El riesgo “silencioso” que corren los adultos que no ventilan sus habitaciones a diario
Es un gesto muy sencillo, que incluso con 5 minutos sería suficiente, para evitar la ‘niebla mental’, cuidar la salud y evitar potenciar enfermedades recurrentes.
Evitar hongos, oxigenar, que se refresque el ambiente, que baje la ‘tensión’... abrir las ventanas, que entre el aire, el frío, la luz... todo eso es vida, es salud, y los adultos que no ventilan a diario pueden estar poniendo en peligro su vida. Ese cerrar la puerta para que no se vaya el calor, está enfermando a muchas personas. Y lo afirma un estudio.
La calidad del aire de una habitación que no se ventila, una habitación cerrada, ve cómo se deteriora significativamente con tan sólo unas horas de sueño. Los niveles de CO₂ aumentan, la humedad aumenta y las partículas finas de polvo persisten. No sólo ácaros, hongos, bacterias... ¿Recuerdan la importancia de ventilar cuando hay un enfermo en casa, evitar que se propague cualquier virus, evitar que un simple constipado pueda derivar en algo más para el resto de familiares o compañeros de piso?
A los adultos jóvenes no les ocurrirá nada, pero a partir de los 75 años, o antes dependiendo de la salud, el sistema inmune empieza a fallar, las vías respiratorias se vuelven frágiles, la función cardíaca es mucho más débil, y ese mismo aire se convierte en una carga extra, noche tras noche, que puede llegar a dificultar una tarea tan básica como respirar, puede aumentar la sequedad bucal, e incluso puede llegar el insomnio. El cuerpo sabe que algo está mal, pero no sabe qué.
Según han contado en Zonwijzer, un grupo de investigadores del norte de Europa siguió a un grupo de más de 800 personas mayores con diversos hábitos de vida y sueño. El grupo que rara vez o nunca ventilaba sus habitaciones experimentó significativamente más problemas respiratorios en un plazo de cinco años, neumonía más frecuente y un mayor uso de somníferos. No se trataba de gráficos espectaculares con picos pronunciados, sino de líneas lentas y ascendentes de deterioro de la salud.
Un hombre de 79 años contó que añadió un edredón extra, no abría ventanas ni la puerta, y enchufó también un calefactor. A la vez, iba cada vez más al médico. El estudio hizo una conexión: su dormitorio se había convertido en una especie de contenedor hermético, que se llenaba de aire viciado cada noche. Para un cuerpo mayor, se convierte en un factor de estrés adicional que se suma a todo lo demás: problemas cardíacos, diabetes y un sistema inmunitario debilitado. Para una persona joven, no hay ningún problema.
Al deterioro físico, que es palpable, el estudio añade ‘niebla mental’, como aturdimiento. Y eso sí que es visible en adultos más jóvenes por la falta de oxígeno. Ventilar es clave, que el aire se refresque, que entre la luz, el frío, incluso el calor. Evitar humedad en la ventana, en el marco, en la madera que lo rodee. Incluso hongos en contraventanas, por ejemplo.
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Es un gesto muy sencillo, que incluso 5 minutos de reloj o menos son suficientes. Cuando uno está malo, necesita ventilar su casa, su habitación. Cuando huele mal, cuando ha habido una fiesta los olores, perfumes, sudoración, todo se queda en el ambiente. Los bebés, por ejemplo, perciben los olores, los cambios, lo que no es su hábitat natural, y se alteran con otras personas. Por eso mantener su espacio ventilado es tan fundamental. Y lo mismo ocurre con los más mayores.
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