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Si tienes estos síntomas, puedes tener problemas en el hígado

Los problemas de hígado no siempre dan la cara. Algunos cambios en el cuerpo pueden delatarlos.

Redactor en As América
Nació en Zamora en 2004. Es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y este es su primer trabajo en el mundo de la comunicación. Llega como becario a Diario AS en 2025, y es parte del equipo de AS América.
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El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo y, al mismo tiempo, uno de los más silenciosos. Tiene una gran capacidad de regeneración, lo que le permite seguir funcionando incluso cuando sufre daño o está sometido a tensión. Esta característica hace que muchas alteraciones pasen desapercibidas durante mucho tiempo, ya que pueden no presentar síntomas claros en las primeras fases.

Uno de los signos más frecuentes es la fatiga persistente. El hígado interviene en el metabolismo, la desintoxicación y el equilibrio energético. Cuando no trabaja correctamente, el organismo dispone de menos energía. Por eso, el cansancio continuo que no mejora con el descanso puede estar relacionado con un problema hepático, aunque muchas personas lo atribuyan al estrés o a la falta de sueño.

También pueden aparecer molestias digestivas como hinchazón, náuseas o pérdida de apetito. El hígado participa en la digestión de las grasas, por lo que si este proceso se altera pueden surgir dificultades para tolerar ciertos alimentos. Estas señales suelen ser leves o intermitentes, lo que retrasa la sospecha de una posible alteración.

Señales visibles y cambios físicos

Uno de los signos más conocidos es la ictericia, que provoca un tono amarillento en la piel y en la parte blanca de los ojos. Se produce cuando la bilirrubina se acumula en el organismo por una alteración en su procesamiento. Este síntoma puede indicar una enfermedad hepática o de las vías biliares.

Otros indicios pueden incluir picor en la piel sin causa aparente, pequeñas venas en forma de telaraña, sequedad o cambios en la coloración cutánea. Es posible observar orina oscura y heces claras, lo que puede señalar que la bilis no llega correctamente al intestino. A estos síntomas se suman el dolor abdominal en la parte superior derecha, sensación de presión en esa zona y mayor facilidad para la aparición de hematomas o sangrados.

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La enfermedad hepática puede resultar especialmente peligrosa porque el órgano es capaz de compensar el daño durante años. Las revisiones médicas periódicas y las pruebas de laboratorio son fundamentales, sobre todo en personas con factores de riesgo como consumo de alcohol, sobrepeso, diabetes o tratamientos con medicamentos.

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