Miguel Ángel Peláez, veterinario del Ejército en la Antártida: “Los pingüinos tienen un estoicismo tremendo”
Entrevistamos al Teniente Coronel desplazado al Continente Blanco para que nos cuente cómo actúan los pingüinos y cómo se acercan a los humanos.
En pleno arranque de la XXXIX Campaña Antártica, un pingüino solitario ha revolucionado las redes sociales. Bajo el hashtag #BePenguin, millones de usuarios han compartido el ya célebre vídeo del “pingüino que camina hacia las montañas”, convertido en símbolo viral global a comienzos de 2026. El clip, rescatado de una grabación realizada en 2007 por Werner Herzog en la Antártida, volvió a la conversación pública casi dos décadas después, transformándose en un fenómeno emocional, político y cultural.
En plataformas como TikTok, X e Instagram, el animal se ha interpretado de mil formas: para algunos es una metáfora de resistencia; para otros, un gesto de tristeza existencial; y para muchos, un reflejo inesperado de nuestro propio impulso por buscar caminos improbables. Esa ola viral creció aún más con el renombrado “pingüino nihilista”, la versión del mismo clip que en enero de 2026 se convirtió en uno de los fenómenos digitales más potentes del año, generando memes, montajes y textos motivacionales en torno a la imagen del animal alejándose en solitario hacia un destino incierto.
En este clima social y emocional (con el pingüino convertido en icono global y metáfora colectiva) cobra aún más valor conocer cómo es, de verdad, su comportamiento en la Antártida real, lejos de interpretaciones humanas. Y para ello, nadie mejor que quienes conviven con ellos a diario. En esa inmensidad blanca, donde el viento borra huellas en cuestión de minutos y el silencio lo corta todo, hablamos para diario AS con el Teniente Coronel veterinario Miguel Ángel Peláez Guerra (Salamanca, 1980), destinado habitualmente en el Centro de Formación de Tropa de Cáceres y ahora desplegado en la XXXIX Campaña Antártica, observarlos cada día es una mezcla de trabajo, fascinación y privilegio.
Infatigables en un territorio extremo
Peláez describe a los pingüinos con el respeto que se reserva a quienes dominan un medio hostil. “Pasan la mayor parte de su vida en el océano, y están adaptados a moverse en ese medio”, explica. Por eso, añade, la torpeza que muestran cuando pisan tierra firme es solo un espejismo para los ojos humanos.
“Cuando salen a tierra nos parecen torpes, sí, porque efectivamente les cuesta moverse, pero son infatigables”, subraya. “Suben distancias tremendas por un desnivel increíble para llegar hasta sus nidos y alimentar a sus crías”.
Ese ir y venir constante entre el mar y los nidos es una coreografía de esfuerzo que Peláez observa a diario. “Dedican muchísimo tiempo a ir y venir del océano con la comida. Incluso se paran a descansar sobre el vientre porque vienen superfatigados del agua”, cuenta. Ante la dureza del entorno, no hay dramatismo: “Si tienen que hacer una pausa, la hacen. Y continúan. Tienen un estoicismo tremendo”.
Curiosos e intrépidos: así son junto a la base
En tierra, donde no tienen depredadores naturales, los pingüinos se permiten un comportamiento impensable en otros puntos del planeta: la curiosidad. “Nosotros les llamamos la atención. Se acercan a curiosear, siempre manteniendo una distancia prudencial por instinto, pero muchas veces la curiosidad les puede y los tenemos por aquí moviéndose por la base”, relata el teniente coronel con una sonrisa audible.
La escena se repite una y otra vez: “Cuando sales a la playa, se acercan casi corriendo y dando saltitos a ver qué estás haciendo. Y cuando pierden el interés, se van”. Son pequeños rituales cotidianos que rompen la rutina militar y recuerdan que la Antártida, pese a su dureza, también tiene humor.
El rincón secreto: las fumarolas calientes
Entre las imágenes más singulares que Peláez ha encontrado durante esta campaña destaca una escena casi surrealista: pingüinos tumbados sobre tierra caliente. “Aquí hay unas fumarolas que emiten calor y hay muchos pingüinos que se paran a descansar prácticamente tumbados sobre el abdomen, sobre la tierra caliente”, explica.
Allí, en ese microclima natural, los animales se reúnen como quien busca un respiro al sol: “Los puedes ver en grupos de veinte o treinta haciendo una pausa y tomando un baño de calor”. Un fenómeno particular de la isla, casi un spa geotermal para aves que pasan el resto del día enfrentándose a un entorno extremo.
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Si eres fan de los pingüinos, el Ejército de Tierra tiene habilitada una web donde puedes apadrinar uno o varios, elegir el nombre, el tipo de animal de los diferentes que hay... Incluso focas o elefantes marinos, que forman parte de la fauna local. Sólo tendrás que rellenar un breve formulario con tus datos y el por qué quieres apadrinar un pingüino. Además, recibirás un diploma.
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