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¿El breakdance es deporte?

Los gestores olímpicos tienen la tendencia, acentuada en los últimos de tiempos, de abrazarse al público joven, a los nuevos mercados, a los deportes emergentes... No viene sólo de ahora. El COI incluyó el snowboard en los Juegos de Invierno de Nagano 1998 y su primer campeón olímpico, Ross Rebagliati, dio positivo con cannabis. Son cosas que ocurren cuando se actúa con precipitación. Esa tendencia ha abierto hueco al BMX, a la escalada, al surf, al skateboard... Estos tres últimos fueron incluidos en Tokio 2020 como deportes invitados, junto a otros dos ligados con la tradición japonesa: el béisbol y el kárate. El comité organizador de París 2024 ha suprimido de nuevo a estos dos y, entre las propuestas de 19 federaciones, se ha decantado por ¡el breakdance! Un baile de la calle convertido en deporte olímpico.

La intención de “conectar con una cultura urbana y joven” se ha llevado al extremo. La Federación de Baile Deportivo está reconocida, aunque su presidente, Luis Vañó, sabe que el principal obstáculo es que “el baile aún no es visto socialmente como un deporte”. El breakdance ni siquiera tiene estructura en España. La decisión parece una extravagancia que a muchos les ha sonado a chufla. Y más cuando en la selección se han descartado otros deportes con mayor recorrido. La exclusión del kárate, una disciplina centenaria, ha sido un palo tremendo para la España de Sandra Sánchez y Damián Quintero. Su vida olímpica será fugaz. La estrategia del COI de captar a la juventud es comprensible, hay que adelantarse al futuro, pero quizá se esté corriendo demasiado. O tal vez sea el momento de redefinir qué es deporte.

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