Sociedad

Adiós a la barbería más antigua de Madrid: echa el cierre en Navidad tras 126 años de historia

Rubén Baraja, Ruud van Nistelrooy, Sergio Llull, Pío Baroja, Valle-Inclán, Pérez-Reverte se han sentado en sus sillones míticos.

El Kinze de Cuchilleros
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“Nos despedimos y nos duele... porque os queremos”, son las palabras con las que Alfonso Sanchidrián, uno de los socios de la mítica barbería de Madrid El Kinze de Cuchilleros, se despide. “Aquí no hubo clientes, hubo personas”. Un negocio centenario que se inauguró en el año 1900 y que ha llegado hasta donde ha podido, hasta el 31 de diciembre de 2026.

¿Puede que jamás hubieran pensando seguir abiertos tanto tiempo? Es posible, pero una barbería histórica siempre debe tener cabida. ¿Han cambiado los clientes? No sólo. Ha cambiado la vida... y parece que todo lo nueve debe esfumarse, como la espuma de un buen afeitado.

Su primer dueño fue el burgalés Eladio Gurumeta, quien abrió esta barbería en el centro centro centro de Madrid, es esas callejuelas que lo tenían todo, porque la vida pasaba entre ellas, la historia, la arquitectura, la nobleza... Porque la calle Cuchilleros es más Madrid que muchos ciudadanos que afirman defenderla. Su nombre, El Kinze de Cuchilleros se adoptó en los años ‘90, con la familia zamorana Sanchidrián.

No cerró ni un sólo día, ni en la Guerra Civil. Pero sí tuvo que hacerlo en el año 2020, en la pandemia, siendo el primer local de la zona que abrió, el 5 de mayo, siendo portada de El País.

Dicen que han pasado por sus sillones toreros como Belmonte y Joselito, escritores como Pío Baroja y Valle-Inclán, incluso el premio Nóbel Camilo José Cela o el periodista y escritor miembro de la RAE Arturo Pérez-Reverte. Pero el mundo del deporte también ha estado presente, tal y como cuentan desde El Kinze, Rubén Baraja, Ruud van Nistelrooy o Sergio Llull se han sentado en sus sillones.

Dice la carta que “nos vamos con el corazón roto. No es una frase bonita. Duele de verdad. Quizá penséis que perdéis vuestra barbería, o a vuestros peluqueros de siempre. Pero dejadnos deciros algo con toda honestidad: nosotros os perdemos a vosotros. Y eso pesa mucho más”.

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Es el momento del adiós. El local se ha vendido. Sus seis barberos buscarán otro lugar, la referencia histórica, estoica, madrileña, se pierde. Tal vez llegue una cadena internacional, tal vez un bar donde la libertad y las cañas sean una constante. Lo que es seguro es que El Kinze de Cuchilleros sí marcó historia. ¿El resto? Esta vez sí, pasarán.

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