El país más restrictivo contra el tabaco investiga sus aguas residuales y desactiva el plan que Europa piensa copiar
El análisis de aguas residuales ha permitido a Australia detectar tendencias, ajustar decisiones y comprender fenómenos que no se ven a simple vista.
Australia, uno de los países más duros del mundo en materia de control del tabaco y el vapeo, acaba de demostrar que incluso las políticas más restrictivas necesitan datos reales para funcionar. Su última investigación, publicada en JAMA Network Open, ha revelado algo que Europa no quiere prestar atención mientras avanza en una reforma que endurecerá impuestos, limitará productos y podría replicar errores ya observados en otros países. Y lo ha logrado gracias a una herramienta que, por sorprendente que parezca, está transformando la salud pública: el análisis de aguas residuales (tal y como hizo la Comunidad de Madrid en la peor época del Covid-19 para realizar confinamientos por zonas básicas).
El estudio australiano ha sido uno de los más exhaustivos del mundo ya que se ha centrado en 55 plantas de tratamiento, que afectaban a 14 millones de personas, (más del 50% del país). Un estudio que ha sido largo, siete años de datos sobre nicotina, tabaco legal, tabaco ilícito y vapeo. Ahí se buscaban biomarcadores como cotinina, hidroxi-cotinina y anabasina, que permiten estimar con precisión el origen y la cantidad de nicotina consumida.
Este enfoque ofrece una fotografía objetiva de la realidad. Y es aquí donde empieza a desmontar parte del modelo que Europa estudia replicar con la nueva TPD y la TED, mucho más centradas en prohibir que en entender. La Tobacco Products Directive o Directiva de Productos del Tabaco, hace referencia a la próxima revisión de la normativa de la Unión Europea (a menudo referida como TPD3) que busca endurecer el control sobre los productos de nicotina, incluyendo el tabaco, los vapeadores (cigarrillos electrónicos) y el tabaco calentado. La nueva TED hace referencia a la revisión propuesta por la Comisión Europea en julio de 2025 de la Directiva sobre Impuestos Especiales al Tabaco(TED, por sus siglas en inglés: Tobacco Excise Directive).
Australia confirma que las medidas duras pueden reducir el consumo, pero no sin efectos secundarios. Según sus dato, el consumo total de nicotina cae, sobre todo en zonas regionales. Hasta –2,2% anual en regiones remotas, y se produce un estancamiento en las grandes ciudades. De los datos, se desprende también que el tabaco tradicional baja, pero no al ritmo esperado. Los descensos han sido de hasta del –9,8% anual en áreas regionales internas, resultados más moderados que en las zonas remotas.
Qué pasa con el mercado ilícito
Australia aporta datos: el mercado ilícito explota. De 1.350 toneladas de tabaco ilegal registradas en el año 2017, a las 3.400 toneladas en el año 2023. Un salto del 150% en un país con controles extremos, prohibiciones casi totales y ventas limitadas a farmacias.
Un fenómeno que ya se ha visto en Europa: Francia, Países Bajos o Bélgica han visto cómo el contrabando se disparaba tras las subidas de impuestos y el aumento de las restricciones más severas. La demanda no desaparece, simplemente migra fuera del circuito legal y el control sanitario.
Así crece el vapeo
A pesar (o debido) a la prohibición casi absoluta del vapeo recreativo, el estudio muestra que el vapeo y las terapias de reemplazo ya representan el 26,3% de la nicotina consumida (antes sólo eran el 5,4%, según datos de 2017). El aumento se da especialmente entre jóvenes adultos. Los dispositivos desechables siguen entrando en el país pese a estar prohibidos. Y es que cuando el acceso legal se bloquea, los usuarios buscan alternativas fuera del sistema, donde no hay controles de seguridad ni trazabilidad. Y siempre las encuentran.
Qué puede aprender Europa
La Unión Europea trabaja en una TPD y una TED que plantean subidas históricas de impuestos, restricciones a sabores, formatos y presentaciones de packaging, nuevas cargas fiscales para el vapeo y la nicotina oral, y un posible endurecimiento de ingredientes y aditivos. Pero Europa no dispone de un sistema similar al australiano para medir el impacto real.
De momento, no está analizando sus aguas residuales. No está monitorizando biomarcadores en ningún lugar, y no tiene mediciones independientes sobre cuánto tabaco ilícito sustituye al legal. Y aun así, planea copiar un modelo que, según los datos australianos, está generando más mercado negro, más vapeo no regulado y más desplazamiento del consumo, sin lograr los resultados esperados.
En este caso, modelos vecinos como el de Nueva Zelanda, basados en una regulación equilibrada, podrían ser la primera luz del faro que iluminaría el camino. Reducir el consumo sin criminalizar a los usuarios, integrar alternativas menos dañinas bajo un control sanitario, evitar que el mercado ilegal desplace al legal, y mantener la trazabilidad y la seguridad de productos. La evidencia señala que no todas las restricciones son iguales: regular con inteligencia es más eficaz que prohibir sin medir. Y aporta más dinero al Estado.
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El estudio australiano demuestra que las políticas más estrictas pueden tener efectos positivos, pero también consecuencias profundas en la salud pública cuando no se apoyan en datos objetivos. El análisis de aguas residuales ha permitido a Australia detectar tendencias, ajustar decisiones y comprender fenómenos que no se ven a simple vista. Europa, que pretende liderar la regulación del tabaco y la nicotina, aún no lo está haciendo, pero está a tiempo.
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