El país europeo en el que 421 personas controlan el 50% de las tierras rurales privadas: es una herencia feudal sin precedentes
Escocia mantiene una estructura feudal única en Europa, con más de 400 propietarios que controlan la mitad de las tierras rurales privadas del país.
Escocia es un país que destaca por su belleza rural y por su gran patrimonio medieval. A día de hoy, en el país británico se conservan más de 2.000 castillos de hace siglos, pero eso no es lo más curioso que mantienen en pie desde hace tanto tiempo. Lo que mucha gente no sabe es que en la actualidad, el 50% de todas las tierras rurales privadas del país están controladas por tan solo 421 personas. Estamos ante una cifra única que no se ve en otras naciones europeas, ¿Cómo puede ser esto?
A diferencia de lo ocurrido en buena parte del continente, donde revoluciones, guerras y reformas agrarias fragmentaron la gran propiedad, Escocia mantuvo su mapa territorial durante varios siglos. La estructura de grandes dominios, heredada del feudalismo, sobrevivió a la modernización del Estado y a los profundos cambios sociales que transformaron Europa. Y lo cierto es que el origen de esta situación se encuentra en la propia historia de país. El poder de los clanes, y luego el de la aristocracia rural, consolidó la idea de que enormes extensiones de terreno fuesen de un único propietario. La ausencia de una ruptura radical con ese modelo explica por qué la abolición formal de los privilegios feudales no vino acompañada de una redistribución efectiva de la tierra.
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Escocia mantiene un sistema de propiedades rurales de la Edad Feudal
A diferencia de Francia o los países nórdicos, Escocia no vivió un acontecimiento histórico que alterara drásticamente el reparto territorial. El Reino Unido protegió la propiedad privada como pilar de su sistema político y económico. Durante cientos de años, esos grandes dominios estuvieron en manos de duques y familias aristocráticas. Actualmente, estas propiedades han pasado a manos de millonarios, herederos de grandes fortunas y fondos de inversión, y aunque ya no se asocian a la producción agrícola, sí que continúan siendo una fuente de poder. El dueño de las tierras puede influir en el desarrollo inmobiliario, los proyectos energéticos y el uso del suelo, afectando así a la vida de comunidades enteras.
En los últimos años, el gobierno escocés ha intentado introducir reformas para aumentar la transparencia y facilitar la intervención pública en determinados proyectos. No obstante, su impacto ha sido menor del esperado. Lejos de reducirse, la concentración continúa. Los precios elevados y la falta de oferta favorecen a los grandes compradores y dejan fuera a agricultores y comunidades locales, lo que refuerza una dinámica que convierte a Escocia en el último remanente del feudalismo dentro de Europa.
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