Akiles, contratista militar: “Un día en Ucrania, con 120 impactos cayendo sobre tu posición, no vale 3.000 euros”
Entrevistamos a uno de los españoles que ha estado en el GUR, la Unidad de Inteligencia de Ucrania, quien analiza el futuro del conflicto, y cómo la población local cada vez está más dividida.
El idioma más antiguo de la guerra es sobrevivir y cumplir la misión. “No todo el mundo puede ir allí”, dice con calma Akiles en una larga charla con Diario AS. Lo que es excepcional, porque no concede entrevistas. Ha estado 10 años en el Ejército de Tierra español; dos años en Ucrania en dos unidades: Legión Internacional y grupos de asalto del GUR (servicio de inteligencia), ha trabajado como contratista profesional en el Golfo de Guinea, Nigeria, Siria, Líbano… 10 países, 4 continentes. Es también instructor de Medicina táctica, CQB (combate en espacios cerrados), VCQB (Combate en Espacios Cerrados con Vehículos). Sabe de lo que habla, aunque moleste. Sigue echando de menos Ucrania pero, de momento, no volverá.
P - Akiles, ¿cómo describiría la experiencia real en el frente?
R - Cuando las balas suenan y cae la artillería, tú no piensas en la política. Piensas en salir vivo, en cumplir la misión y en proteger al compañero. La teoría, la ideología, todo eso desaparece al primer impacto. Allí todo se reduce a disciplina, cabeza fría y trabajo en equipo. Durante mi primer año, porque en marzo de 2022 ya estuve allí, encadenaba cursos de formación, envíos de ayuda e instrucción de unidades ucranianas. Allí salió el trato con altos mandos ucranianos: había mucha relación con ellos, les escuchabas cómo piensan, qué ven. Más de 7.000 militares ucranianos han sido entrenados en España dentro de la misión europea EUMAM UA, coordinada desde el Toledo Training Coordination Centre (TTCC) y extendida a módulos avanzados (CAS, desminado marítimo, IHL) a lo largo de estos años. Serví en la Legión Internacional y realicé operaciones con grupos de asalto del GUR (la inteligencia militar ucraniana). En esos primeros meses ya había altos mandos de la OTAN en Kiev, los vi, los reconocí. Y fue la misma disciplina OTAN que yo aprendí la que me salvó la vida.
P. ¿Qué tipo de perfiles llegan a Ucrania como contratistas?
R. Mucha gente se piensa que aquí viene cualquiera, y no. El primer grupo español que llegó en 2023 eran siete profesionales, todos exmilitares, gente muy preparada. Pero también he visto casos de españoles que no deberían haber venido: sin la formación adecuada, sin experiencia. En esta guerra no puedes improvisar. Ucrania no es Líbano: es una guerra de alta intensidad contra una potencia militar.
P - Se dice que muchos europeos van por dinero. ¿Qué opina?
R - Es falso. Los europeos no van a la guerra de Ucrania a ganar dinero. Un europeo sería tonto si fuera a Ucrania por dinero. Vas por convicción, por principios o porque sientes que tienes una responsabilidad. El que va solo por dinero no dura.
P - Entonces, ¿qué mueve realmente a un contratista europeo a ir?
R. Vocación. Lo llevamos en la sangre. Y también la sensación de que si no haces nada, el mal avanza. Yo ofrezco mis habilidades a un pueblo que las necesita. Y cuando te comprometes, cuando entiendes que esta guerra también es tuya, luchas de otra manera. Para que el mal triunfe basta con que los buenos no hagan nada. Yo ofrezco mis habilidades a un pueblo que lo necesita. También le digo, es imposible recrear en un entrenamiento lo que te espera bajo los drones y la artillería.
P - En España todavía hay quien usa la palabra “mercenario”. ¿Qué responde?
R - Que quien siga llamándonos mercenarios es un analfabeto en el sector. Un mercenario es alguien sin contrato, sin regulación, sin normas de enfrentamiento, sin ética profesional. Un contratista militar trabaja con contratos, con ROE, bajo estándares internacionales como el Montreux o la ISO 18788. La gente confunde mucho. Un profesional estudia, se actualiza y sabe hasta dónde llega su trabajo para no cruzar líneas. La ética es parte del equipo.
Su explicación encaja con el armazón jurídico internacional que regula a las compañías militares y de seguridad privadas (PMSC/PMC):
- Documento de Montreux (2008): compendio de obligaciones de derecho internacional humanitario y de derechos humanos aplicables a los Estados frente a PMSCs y buenas prácticas para contratarlas, supervisarlas y exigir responsabilidades. No crea obligaciones nuevas, pero deja claro que no hay vacío legal.
- ICoC/ICoCA: el Código Internacional de Conducta para proveedores de seguridad privada y su asociación de gobernanza (ICoCA) operan como mecanismo de certificación, monitoreo y quejas para asegurar prácticas respetuosas con los derechos humanos.
- ISO 18788 (2015): estándar de Sistemas de Gestión de Operaciones de Seguridad (SOMS) que exige control, trazabilidad, respeto a la ley y a los derechos humanos, y conecta con el Documento de Montreux y el ICoC.
- ROE – Reglas de Enfrentamiento: las PMC profesionales operan con contratos, ROE y due diligence. Las ROE definen cuándo, dónde, contra quién y cómo se puede usar la fuerza, bajo autoridad competente, y se adaptan a misión y marco jurídico (LOAC/IHL vs IHRL).
P - Hablemos de dinero: ¿cuánto se cobra realmente en el sector?
R - Esto nunca lo dice nadie, yo sí: los sudamericanos cobran unos 2.500 euros al mes. Son mano de obra barata para puestos muy básicos. Los europeos cobran entre 8.000 y 10.000 euros al mes; son perfiles con experiencia militar, idiomas y estándares OTAN. Los británicos cobran alrededor de 15.000 euros al mes. Tienen una alta demanda por su historial en unidades especializadas y despliegues previos. Los estadounidenses cobran cerca de 20.000 euros, son los más cotizados por su cualificación, certificaciones y doctrinas. Pero le digo una cosa: no compensa. Un día en una posición en Ucrania, con 120 impactos cayendo sobre tu cabeza, no vale 3.000 euros. Ningún dinero lo vale.
P - ¿Qué papel juegan ahora los drones?
R - Si te ve un dron, estás muerto. Ucrania es pionera: tienen certificaciones, escuelas oficiales, programas de formación. El campo de batalla ahora es un sitio mucho más amplio, más controlado y más letal. Los drones lo cambian todo. En Ucrania, el fenómeno se ha institucionalizado: el Gobierno lanzó en 2024 un proyecto para certificar escuelas de pilotos de UAV; el Ministerio de Defensa acredita centros y expide certificados para asignar especialidades militares. Los ucranianos son pioneros. Los mejores. Dan cursos a civiles, hay certificaciones, y mis compañeros pilotos de drones operan allí. Van a ser el futuro de la guerra, sin duda.
P - En su opinión, ¿hacia dónde va la guerra moderna?
R - Hacia las PMC (Private Military Company), sin duda. El futuro de las guerras son las PMC, porque cada vez se ve peor obligar a un ciudadano a morir por una bandera. Las sociedades occidentales no aceptan ese coste, a nivel político es duro. En cambio, los contratistas somos gente entrenada, voluntaria y profesional. No somos pistoleros: somos especialistas.
P - ¿Volvería?
R - Lo echo de menos. No hay un día que no piense en Ucrania. Ha sido un antes y un después en mi vida. Si no tuviera familia… quién sabe. Pero de momento, no volvería. Cuatro años de conflicto dan para mucho, para un inicio de guerra convencional a una guerra actual absolutamente tecnológica. Por el bien de todos, debería terminar la guerra. Los ucranianos son unos luchadores natos, pero sí creo que deberían buscar una solución. Tras cuatro años, la gente ya está dividida, el que quiere continuar y el que no quiere, el que quiere que se acabe ya…
Noticias relacionadas
Akiles no intenta embellecer nada. Habla desde un lugar donde la teoría se derrumba y sólo queda la supervivencia, el deber y la protección del compañero. Para él, la guerra (especialmente una guerra de alta intensidad como la de Ucrania) no es un tablero ideológico, sino un territorio donde sólo sobreviven la disciplina, la experiencia y el temple. No cuenta una épica. Su testimonio señala una tendencia global: la profesionalización externa de la guerra, la especialización de los combatientes y la imposibilidad de entender la realidad del frente desde la comodidad de un despacho. El futuro será incómodo, híbrido y cada vez más dependiente de profesionales que operen donde los ejércitos regulares no lleguen o no se pueda asumir el coste político. Puede que no sea la “privatización de la guerra” sino la externalización regulada de funciones periféricas o complementarias, donde la experiencia de veteranos marque la diferencia. En una guerra hay dos tipos de guerrero (según la filosofía del Coronel Jeff Cooper), el que va con motivación y quiere hacer el trabajo; y el que lo hace y quiere que acabe rápido. “He sido de los dos”, nos cuenta. Y es que “es tu guerra también”: la proximidad moral y geopolítica de Ucrania con Europa convierte la defensa de su soberanía en un asunto existencial para la seguridad europea. Cuando se apagan las explosiones, queda el silencio de la conciencia profesional. En la frontera del presente y el futuro de la guerra, la experiencia sigue siendo el factor decisivo.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí