Conflictos Internacionales

Tensión en el Caribe: el mayor buque de guerra de Estados Unidos se adentra en territorio latinoamericano

El USS Gerald R Ford supone la mayor presencia militar estadounidense en la región desde la invasión de Panamá en el año 1989 para luchar contra el narcotráfico.

Lise Aserud
Redactora de Actualidad
Cosecha del 81. Licenciada en Periodismo. Desde 2017 en Diario AS. Si hay un directo, estará tecleando. Sino, estará buscando una entrevista, un destino por descubrir o un personaje al que conocer.
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El anuncio del presidente Donald Trump sobre el despliegue del portaaviones de la Armada en el Caribe marca un giro radical en la política antidroga estadounidense. Bajo el argumento de frenar el flujo de narcóticos hacia su territorio, Washington apuesta por una estrategia de fuerza que recuerda a los tiempos más duros de la “guerra contra las drogas”. Sin embargo, la decisión abre interrogantes sobre sus verdaderas motivaciones y consecuencias.

Oficialmente, la operación busca desmantelar redes criminales en América Latina mediante cooperación con gobiernos aliados. Pero el despliegue de un portaaviones (símbolo de poder naval) trasciende la lucha contra el narcotráfico: proyecta músculo militar en una región donde China y Rusia han incrementado su influencia económica y estratégica. Para muchos analistas, el mensaje es claro: Estados Unidos no está dispuesto a ceder terreno en su tradicional esfera de influencia.

La militarización del Caribe podría tensionar las relaciones diplomáticas con países que ven esta medida como una intromisión. Además, expertos advierten que el efecto sobre el tráfico de drogas será limitado: los cárteles han demostrado una capacidad de adaptación que supera las operaciones convencionales. El riesgo, en cambio, es aumentar la inestabilidad en zonas sensibles y alimentar narrativas antiestadounidenses.

El despliegue implica costes millonarios en un contexto de presión fiscal y prioridades internas. Mientras tanto, América Latina se enfrenta a desafíos económicos y sociales que requieren cooperación más allá de la fuerza militar.

La presencia de un portaaviones en el Caribe no es solo una operación antidroga; es una declaración geopolítica. En un mundo multipolar, cada movimiento militar se lee como parte de un tablero mayor. La pregunta es si esta jugada fortalecerá la seguridad regional o abrirá una nueva era de tensiones.

El despliegue del USS Gerald R Ford, y del grupo de ataque que lidera, que incluye docenas de aeronaves y destructores, se había anunciado hace casi tres semanas, y ya ha llegado procedente de Europa.

El régimen del presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunció que lo que denominó un “despliegue masivo” de fuerzas terrestres, marítimas, aéreas, fluviales y de misiles, así como de milicias civiles, para contrarrestar la presencia naval estadounidense frente a sus costas.

El portaaviones se une ahora a otros buques de guerra, un submarino de propulsión nuclear y aeronaves con base en Puerto Rico, formando la mayor presencia militar estadounidense en la región en décadas, considerada la mayordesde la invasión de Panamá en 1989.

Así será el despliegue

La llegada de las fuerzas marítimas se produce después de que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ordenara al grupo de ataque apoyar la directiva presidencial de desmantelar las organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar el narcoterrorismo en defensa de la patria.

“La presencia reforzada de fuerzas estadounidenses en el área del Comando Sur incrementará nuestra capacidad para detectar, monitorear y desarticular a actores ilícitos y actividades que comprometen la seguridad y prosperidad de Estados Unidos y del hemisferio occidental”, declaró el portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell.

“Estas fuerzas fortalecerán las operaciones existentes para interrumpir el tráfico de narcóticos y degradar y desmantelar organizaciones criminales transnacionales”.

Con más de 4.000 marineros y decenas de aeronaves tácticas a bordo, el Gerald R. Ford proporciona a los comandantes y líderes civiles estadounidenses una mayor capacidad para proyectar poder mediante operaciones sostenidas en el mar. Este portaaviones de nueva generación puede lanzar y recuperar aviones día y noche de forma simultánea.

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Junto al portaaviones Gerald R. Ford, el grupo de ataque cuenta con los destructores de misiles guiados USS Bainbridge (DDG 96), USS Mahan (DDG 72) y el buque de mando integrado en defensa aérea y antimisiles USS Winston S. Churchill (DDG 81). Las escuadrillas aéreas embarcadas incluyen los escuadrones de cazas de ataque VFA 31, VFA 37, VFA 87 y VFA 213, equipados con F/A-18E/F Super Hornet; el escuadrón de guerra electrónica VAQ 142 con E/A-18G Growler; el escuadrón de control aéreo VAW 124 con E-2D Advanced Hawkeye; y los escuadrones de helicópteros HSC 9 y HSM 70, con aeronaves MH-60S y MH-60R Seahawk, además de un destacamento logístico VRC 40 con aviones C-2A Greyhound.

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