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Amélie tiene que cerrar temporalmente sus redes sociales ante la gran demanda en su negocio: “Se desató un verdadero tsunami”

Publicó un vídeo hablando sobre el valor de lo artesanal en redes sociales, se volvió viral y ahora no da abasto con los pedidos.

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Un simple vídeo viral puede hacer crecer tu marca en cuestión de minutos. Esto mismo le pasó a Amélie Feret, una artesana francesa de artículos de cuero afincada en Normandía que se ha visto obligada a cerrar temporalmente sus cuentas de redes sociales tras verse desbordada por una avalancha de pedidos.

Todo comenzó cuando uno de sus vídeos, publicado en Facebook e Instagram, se volvió viral y acumuló casi cinco millones de visualizaciones en apenas unos días. “En cuatro o cinco días superé el millón de visualizaciones y el teléfono no paraba de sonar”, explica la propia Amélie en el diario francés Le Parisien. “Recibí cientos de llamadas y mensajes pidiendo información o encargos. Se volvió inmanejable”, reconoce.

A sus 33 años, Feret dirige Reef Leather Goods, un pequeño taller de marroquinería artesanal en Colombelles (Calvados) que abrió en 2022, tras dar un giro radical a su vida profesional. Abogada de formación, decidió cambiar de rumbo en 2021, obtuvo un título de formación profesional y empezó a fabricar bolsos, carteras, cinturones y accesorios personalizados.

Durante años, su crecimiento fue lento pero constante. “Al principio vendía a conocidos y en mercados locales. Recuerdo perfectamente la primera persona que me compró sin conocerme”, relata. Poco a poco fue compartiendo vídeos de su día a día en el taller, con cifras modestas… hasta que todo cambió.

El alcance en redes sociales

El punto de inflexión llegó en octubre de 2025, cuando publicó un vídeo explicando por qué prefería seguir siendo independiente en lugar de trabajar para una gran firma de lujo que abría un taller cerca de su casa. “Quería explicar mi visión del oficio, el valor del trabajo a medida y de la independencia. Y entonces, sin entender muy bien por qué, se desató un verdadero tsunami”, cuenta.

En cuestión de horas, las notificaciones se multiplicaron. “Intenté responder a todo, pero solo hacía eso y no podía trabajar”, reconoce. Ante la situación, tomó una decisión difícil: o contratar personal o cerrar temporalmente sus canales de comunicación. Fiel a su filosofía de trabajo artesanal y en solitario, optó por desconectar.

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Ahora, Amélie se centra en cumplir los pedidos ya recibidos, con la intención de reabrir sus redes cuando la situación se estabilice. Su historia se ha convertido en un ejemplo de cómo la viralidad puede transformar, para bien y para mal, la vida de los pequeños creadores independientes.

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