Sociedad

James Barry, el médico que engañó al Imperio Británico: fue su mejor cirujano… y también una mujer disfrazada

En 1865, una enfermera descubrió que el prestigioso doctor era en realidad una mujer. Había vivido como hombre durante más de cincuenta años, operado en medio mundo, retado a duelo a colegas y salvado vidas en África, India y Canadá.

Hulton Archive
Redactor Jefe de Especiales
Empezó a trabajar en AS en 1992 en la producción de especiales, guías, revistas y productos editoriales. Ha sido portadista de periódico, redactor jefe de diseño e infografía desde 1999 y pionero en la información de NFL en España con el blog y el podcast Zona Roja. Actualmente está centrado en la realización de especiales web e historias visuales
Actualizado a

Cuando el cuerpo del doctor James Barry fue preparado para el entierro en 1865, la enfermera Sophia Bishop se quedó helada. Lo que tenía delante la dejó sin palabras. Barry resultó ser una mujer. Tenía senos, rostro sin vello, genitales femeninos… y algo más: estrías profundas en el abdomen. “Ese cuerpo ha estado embarazado”, dijo. “Lo sé porque yo misma he tenido nueve hijos”. Y así, medio siglo de secreto se vino abajo en una sola tarde.

Durante más de 50 años, James Barry había vivido como hombre. No solo en público, también en privado. Fue uno de los mejores cirujanos del Imperio Británico, Inspector General de Hospitales, reformador de sistemas sanitarios, defensor de esclavos, presos y enfermos mentales. Ni sus colegas, ni sus superiores, ni sus pacientes, sospecharon jamás que detrás de ese uniforme militar, esa voz aguda y ese carácter explosivo, se escondía Margaret Ann Bulkley, una mujer irlandesa que había decidido desafiar todas las normas para cumplir su vocación.

La historia empieza en Cork, Irlanda, a finales del siglo XVIII. Margaret era brillante, curiosa, decidida. Pero en aquella época, las mujeres no podían estudiar medicina. Así que, con ayuda de su madre, el pintor James Barry, que era tío suyo, y el revolucionario venezolano Francisco de Miranda, construyó una nueva identidad. Se convirtió en James Barry, un joven prometedor que ingresó en la Universidad de Edimburgo en 1809. Se graduó en 1812, probablemente con solo 17 años, y se alistó en el ejército británico como cirujano.

James Barry, con su perro Psyche y su sirviente Black John en Kingston, Jamaica, en la década de 1860.Wellcome Library, London

Su primer destino fue Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Allí conoció al gobernador Lord Charles Somerset, a quien salvó la vida tras una enfermedad grave. También fue médico de su hija. Su trato con el gobernador se volvió tan estrecho que circularon rumores de una relación homosexual, lo que provocó su traslado. Pero antes de marcharse dejó huella: reformó el sistema de aguas, mejoró la higiene hospitalaria, y en 1826 realizó la primera cesárea documentada en África en la que sobrevivieron madre e hijo. El niño fue bautizado como James Barry Munnik, en su honor.

Su fama creció. Barry era rápido, preciso, exigente. Se enfrentaba a superiores, discutía con colegas, y no dudaba en desafiar órdenes si creía que perjudicaban a los pacientes. En una ocasión, retó a duelo a otro médico por negarse a construir un hospital para leprosos. Ambos fallaron los disparos, pero el hospital se construyó.

Era un personaje peculiar. Medía poco más de metro y medio, usaba zapatos con tacón de tres pulgadas, llevaba siempre un abrigo largo, incluso en verano, y tenía un perro llamado Psyche que lo acompañaba a todas partes. Era vegetariano, algo muy poco común en su época, y viajaba con una cabra para asegurarse de tener leche fresca cada mañana. Su voz era aguda, su piel suave, su rostro lampiño. Algunos pensaban que era un adolescente precoz. Otros, que era un eunuco. Nadie se atrevía a preguntar.

El cirujano general McKinnon, uno de sus colegas, escribió: “Era un hombre agradable y educado. No maldecía ni gritaba, se comportaba como un caballero”. Charles Dickens, en su revista All the Year Round, lo describió como “un cirujano tan inteligente como insolente”. Y Barry, en una carta a su hermano, dejó caer una frase que hoy resuena con fuerza: “Si no fuera una chica, sería soldado”.

Barry recorrió el Imperio Británico: India, Jamaica, Malta, Canadá, Crimea… En cada destino, dejó reformas, hospitales, mejoras sanitarias. En Canadá, como Inspector General, exigió condiciones dignas para los soldados y denunció el maltrato a los enfermos mentales. En Jamaica, luchó contra la fiebre amarilla. En Malta, reorganizó los sistemas de atención médica. Era un médico brillante, pero también un dolor de cabeza para la jerarquía militar.

Lápida del Dr. James Barry, Inspector General de los Hospitales del Ejército, en el cementerio de Kensal Green, Londres. En ella no hay ninguna referencia a su nombre real ni a su sexo.Wellcome Library, London

En 1864, se retiró. Un año después, murió de disentería en Londres. Había dejado instrucciones claras: no quería ser examinado tras su muerte. Pero nadie respetó su deseo. Sophia Bishop descubrió el secreto. El ejército británico ordenó silencio absoluto al enterarse del escándalo. Archivaron su historial militar, prohibieron la autopsia e impusieron un embargo de cien años sobre sus documentos. Pero los secretos, por muy bien guardados que estén, siempre encuentran una grieta. En 1904, la historia salió a la luz en un diario irlandés, y desde entonces, Barry se convirtió en leyenda.

¿Tuvo un hijo? Nadie lo sabe con certeza. Pero las estrías que vio la enfermera, y algunos rumores de la época, apuntan a que una niña llamada Juliana Bulkley, criada por su madre, podría haber sido hija suya. Lo único seguro es que Barry nunca volvió a ser Margaret, ni siquiera en privado. Vivió como hombre, murió como hombre, y pidió que lo enterraran como tal.

Noticias relacionadas

Pero lo que importa no es cómo lo etiquetemos, sino lo que hizo. Fue uno de los mejores cirujanos del siglo XIX, y lo logró rompiendo todas las reglas. Como escribió una historiadora británica, con más admiración que solemnidad: “Barry no fue una excepción. Fue una pionera. Y su historia nos obliga a preguntarnos cuántas otras vidas brillantes quedaron ocultas por prejuicios que aún no hemos superado”.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:

Te recomendamos en Sociedad

Lo más visto

Más noticias