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Los 15 mejores juegos exclusivos de Switch

Pasados casi tres años y medio desde su estreno, la híbrida de Nintendo tiene un buen puñado de juegos interesantes. Jugamos, votamos y recomendamos.

Switch no está de aniversario, ni tampoco a punto de completar su ciclo vital para dejar paso a otra consola que la releve. Pero como semanas atrás publicamos un top con 15 destacados de PlayStation 4, hemos pensado: ¿por qué no hacer otro con la híbrida de Nintendo? A fin de cuentas, ya lleva una buena temporada en el mercado, y esta sequía de anuncios veraniegos propiciada por el covid seguramente servirá para que más de uno quiera echar la vista atrás y saldar posibles cuentas pendientes con el catálogo. Así que nos hemos juntado —no literalmente, hay que dejar distancia de seguridad— y hemos votado nuestras selecciones personales para después conformar la lista que ahora podéis leer bajo estas líneas.

Antes de empezar, eso sí, no sobra comentar algunas consideraciones importantes. Como el título indica, el objetivo ha sido ordenar juegos que en la presente generación solo se puedan jugar en la híbrida de Nintendo. Por tanto, juegos como Hollow Knight o Celeste, aun siendo de calidad superlativa, no han entrado siquiera a votación —algo que se aplica incluso a Octopath Traveler, votado por varios miembros hasta que caímos en que lleva más de un año disponible en PC—. Del mismo modo, juegos de Wii U como Bayonetta 2 o Tropical Freeze también se han quedado en el tintero —de nuevo, no por falta de calidad, y extendemos su recomendación a todos aquellos que aún los tengan pendientes—, aunque nos hemos permitido algunas excepciones que se tratarán a su debido tiempo. Así que venga, ¡a por ello!

15. Pokémon Espada / Pokémon Escudo

Antes hemos comentado el desliz con Octopath Traveler porque este juego —o juegos, si se quieren contar como dos— fue el principal beneficiado por su no inclusión. Lo que es bastante ilustrativo de la situación en la que se encuentra actualmente Pokémon, saga multi-millonaria con capacidad para batir récords de ventas, pero que a duras penas se cuela entre los juegos más recomendables de la factoría Nintendo. Tras el pequeño calentamiento de las ediciones Let's Go, Espada y Escudo deberían haber sido las abanderadas de una nueva generación creada desde cero para una consola no solo portátil y con alta definición. Pero lo cierto es las grandes ligas aventureras de sobremesa, esas por las que campan a sus anchas juegos como Zelda o Xenoblade, todavía les quedan algo grandes a Game Freak.

No es una opinión controvertida decir que Pokémon Espada/Escudo falló a la hora de aprovechar el potencial de algunas de las nuevas ideas implementadas —como el Área Silvestre— o que dejó sin tocar manerismos que datan de forma poco halagadora una fórmula con resistencia a evolucionar —como las zonas más encorsetadas, las animaciones o el ritmo de los combates—. Eso sin entrar en los recortes de la Pokédex que tantos ríos de tinta han hecho correr. Pero entre sus carencias y limitaciones, nuestro colista también conserva gran parte de lo que hizo de Pokémon un nombre a tener en cuenta en primer lugar: horas y horas de exploración con descubrimiento, caza, entrenamiento y crianza de especies inéditas, sistemas que en no pocos casos se han visto reforzados con nuevas posibilidades y comodidades. Es, esperamos, el inicio de algo mejor, pero también un buen título por su cuenta.

14. Splatoon 2

El primer Splatoon fue una de las grandes revelaciones de Wii U, consola poco agraciada en términos de ventas, pero donde la nueva IP de Nintendo pudo prosperar gracias a un concepto lo suficientemente original (un shooter en tercera persona donde dos equipos pintan la mayor parte posible de un mapa con su color) y refinado (la pintura también condiciona las capacidades transversales de los personajes) como para unirse al repertorio de multijugadores generacionales junto a Mario Kart y Smash Bros. Sin necesidad de recurrir al fontanero u otros personajes populares de Nintendo, los Inklings se convirtieron en su propio fenómeno, así que llegada Switch, la cuestión era saber si su continuidad se daría en forma de port mejorado o secuela de pleno derecho. Y el 2 del título pronto disipó cualquier duda.

Los fundamentos, como era de esperar, se mantuvieron —si no está roto...—, pero sobre la base original el estudio ha hecho hincapié en mejorar la infraestructura online, potenciar la personalización de los personajes, añadir abundantes armas nuevas y crear también un completo modo cooperativo, Salmon Run, donde los jugadores se alían para superar niveles combatiendo contra la CPU. Aunque de prioridad secundaria dada la propuesta del juego, la campaña también se ha mantenido y ampliado, con muchos desafíos de naturaleza plataformera y un gran repertorio de jefes. Por desgracia, los periódicos festivales Splatfest ya han llegado a su fin, pero como contrapartida, la experiencia monojugador se puede extender gracias a Octo Expansion, una campaña incluso más grande que la incluida de inicio. Splatoon 2 quizá sea más de lo mismo, pero también es consistentemente mejor.

13. Mario+Rabbids Kingdom Battle

Parece que fue ayer cuando la imagen filtrada de un Rabbid disfrazado de Peach haciendo un selfie generó bastantes dudas e hizo saltar también unas cuantas alarmas. Pero el crossover era real, y tras su demostración en el E3 se acabó revelando como uno de los platos fuertes del primer año de Switch. Creado por Ubisoft en su estudio de Milán, Kingdom Battle no solo fusionó mediante gran destreza artística y toneladas de humor el universo de Mario con el de los histriónicos conejos franceses, también supo usar el renovado Reino Champiñón como telón de fondo para un juego que descartó la ruta más predecible del plataformeo y propuso estrategia por turnos con claras reminiscencias de la saga XCOM.

Saber anticiparse a movimientos del enemigo, usar las coberturas disponibles o propulsar a unos personajes con la ayuda de otros son acciones que pronto interiorizamos para progresar por un título con curva de dificultad suave, pero de ascensión constante. El desarrollo, si bien sencillo, está repleto de momentos memorables; y los ocho protagonistas, aunque un número reducido de unidades en comparación con otros exponentes del género, ofrecen mucha personalización mediante las armas y sus propios árboles de habilidades. Kingdom Battle es una aventura táctica accesible, pero con suficiente profundidad y variedad para no decaer con el paso de las horas ni limitar su atractivo a la insólita combinación de mundos. Y una vez terminada, el que quede con ganas de más también tiene disponible el fenomenal Donkey Kong Adventure, expansión de empaque donde el universo del gorila recibe su propia visita y reinvención.

12. Super Mario Maker 2

Seguimos subiendo —o bajando, según se mire— con un título que tiene en común con Kingdom Battle la presencia de Mario y con Splatoon 2 ser secuela de uno de los grandes pelotazos de Wii U. El primer Maker estaba hecho más a la medida de la consola que prácticamente cualquier otro juego, tanto por el uso de su mando con pantalla y lápiz para diseñar niveles como de Miiverse como plataforma social para compartirlos y evaluarlos. En ese sentido, Switch partía con una clara desventaja de inicio, especialmente en modo dock. Pero Nintendo se esforzó por contrarrestarla nutriendo con más y mejor contenido tanto la faceta de juego —con un completo modo historia orientado a desplegar las mecánicas nuevas y las viejas a lo largo de un centenar de niveles— como, por supuesto, la creativa.

Los cuatro estilos clásicos de Bros, Bros 3, World y New se han beneficiado de muchos añadidos como varios ambientes nuevos (desierto, nevado, forestal...), más tipos de enemigos, power-ups, elementos plataformeros e incluso versiones nocturnas con efectos extra como gravedad baja o la oscuridad parcial de la pantalla. A ellos también se unió por primera vez uno basado en 3D World, que por razones obvias se limita al scroll lateral, pero ofrece una miríada de componentes exclusivos como las tuberías transparentes, el coche Koopa, el martillo o, cómo no, el traje de Mario Felino. Además, desde su lanzamiento el juego ha sido actualizado de forma gratuita con todavía más posibilidades, entre las que destaca el ansiado World Maker, que por fin permite agrupar los niveles en mapas creados por los jugadores e incluso compartir juegos completos al encadenar varios mundos.

11. Paper Mario: The Origami King

El fontanero repite, y no por última vez en la lista, aunque sí con uno de sus juegos más creativos e hilarantes aun tras décadas de aventuras. The Origami King llegó por sorpresa —al empezar el año ni sabíamos que estaba en desarrollo— y con el hándicap de no suponer el regreso total al Paper Mario rolero de Nintendo 64 y GameCube que tantos fans reclamaban, pero eso no le ha impedido colarse entre los destacados de Switch por méritos propios. El sistema de combate, sin puntos de experiencia y con vestigios de los ataques consumibles de Color Splash, se ha replanteado en clave de puzles donde antes de cada turno debemos rotar el suelo para alinear correctamente a los enemigos y así incrementar el daño al atacar.

Los jefes, en cambio, ocupan nuestra posición y reconvierten el ejercicio en un trazado de rutas hacia ellos con nuevas y más exigentes variables a cada paso. Son el punto álgido de un título que por lo demás vuelve a encandilar con un apartado audiovisual exquisito y un despliegue cómico constante, al nivel de lo mejor escrito por Intelligent Systems. Si bien su mundo está interconectado, la búsqueda de unas serpentinas mágicas fragmentan el desarrollo en cinco grandes bloques que gozan de diferentes ambientaciones, personajes e incluso mecánicas, con lugar para homenajes a otras sagas, números de baile, combates contra algunos jefes en tiempo real, minijuegos y muchas otras sorpresas. Quizá no sea el Paper Mario más profundo, pero definitivamente sí es uno de los más divertidos y variados.

10. Astral Chain

Más de un año después de confirmar el desarrollo de Bayonetta 3 —y sin mostrar ninguna imagen del juego entre medias— Platinum Games sorprendió con el anuncio de Astral Chain, otra colaboración con Nintendo que, al igual que The Origami King, surgió de la nada a pocos meses de su lanzamiento. Esta aparición tan repentina, unida a la elección de un director novel —aunque con experiencia en títulos previos de la compañía— hizo que algunos temiesen un producto rápido para llenar calendario entre lanzamientos más potentes. Pero nada más lejos de la realidad: Astral Chain es puro Platinum desde las cotas de calidad que alcanza hasta su capacidad para capitalizar en aspectos recurrentes como el frenesí de los combates de Bayonetta, la puesta en escena y la mayor exploración de NieR: Automata o el gusto por la experimentación con mecánicas algo atípicas de The Wonderful 101.

En el papel de uno de dos hermanos protagonistas, nuestra misión es asistir al cuerpo policial en medio de una cada vez más frecuente y peligrosa invasión de criaturas llegadas desde una dimensión paralela conocida como Plano Astral. Esto permite fragmentar en el desarrollo en una serie de misiones donde unas veces podemos explorar zonas urbanas a nuestro ritmo, ayudando a ciudadanos en tareas secundarias, y otras en las que el argumento establece un objetivo prioritario y nos encarrila hacia él. También sirve para introducir a las legiones, criaturas del otro plano domadas para pelear en tándem y añadir al repertorio habilidades como encadenar enemigos, dar grandes tajos, disparar flechas o rastrear objetivos fuera del combate. El control simultáneo sobre dos personajes requiere práctica, pero una vez dominado permite hacer virguerías y sumergirse en una historia con su buena ración de giros.

9. The Legend of Zelda: Link's Awakening

Como buen remake, Link's Awakening no es un juego del todo nuevo, pero sí una de las mejores adquisiciones que cualquier usuario de Switch puede hacer aún hoy, en pleno 2020. Esto se debe, por un lado, al excelente trabajo de Grezzo modernizando este clásico de Game Boy, reconstruido por completo en un nuevo entorno tridimensional con aspecto de juguete que le otorga cierta cualidad plástica, pero a la vez tangible. Aunque el diseño es en todo momento fiel al original, preservando cada palmo de la Isla Koholint, todos los puzles de las mazmorras o la selección de objetos y enemigos, en Switch se ve beneficiado por un campo de visión mayor en mundo abierto, diversas mejoras de interfaz, más accesos directos a ítems para interrumpir menos la acción y tareas secundarias renovadas con algo más de sustancia.

Por otro lado, su éxito actual también se debe a unas virtudes que ya estaban en 1993, pero que ahora vuelven a brillar bajo la nueva remodelación. Link's Awakening data de un contexto donde la saga ya había encontrado su forma actual, con mazmorras temáticas, puzles ingeniosos —en términos de acertijos o simple navegación— y un repertorio de secundarios con importancia creciente. Pero todavía no tenía grandes pretensiones narrativas, así que más allá de una premisa original, con cierta intriga y un desenlace memorable, el juego prioriza un ritmo ligero, agolpando en el transcurso de relativamente pocas horas montones de ideas y encuentros en uno de los mapas más densos y mejor conectados. Su restricción y humildad lo hacen, irónicamente, más grande que nunca. Una aventura de ensueño.

8. Fire Emblem: Three Houses

¿Era este el juego de las «waifus»? Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que la continuidad de Fire Emblem corría peligro. Pero entonces llegó Awakening y revitalizó la saga, empujándola hacia las líneas frontales de Nintendo de una forma que ahora resulta cómica por contraste con su situación anterior (secuelas, remakes, musous, juegos de móviles, recurrencia en Smash Bros). Sin embargo, para el desembarco en Switch, Intelligent Systems se puso unas pilas con voltaje más alto que las de Game Freak y decidió renovar la propuesta tanto para hacer valer el salto tecnológico desde 3DS como para evitar el desgaste de la fórmula. Three Houses marca ciertas distancias respecto a los conflictos más tradicionales y las procreaciones más recientes para ofrecer rol táctico de primer nivel con algunas sorpresas por el camino.

Tomando algunas notas de Persona, las Casas que le dan nombre introducen una faceta social y cotidiana en el monasterio donde impartimos clases y empezamos tanto a conocer como a desarrollar los personajes principales antes de salir al campo de batalla. Esto da pie a un tono más ligero de inicio, pero también a una mejor construcción jugable y narrativa de cada unidad, algo útil para tomar decisiones fundadas y hacer más significativo el drama cuando surja de forma predefinida u orgánica —sobre todo si nos animamos con las muertes permanentes—. En combate, el uso de batallones de acompañamiento también sirve para elevar el espectáculo para la nueva generación y, aunque tiende hacia el lado fácil de las cosas —al menos en el contexto de Fire Emblem—, la cantidad de variables, la personalización y las rutas de las tres Casas lo convierten en un título profundo y rejugable.

7. Mario Kart 8 Deluxe

Mario Kart 8 Deluxe es, como su nombre indica, una versión revisada del juego creado para Wii U hace más de un lustro, lo que tiene su parte positiva y su parte negativa. Lo malo es que siendo saga de juegos generacionales, esto significa que Switch —o mejor dicho, los usuarios de la consola que también tuvieran Wii U— se quedan sin estrenar un Mario Kart 9 de pleno derecho. Lo bueno, que puestos a repetir, MK8 alcanza un nivel de calidad tan alto en el control, el diseño de circuitos —la antigravedad tarda en perder impacto— o la faceta audiovisual que cuesta imaginar cómo hacer algo mejor en este hardware sin que la respuesta pase por marcase un Ultimate y simplemente añadir más circuitos, corredores o recuperar el modo misiones de MK DS. Que oye, ya puestos...

Centrándonos en la edición actual, agrupa tanto el juego base como el contenido post -lanzamiento, lo que incluye algunos de los mejores circuitos de la saga —como los ambientados en el universo F-Zero—, corredores invitados como Link y Canela o el frenético modo de 200cc. Por su parte, Deluxe no amplía la ya considerable cifra de 48 circuitos, pero sí suma nuevos pilotos como Bowsy o los Inklings de Splatoon, más piezas para ensamblar vehículos personalizados, pule el sistema de derrapes y turbos, permite llevar dos objetos y, sobre todo, remodela el modo batalla, faceta floja en Wii U que ahora se ve reforzada por nuevos escenarios, nuevos modos e ítems extra como Boo o la pluma. No es Mario Kart 9, pero deja un listón todavía más alto para el día en el que aparezca una secuela con intención de superarlo.

6. Luigi's Mansion 3

Tras el estreno del original, el regreso de la saga se pospuso durante más de una década, pero en cuanto Luigi's Mansion 2 aterrizó en 3DS, pocos tuvieron dudas de que Next Level Games era el estudio ideal para retomarla. Los canadienses no solo tenían experiencia previa con el universo de Mario y su hermano —suya fue la serie futbolera Mario Strikers—, también habían demostrado un extremo buen hacer con las animaciones del excelente Punch-Out!! para Wii, trayectoria que ahora culmina en este juego. Porque Luigi's Mansion 3, más que cualquier otro exponente de la lista, se ve y se mueve casi como una película de animación, algo que más allá de su valor estético sirve para insuflar vida en un mundo táctil, donde prácticamente cada objeto en pantalla es interactivo y reacciona a Luigi tanto como Luigi reacciona a él.

Sobre esta base, Next Level construye docenas y docenas de puzles contextuales que no se basan simplemente en la adquisición y uso de nuevos periféricos para la popular aspiradora cazafantasmas de la saga, sino en la constante reevaluación de sus funciones en el marco de los pisos temáticos del gigantesco hotel que nos toca explorar. Sea propulsando un pato hinchable por un sótano inundado, manipulando la arena en una suite egipcia —ejemplar uso de físicas— o aspirando las plantas sobredimensionadas de un vivero para usarlas como lianas, el juego es un constante ejercicio de lógica aderezado por un combate bien medido —que también introduce sus propias mecánicas gracias al nuevo desatascador— y mucho, mucho humor. Aunque no escala demasiado en dificultad ni sacude mucho las cosas con su estructura, la soberbia puesta en escena, la ingente variedad de localizaciones y la genial selección de jefes lo convierten en un imprescindible de la consola.

5. Xenoblade Chronicles 2

Ah, no. El de las «waifus» era éste. A su llegada a Occidente durante 2011, el primer Xenoblade consiguió la clase de consenso que es difícil de ver en un JRPG, particularmente uno no perteneciente a esos cuatro nombres grandes cuya calidad se da por sentado y sus carencias son más fáciles de perdonar. Sin embargo, ni Xenoblade X ni Xenoblade 2 fueron aclamados de una forma tan universal. Algo que por un lado tiene origen en la práctica imposibilidad de que Monolith Soft sorprenda del mismo modo dos veces; y por otro, en decisiones como el enfoque más exploratorio y menos argumental del juego de Wii U o el exceso de micro-gestión de personajes —cuya obtención, además, depende del factor azar— acompañado por una sensibilidad más erótico-festiva en algunos diseños y secuencias de esta última entrega.

Pero, divisivo como puede llegar a ser incluso entre fans de la saga, lo cierto es que Xenoblade 2 también preserva —y en no pocos casos amplía— las virtudes del original: los escenarios, ahora repartidos por enormes titanes que flotan sobre un mar de nubes, se extienden hacia el horizonte y tienden a ser más densos en contenido; el plantel de personajes también es más amplio y tiene incluso más tiempo para desarrollarse; la escenografía y la banda sonora ponen un listón que los demás juegos de Switch miran desde abajo; y el combate con Blades, aunque tarda bastantes horas en mostrar su potencial, permite montones de combinaciones y mecánicas avanzadas para seguir exprimiéndolo contra jefazos mucho después de ver los créditos. Y luego, por si no fuese suficiente, la expansión Torna reformula las peleas en una precuela que añade gravitas a varios personajes del juego principal. Eso sí, si puedes jugarlo en dock, mejor deja el modo portátil para partidas esporádicas.

4. Animal Crossing: New Horizons

Aunque Animal Crossing parecía haberse convertido en una saga de aparición inevitable en todas las consolas de Nintendo de GameCube en adelante, la ausencia en Wii U —al menos en su forma tradicional— y los años transcurridos desde el portátil New Leaf convirtieron el anuncio de la entrega de Switch en uno de los más codiciados de la consola. Previsto inicialmente para 2019, New Horizons no se resistió a dejar a los fans con la miel en los labios una vez más y se movió al año presente, donde su inintencionada —suponemos— alineación con la pandemia global lo ha convertido en un fenómeno imposible de replicar: justo cuando millones de personas no podían salir de casa, Animal Crossing les ofreció toda una isla para pasear, hacer reformas e interactuar con vecinos u otros jugadores a través de internet.

El juego como tal se podría catalogar de secuela continuista, ya que recupera la mayoría de elementos introducidos por entregas previas. La premisa parte con una isla desierta, donde acampamos y empezamos a preparar el terreno para la pronta llegada de clásicos como la tienda, el museo o la sastrería, así como nuevos vecinos. Es entonces cuando el título toma un cariz más familiar, pero sigue despuntando entre sus hermanos gracias al mejor acabado gráfico, numerosos refinamientos en la interfaz, el potenciado bricolaje, incentivos diarios de mano de las millas Nook —que recompensan por actividades cotidianas y acumulativas— o la terraformación del pueblo: cambios de altura, ríos, puentes, carreteras, rampas, cataratas... Todo es maleable hasta un punto que incluso puede desquiciar a los más perfeccionistas, aunque eso es también lo que le ayuda a convertirse en un juego casi eterno.

3. Super Smash Bros. Ultimate

Donde Mario Kart 8 pulió y reempaquetó un contenido brillante, Smash Bros miró hacia atrás, recuperó todos aquellos personajes que habían quedado por el camino y desde entonces los ha acompañado por una selección de nuevas sorpresas o cuentas pendientes (Ridley, King K. Rool, Banjo-Kazooie...) que sigue creciendo mucho después de su lanzamiento. La saga siempre ha sido una celebración de los videojuegos, y en ese sentido nadie tose a Ultimate. Reunir —y mimar— sagas como Castlevania, Dragon Quest, Metal Gear, Persona o Mega Man junto a las muchas, muchas franquicias recurrentes de la propia Nintendo es una gesta que el propio Masahiro Sakurai, su creador, reconoce casi imposible de repetir. Así que si bien el futuro seguramente depare otras alegrías para los fans de Smash Bros, la condición de Ultimate como fanservice definitivo puede acabar extendiéndose bastante en el tiempo.

Es cierto que en el lado jugable de las cosas, hay una mancha que enturbia la experiencia: el online no está a la altura de semejante evento, rindiendo peor que en compañeros como Splatoon 2 o el propio Mario Kart 8, y desluciendo así la faceta competitiva de un título de lucha bien afinado dentro de su visión más plataformera y desenfadada del género. Pero a nivel local o monojugador, la historia cambia gracias al súper personalizable modo Smash, las campañas arcade hechas a la medida de cada personaje, el longevo modo aventura con varios mapas para recorrer —y algunos jefes conocidos que derrotar— o los cientos y cientos de desafíos que ofrece una selección de espíritus en constante crecimiento. Eso sin olvidar otros añadidos post-lanzamiento como el editor de escenarios o el regreso de béisbol Smash. Los números (+70 personajes, +100 escenarios, +900 melodías) marean, pero la calidad casi siempre se hace notar en los pequeños detalles.

2. Super Mario Odyssey

Una curiosidad: aunque no siempre de protagonista, Mario aparece en 6 de los 15 juegos de esta lista. Con semejante dato sería fácil asumir que el fontanero puede acabar cansando al personal, pero, lejos de ser el caso, Odyssey se ha distancia de todos —salvo el venidero primer puesto— porque supone el regreso por la puerta grande del «collectathon», el subgénero plataformero del que fue abanderado durante la transición a las tres dimensiones. Porque la nueva aventura es eso, un juego para explorar tanto como saltar, con niveles amplios y abiertos que ofrecen infinidad de objetivos simultáneos, alcanzables en diferente orden y de diferente forma gracias a un también extenso abanico de acciones incluidas tanto en el repertorio básico de Mario como adquiribles de forma contextual.

Esta versatilidad se construye usando a su co-protagonista, el sombrero Cappy, que en condiciones normales sirve como trampolín o bumerán, pero que al capturar a un enemigo, animal o incluso objeto permite a Mario usar su cuerpo y beneficiarse de sus habilidades exclusivas. Es un concepto más propio de Banjo-Kazooie con sus transformaciones, pero que Odyssey eleva a la enésima potencia al multiplicar el número de especies (ranas, peces, pulpos voladores, gusanos-acordeón, un T-Rex...) y hacer del proceso de entrar o salir de ellos algo inmediato, cuajando así un desarrollo tremendamente variado donde la exploración y la experimentación con nuevas mecánicas se entrelazan en un ritmo impecable, marcado por el jugador. Y luego, claro, está la excelente destreza en el plano audiovisual de la que siempre hace gala el estudio de los Marios 3D, esta vez puesta al servicio de un viaje literal a través del mundo para conocer nuevos reinos, nuevas razas y también vestir nuevas indumentarias a juego. La palabra «odisea» fue bien elegida.

1. The Legend of Zelda: Breath of the Wild

Lo sabíais. ¿O no lo sabíais? Técnicamente no es exclusivo de Switch, pero como pertenece a la familia Nintendo, no se puede jugar en otra plataforma actual y su lanzamiento fue simultáneo, nos hemos permitido incluirlo. Si a alguien no le convence, que trate a Mario Odyssey como el mejor exclusivo y listo, ya que ambos escaparon juntos del resto del grupo —aunque Link, a su vez, también sacó una distancia considerable al fontanero viajero—.

Yendo al lío, ¿qué decir que no se haya dicho ya sobre Breath of the Wild una y otra vez desde su estreno junto a la propia consola? Como entrega de una saga tan aclamada como Zelda, se podría pensar que su popularidad reside en la nostalgia, la familiaridad con una fórmula que vuelve de forma periódica y para reconfortar a sus fans. Pero no hace falta jugar mucho para ver que no van por ahí los tiros. Si acaso, esta entrega existe justo para hacernos salir de la zona de confort. El confort creado por los tutoriales que llevan durante horas de la mano, por la espada que empuñas durante toda la aventura sin pensar en alternativas, por los ítems que resuelven media docena de puzles antes de volver al inventario a coger polvo, por los mapas y las brújulas que nos guían como migas de pan hacia el siguiente punto de control de la historia.

Breath of the Wild es un juego de mundo abierto, pero también un juego donde usar el término «sandbox» resulta más apropiado que nunca aunque no tenga coches o mafiosos merodeando. Su concepción de la famosa caja de arena es una más certera, ya que dispone un terreno sin muros insalvables, pero accidentado y condicionado por la meteorología, donde el jugador se sienta con una serie de herramientas —escalada, paravela, recetas, ítems con propiedades físicas como magnetismo, congelamiento o paralización— para crear su propia aventura. Y sí, Link es mudo. Y al final salvamos a la princesa. O casi al principio, si nos da por ello y somos capaces. Pero Breath of the Wild no está en lo alto por ser Zelda, sino por ser Breath of the Wild.