
Saber perder a lo grande es la antesala de la victoria. La Selección asfixió a Australia con su defensa y luego en las prórrogas mostró más temple.
España está semifinales, una hazaña, créanlo. Porque la historia del Mundial nos dejaba una reiteración de quintos puestos, pero entre los cuatro primeros... solo dos veces.
La fuerza del grupo le dio a España una victoria memorable. La defensa, con un Rudy sublime y un Claver antológico, absolutamente decisivos en lo suyo, hizo volar al equipo.
La Selección no vuela como antes ni es un prodigio del baloncesto de ataque. Ahora juega sus cartas y es astuta. Había que competir y... ganó. Djordjevic ya lo sabía.
La brecha entre las selecciones habituales y las que se han colado por la gatera de la ampliación a 32 desluce esta primera fase. Solo cabe mejorar, como le pasa a España.
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