraciones que se tienen pueden llegar a nublar el juicio objetivo, dando como realidad aquello que se anhela. César, de este modo, entendía la psicología del oponente para aprovecharse de ella y que jugara a su favor.
Esta frase describía los acontecimientos en torno a la guerra civil contra Pompeyo, con un clima político complicado y una manipulación de la información por parte del bando enemigo. Julio César, con ella, relata cómo los seguidores de Pompeyo creían a pies juntillas todo rumor o noticia optimista (como que estaba debilitado o que tenía deserciones), cuando no había pruebas reales de ello. El estratega, con su frase, muestra cómo el autoengaño debilitaba al bando contrario.
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César, en el campo de batalla, era un tipo astuto que dominaba la situación por completo. Prefería ganar ‘moviendo’ a los enemigos que por desgaste. Un ejemplo de ello es la Guerra de las Galias, en las que obligaba a los galos a luchar cuando a él le convenía. Era, además, un líder que luchaba junto a los suyos, lo que elevaba la moral de las tropas.
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