Conflictos Internacionales

Javi Gálvez, guía de viajes en Groenlandia, da una clave sobre la isla: “Están cansados de ser noticia”

El español ha vivido en la isla y vuelve este verano, recuerda que EE.UU. llegó a tener diez bases aéreas y ahora sólo queda la base de Thule, en el norte.

Arctic Yeti
Redactora de Actualidad
Cosecha del 81. Licenciada en Periodismo. Desde 2017 en Diario AS. Si hay un directo, estará tecleando. Sino, estará buscando una entrevista, un destino por descubrir o un personaje al que conocer.
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Durante dos décadas, Javi Gálvez ha recorrido Groenlandia como si fuera su segunda casa. Guía de expediciones, emprendedor y fundador de la agencia de viajes de aventura Arctic Yeti, conoce el territorio ártico con la familiaridad de quien ha vivido sus glaciares, sus pueblos remotos y sus tensiones políticas. Hoy, mientras el país vuelve a estar en el centro del foco mediático, Gálvez observa con preocupación (y también con cierta perspectiva histórica) cómo este repunte de atención afecta a la vida cotidiana y al turismo.

Atiende a Diario AS y recuerda con claridad sus primeros años en Groenlandia. “Viví allí entre 2005 y 2011, en el sur, haciendo expediciones”, cuenta. Después se instaló en Islandia, donde pasó dos años de forma permanente, aunque desde hace quince años divide su vida entre ambos países. En 2010 fundó Arctic Yeti, una empresa especializada en viajes de aventura por territorios nórdicos.

Conoce bien el pulso social groenlandés y no le sorprende que el clima político actual haya reactivado viejas heridas. “El colonialismo danés estaba muy mal visto. Más del 70% de los inuits originarios odiaban a los daneses”, explica. “Los que tienen arraigo danés opinan distinto, claro. Pero si Estados Unidos hubiera aprovechado aquella época, se habría hecho fácilmente con Groenlandia”.

Para Gálvez, la situación actual tiene un componente emocional evidente: “Puede ser por el personaje que está promoviendo esta locura”, comenta con ironía. Y añade que, ante la incertidumbre, muchos groenlandeses prefieren “quedarse con lo malo conocido antes que con lo malo por conocer”.

Un país tranquilo convertido en epicentro mediático

Groenlandia, recuerda, “siempre ha sido un lugar desconocido, donde nunca pasaba nada”. Con apenas 54.000 habitantes, la vida transcurría en relativa calma. “Tienen sus problemas con Dinamarca, pero no se entera nadie”, dice. Por eso, el actual foco internacional está generando un impacto profundo: “Pase lo que pase, va a tener repercusión. Este movimiento mediático ya la está teniendo”. El turismo lo nota de inmediato. “¿Qué pasa si alguien contrata un viaje y estalla una guerra? Pues que espera. O lo pospone un año”, explica.

Arctic Yeti mueve unos 200 viajeros de aventura al año hacia Groenlandia, pero ahora perciben una caída en las reservas. Aun así, Gálvez cree que el efecto será temporal: “Cuando todo pase, dentro de uno o dos años, habrá un impulso interesante. Mucha gente querrá ir”.

“Mis amigos están hasta las narices”

El ambiente en Nuuk, la capital, está cargado. “Tiene 17.000 habitantes. Están todos cansados de la situación”, afirma. No es la primera vez que ocurre: “El año pasado hubo otra tentativa. La primera fue en 2021 ó 2022, cuando salimos del COVID. Trump ya decía cosas entonces. Pero lo de este año es inmensamente superior”.

Gálvez recuerda que la presencia estadounidense en la isla no es nueva. “USA entró en Groenlandia en la Segunda Guerra Mundial porque Dinamarca no podía defenderse. Llegaron a tener diez bases aéreas”. Con el tiempo, esa presencia se redujo hasta quedar solo la base de Thule, en el norte (base espacial Pituffik). “Si era tan importante militarmente, no es coherente que hayan ido abandonando las bases y ahora de repente sea el punto principal”, reflexiona. “Si la querían, ya podrían haberlo hecho”.

Aeropuertos nuevos, adiós a las bases militares

El año pasado se cerraron los dos aeropuertos civiles más grandes del país, Kangerlussuaq y Narsarsuaq. “Eran puntos estratégicos militares reconvertidos en aeropuertos civiles. Ahora han reorganizado todo por cuestiones turísticas”, explica. En 2025 se inauguró el nuevo aeropuerto de Nuuk y otros dos más, diseñados para atraer visitantes.

Mientras tanto, las antiguas bases estadounidenses (cedidas a Dinamarca tras 1945 y usadas durante décadas como aeropuertos) han quedado vacías. “Desde 1960 hasta 2025 funcionaron como aeropuertos civiles. Ahora ya ni eso. Las ciudades que crecieron alrededor se están vaciando. Los últimos habitantes se están yendo”.

Gálvez no ha vuelto desde que estalló el escándalo. “Iré en verano. Y si salta la guerra, cogemos el siguiente avión y nos vamos”.

Vuelos más baratos y un futuro incierto

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La modernización aeroportuaria también tiene un impacto práctico: abaratar los vuelos. “Antes, no todos los pilotos podían aterrizar allí. En el sur había que atravesar un glaciar, lidiar con corrientes, montañas, un giro final complicadísimo. Era muy distinto a un aeropuerto comercial”, explica. Con las nuevas ubicaciones, más compañías pueden operar rutas. “Aumentan las posibilidades, aumentan las compañías y bajan los precios. Los vuelos van a bajar”.

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