Política

Manuel Azaña, expresidente de la República: “La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres”

El que fue presidente de la Segunda República entendía la libertad como algo inherente al humano, y no un objetivo a conseguir.

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Redactor
De El Ejido (Almería), estudió periodismo en Málaga y trabajó en Cope y La Opinión de Málaga. En Madrid hizo un máster en periodismo internacional. Inquieto por naturaleza, le interesa la geopolítica, la exploración, la aventura y el conflicto de Israel y Palestina. Hizo los cursos de periodismo de viajes de El País y de televisión de Atresmedia.
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¿Qué busca la humanidad desde el mismo día de su concepción? ¿Buscamos lujos, comodidades y reconocimiento? ¿Fama y adulación? ¿Amor? ¿Dinero a raudales? La experiencia humana es demasiado compleja para tener tan solo un objetivo. Las prioridades cambian, pero para alcanzarlas solo se necesita una cosa. Paradójicamente, la más compleja de alcanzar. Libertad.

La libertad, según la RAE, es la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Es decir, la posibilidad de escoger una u otra cosa, normalmente, acorde a los valores propios. Pero para ciertos pensadores, la libertad no es algo a perseguir. Más bien, es algo inherente al humano. Nos pertenece y le pertenecemos.

Así lo resumió el presidente de la Segunda República de España, Manuel Azaña: “La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres”. Según Azaña, la libertad posee el mismo rango que los propios huesos, las manos o los brazos: es inherente al ser humano.

Azaña abrazaba la libertad tal y como la entiende la izquierda: nadie tiene libertad si no tiene condiciones para escoger lo que quiere, es decir, la libertad está limitada por la desigualdad económica. En otras palabras, sin ley, la libertad es tan solo un abuso del más fuerte. No eres verdaderamente libre de elegir tu futuro si naciste sin acceso a educación o salud, aunque “legalmente” nadie te lo prohíba.

El concepto de libertad es muy diferente para la derecha. Para esa ala, el individuo debe poder actuar sin interferencias del gobierno. Cada persona es libre de producir, comprar y vender; la libertad es un concepto individual, es decir, cada persona es responsable de su propio éxito o fracaso. Si hay menos Estado, habrá más libertad.

Ambas interpretaciones dividen el pensamiento actual. Lo vemos, por ejemplo, en la Argentina de Javier Milei, un presidente que lleva la ‘libertad’ por bandera. Su repetidísimo lema, “viva la libertad, carajo”, abraza el derecho del individuo a actuar sin coerción estatal, y entiende que la justicia social es tan solo un concepto colectivista.

Pero la izquierda rebate esa concepción. Si no tienes los medios para escoger lo que realmente deseas, si no has podido acceder a una educación y oportunidades que otros sí, no tendrás la misma libertad. ¿Y tú, qué concepto de libertad crees que es más acertado?

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